Las tecnologías de guerra son un negocio de ida y vuelta

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Estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo tipo de armas, armas formadas por cadenas de sistemas de doble uso

El problema, para detectar esta industria, es la dificultad de análisis y control, porque en este juego del dominó militar, todas las piezas parecen banales, cada una tomada individualmente. No es fácil controlar el comercio de artefactos de doble uso. Pero cuando alguien conecta las piezas, nos encontramos directamente en un nuevo escenario con máquinas que espían, filtran, proponen que hay que matar y finalmente matan.

Los negocios de armas se extienden por todo el mundo. Y diversifican su oferta en materiales civiles, mostrando su lado amable, y financiando la posibilidad de fabricar nuevas armas y tecnologías de doble uso.

Un ejemplo claro en la actualidad son los drones, usados como espías o como transportadores de bombas en los ejércitos. Pero no son, ni mucho menos los únicos. Los sistemas infrarrojos de detección, la microelectrónica usada para trabajar en puntos extremos de temperatura, o la búsqueda de productos químicos de alta resistencia, bien usados en tejidos o embalajes, etc…

Rusia conoce la experiencia de EEUU y de otros países Europeos, donde la tecnología militar se ha empleado para hacer negocio a un lado y otro de las trincheras y vallas.

La industria bélica rusa se diversifica y trata de abrirse camino en el sector civil evitando repetir la experiencia de fines de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado. En aquellos primeros programas de “conversión” dictados por los acuerdos de desarme con EE UU, sofisticadas fábricas de armamento se pusieron a producir cacerolas y palas de titanio…

Rusia quiere desarrollar (y rentabilizar) las aplicaciones civiles de las tecnologías militares, pero no aspira a recortar la industria bélica, que goza de buena demanda. En 2016, Rusia vendió armas por 15.000 millones de dólares (unos 13.000 millones de euros), de los cuales 13.100 millones se deben a la producción de la empresa Rosoboronexport, según Serguéi Chémizov, director del gigantesco consorcio estatal Rostec, en el que se integra esa firma.

Espoleada por las sanciones occidentales, Rusia ha elaborado planes para reemplazar importaciones (tecnología incluida) con producción propia. En la ciudad de Nizhni Taguil, en el corazón los Urales, está Uralvagonzavod (UVZ), la mayor fábrica de tanques del país y una de las mayores del mundo.

Los negocios de armas se extienden por todo el mundo. Y diversifican su oferta en materiales civiles, mostrando su lado amable, y financiando la posibilidad de fabricar nuevas armas y tecnologías de doble uso.

La Realpolitik o la política (economía) basada en intereses prácticos y acciones concretas, sin atender a la filosofía o a la moral, se impone una vez más.

Autor: Luis Antúnez

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