El clarín de la conciencia

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Martin Luther King escribía en esta preciosa obra:

Quiero despedirme de vosotros diciendo que todavía alimento un sueño muy hermoso, porque sabed que en esta vida uno no puede rendirse tan fácilmente…

Tal vez sean estas las palabras más conocidas de Martin Luther King. Una persona que hoy en día es aplaudida y admirada por todos, un hombre que recogiendo testigos anteriores y aportando toda su vida, fue capaz de cambiar el mundo.

Pero hoy, ¿Qué queda de todo aquello? Hoy los hombres seguimos solventando nuestras diferencias de opinión mediante guerras, una tercera guerra mundial a plazos, así definía el Papa Francisco nuestro tiempo. Fabricamos leyes con sentido totalitario para favorecer grupos de poder que a su vez financian a los que mandan. Acumulamos riquezas a base de explotar o esclavizar al prójimo, y es que nos han hecho creer que sólo el dinero y el poder resuelven los problemas humanos. Pero no van los poderosos a querer enfrentarse a esos problemas nunca. Solo la presión moral liberalizadora, la no violencia activa que representó Luther King, obligará a los hombres a respetar a los hombres.

La época en que vivimos exige soluciones auténticas, no falsas. Es un momento en que debemos colocar nuestra propia vida en primera línea de fuego. Todo aquel que tenga sentimientos humanos ha de decidirse a protestar; pero hemos de protestar todos unidos.

Los pobres de todas las razas viven en una sociedad injusta y cruel. Deben organizar una revolución contra esta injusticia; no contra las vidas de las personas que son sus hermanos, sino contra las estructuras que dominan esta sociedad.

Y todos nosotros somos responsables de lo que promuevan y ejecuten los que mandan, con nuestro silencio cómplice y nuestra inacción. “La no-violencia es mucho más que una actitud pasiva o un pacifismo contemplativo; la no-violencia es un auténtico compromiso de actuación“.

¿Cómo es posible no sentirse deprimido al contemplar con vuestros propios ojos la evidencia de que millones de personas se acuestan sin haber comido?

Aceptar pasivamente un sistema injusto es cooperar con él, nuestra apatía maltrata a muchos hermanos en distintas partes del mundo. Lo decía el escritor Camilo José Cela, lo contrario de la misericordia no es la crueldad sino la indiferencia.

Éste es el momento,”No tengáis miedo

No quiero huir del castigo que me impongáis por haber roto vuestras leyes; estoy dispuesto a soportar vuestros castigos, pero esta sociedad no podrá perdurar si continúa basando toda su fuerza en la injusticia y en la cooperación de una minoría.

Teniendo claro que todos somos culpables de lo que pasa, todos debemos participar en la solución, “Cristo me ha dado el espíritu y Gandhi el método“, repetía a quienes criticaban que un sacerdote como él encabezase manifestaciones populares.

En este tiempo en el que resurgen aprovechados populistas o nostálgicos de regímenes totalitarios, donde los extremos de todo color vuelven a ondear y ganan votos en nuestra Europa, está claro que el pueblo ha olvidado sus orígenes, su historia. Y así es que nos tienen anestesiados con el olor a nuevo; nuevos tiempos, nuevos hombres, mientras que este nuevo imperialismo totalitario coge fuerza apoyado en el control de las empresas transnacionales, con la implantación de nuevas leyes que niegan a Dios y al hombre y con la guerra, la misma de siempre: la de los poderosos contra los humildes.

Resulta muy triste comprobar que por culpa de la comodidad, de las satisfacciones y del miedo… de nuestra tendencia a encajar la injusticia…mucha gente llegue a creer que el único movimiento que posee un espíritu revolucionario auténtico es el marxismo. Si no actuamos, es seguro que nos perderemos por los largos y oscuros pasillos reservados a aquellos que tienen poder pero carecen de compasión, que tienen fuerza pero carecen de moral, que tienen valor pero carecen de vista.

Es indispensable conocer la vida y obras de personas como Martin Luther King, Gandhi, Iqbal Masih, Julián Gómez del Castillo (al que en estas fechas se rinde homenaje), hay que prestar atención a quienes con su valentía y amor, fueron capaces de cambiar la historia de la humanidad, una historia reciente en muchos casos. Sobrecoge pensar que hace apenas medio siglo, un ciudadano por el mero hecho de ser negro, no podía casarse o compartir un transporte público con otro de otra raza.

Hoy cínicamente decimos que no se puede hacer nada ante los graves problemas que nos aquejan, pues él lo hizo, gastó su vida en ello, luchó hasta la muerte, pero no lo hizo solo, lo hizo de forma asociada, haciéndose uno con los últimos, luchando por la justicia, no solo por lo que le afectaba en primer plano, sino por la justicia en general, hasta conseguir cambiar el mundo. Sus palabras son esperanza para toda la humanidad.

La conciencia de un militante recién convertido no puede quedar satisfecha con el mero arreglo de problemas locales. Yo he luchado demasiado a fondo contra la segregación para acabar, ahora, segregando mi responsabilidad moral, la justicia es indivisible. Sería absurdo concentrar toda mi lucha en favor de la integración racial en las escuelas, sin preocuparme por la supervivencia del mundo al que nos hemos de integrar.

Álvaro M.

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