El negocio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

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Los propios organismos de Naciones Unidas reconocen el fracaso de los Objetivos del Milenio descalificándolos como imposiciones de los países enriquecidos a los empobrecidos.

Los informes del PNUD han constatado la mentira de las promesas presentando los hechos: África subsahariana podría alcanzar la meta de reducir la mortalidad infantil en dos tercios después del 2165. En cuanto al hambre, en este momento no es posible establecer una fecha ya que la situación sigue empeorando. En concreto, 54 países registran niveles de pobreza superior a los de 1990, en 21 de ellos ha aumentado incluso el porcentaje de personas hambrientas y en 14 países hay también más niños que mueren antes de cumplir cinco años. 18 países, en los que viven 460 millones de personas, tienen un nivel de desarrollo humano inferior al que tenían en 1990.

Pues bien tras este balance escandaloso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), la ONU ha lanzado una nueva estrategia para “aunar esfuerzos” con el fin de reducir (que no acabar) con el hambre y la miseria: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluidos en la Agenda del Desarrollo Post 2015, recientemente aprobados en la Cumbre para el Desarrollo Sostenible.

Se estima que para alcanzar los ODS serán necesarios más de 11.500 millones de dólares anuales hasta 2030. Ante la reducción de las contribuciones económicas de los Gobiernos, la ONU se ha vuelto descaradamente a las empresas para conseguir financiación, impulsando el Pacto Mundial (Global Compact). Las posibilidades de negocio son evidentes. Más de 8.000 empresas pertenecientes a todos los sectores, que se lucran a costa del hambre y la miseria de la mayoría de la humanidad empobrecida, han manifestado ya su adhesión. Ellas serán la principal fuente de financiación de los objetivos y metas aprobados y, no lo olvidemos, “quien paga, manda”. El propio Ban Ki Moon, en un encuentro con dichas corporaciones durante la Cumbre, les instaba a contemplar las posibilidades de negocio en un mercado global. Pero el tigre nunca será vegetariano: con el aval “filantrópico” de la ONU, bajo el disfraz de la Responsabilidad Social Corporativa y la mentira de la “cooperación”, la “ayuda” a los países empobrecidos y la sostenibilidad medioambiental; multinacionales y entidades financieras seguirán robando y asesinando impunemente a los empobrecidos.

Ni la ONU ni los recién aprobados ODS pretenden acabar eficazmente con el hambre y la miseria de la mayoría de la humanidad, a pesar de que hoy disponemos de recursos suficientes y de los medios necesarios para que esto sea posible. Si el objetivo declarado es el desarrollo humano y el medio propuesto invertir en las necesidades básicas de las personas, el objetivo real de los ODS será (como así ocurrió con los Objetivos de Desarrollo del Milenio) reducir la población mundial, bajo el supuesto canalla de que, si somos menos, tocaremos a más. Y el instrumento fundamental de esta canallada seguirá siendo la inversión en aborto y esterilizaciones masivas, verdadero significado de la expresión “salud sexual y reproductiva”. El robo sistemático mediante mecanismos financieros y comerciales continuará.

Editorial de la revista Autogestión

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