Ángel Sanz-Briz: El Ángel de Budapest que salvó a 5000 judíos

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En una reciente entrevista, la hija del diplomático Ángel Sanz-Briz relata la vida de su padre, quien logró salvar a más de 5.000 judíos en Hungría durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial

Quien desee conocer más acerca de la vida de Ángel Sanz-Briz tiene a su disposición varios documentales y libros. También una película para televisión: ‘El ángel de Budapest’, que relata de manera fidedigna la historia del diplomático español. Un hombre que utilizó todos los medios a su alcance para salvar el mayor número de vidas posible. Una auténtica hazaña y un orgullo para sus familiares. Su hija, Ángela Sanz-Briz, se desplazaba por primera vez a Ceuta para participar en una charla en la que la Fundación Premio Convivencia ha colaborado con la Comunidad Israelita de la ciudad autónoma. Un relato cargado de emoción sobre un episodio extraordinario.

Antes de esa charla, Ángela Sanz-Briz atiende a este medio para contar cómo su padre, quien con sólo 34 años se hizo cargo de la legación española en Budapest (Hungría), consiguió salvar a más de 5.000 personas durante el Holocausto. Cuando el diplomático llegó a ese país, la persecución a los judíos todavía no había comenzado. “Hungría era aliada de Hitler pero no antisemita y aún no se habían puesto en marcha acciones, como sí había ocurrido en otros lugares”.

Él ya creía que había que ayudar a los que estaban en un peligro espantoso. Desde Madrid no le contestaron ni que sí ni que no, así que él tomó la callada por respuesta y decidió actuar

Todo eso cambió en el año 1944, fecha de la invasión del país húngaro. “Pusieron un gobierno títere y, con ello, empezó la llamada Solución Final”. Fue ahí cuando Adolf Eichman se hizo cargo, personalmente, de la deportación masiva de judíos húngaros al campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). La idea era que todo se desarrollara lo más rápido posible, y fue en ese momento cuando a Sanz-Briz le empezaron a llegar relatos del horror. También una información muy detallada sobre cómo era un campo de concentración explicado por personas que habían logrado escapar del horror nazi.

Sanz-Briz decidió entonces comenzar a remitir periódicamente al Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid los datos que le iban llegando de lo que estaba sucediendo. “Mi padre era muy disciplinado y metódico y empezó a pedir instrucciones sobre cómo tenía que actuar. Él ya creía que había que ayudar a los que estaban en un peligro espantoso. Desde Madrid no le contestaron ni que sí ni que no, así que él tomó la callada por respuesta y decidió actuar”, asegura su hija.

El método escogido fue un derogado Real Decreto de 1924 promulgado por Primo de Rivera que le sirvió a Sanz-Briz como excusa para cimentar su hazaña. Esa antigua ley daba la nacionalidad española a todos los judíos sefardíes. “La ley ya no estaba en vigor pero en Hungría no se sabía. Tampoco había judíos sefardíes en aquel país”, señala su hija, quien reconoce también que a los propósitos de su padre le resultaron muy útiles las buenas relaciones entre España y Alemania. “Hitler había ayudado a ganar la Guerra Civil y mi padre usó la fuerza que tenía España, a pesar del desagrado que le provocaban los nazis”.

De esta forma, al diplomático le dieron permiso para entregar 200 salvoconductos, pasaportes o visados. “Eso él lo convirtió en 5.000 en base a no usar un número mayor de 200 en ningún documento y empezar a usar las letras del alfabeto”. Además, “usaba los salvoconductos para familias. Fue muy inteligente pero también era muy valiente y muy buena persona. Él creía que era su deber”, subraya su hija. En su propósito se unió la inestimable colaboración de trabajadores de la embajada. “Mi padre contaba con una secretaria muy eficaz y también le ayudaron un abogado y un italiano”.

Pero el zaragozano no solo se limitó a ofrecer cartas de protección, sino que alquiló siete edificios. “No bastaba con darles un papel porque se lo podían romper, había que protegerlos de verdad. Por ello puso la bandera española en siete edificios que alquiló y ahí los metió como sardinas en lata”.

Una gesta en la que se puso en serio peligro mientras preparaba su huida de Hungría ante la cada vez más inminente llegada de las tropas soviéticas en el país. A pesar de ello, Sanz-Briz consiguió llegar a España, país en el que, previamente, había enviado a su familia para tratar de protegerla de lo que ocurría. “Cuando empezó el peligro, mi padre cogió a mis hermanas y a mi madre, se cruzó Europa en guerra y las dejó en la frontera de España en manos de mi abuelo, quien era de Santander”.

La humanidad, valentía e inteligencia de Sanz-Briz no fue, sin embargo, reconocida hasta mucho después de que finalizara el conflicto. “Los judíos sí lo sabían y en 1966 le concedieron el título de Justo entre las Naciones, el más importante otorgado a un no judío en la ‘Shoah’. Él pidió permiso para recogerlo pero su gobierno le dijo que no convenía. Mi padre no se lo contó a nadie, ni siquiera a nosotros”, afirma su hija.

Sanz-Briz no vivió lo suficiente para disfrutar de todos los reconocimientos que su encomiable labor mereció. La distinción de Justo entre las Naciones, finalmente concedida a finales de los años 80, fue solo el inicio de una infinidad de homenajes. “Muchos de los que salvó mi padre han contactado con nosotros. En cualquier lugar del mundo hay un judío que conoce la historia de mi padre”.

Fuente: El pueblo de Ceuta

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