No estallamos por desconocimiento de la situación

1969

España, de facto, está intervenida, desde luego no al estilo de Grecia, Portugal o Irlanda que como ficha de dominó no tienen fuerza de provocar la caída de la siguiente ficha. España e Italia se llevan por delante el sistema euro y todo bicho financiero a millas de distancia. ¿Qué hacer? A disimular toca.

No estallamos porque todavía no somos conscientes de lo que está pasando, se perciben síntomas, pero intuimos, más bien queremos creer, que ya hemos tocado fondo y la cosa no va a ir a más. Sólo con conocimiento real de la situación se puede responder a la amenaza que anda agazapada y toda una caterva de intereses muestran el disimulo de que nada grave puede ocurrir: la situación está controlada. Entonces, como es que casi uno de cada cuatro personas, que van por la calle en edad de trabajar, están en paro. Esto ya no es desconocimiento de la situación está ahí a la vista de todo el mundo, así y todo la gente parece como paralizada por la picada del mosquito del sueño. De cuatro millones de parados, se decía que nunca llegaríamos a cinco y los pasamos en cohete, ahora se tiene a la vista los seis millones. Es insoportable, es del todo necesario mirar sobre la tapia, ese muro impenetrable de la información donde se cuecen las habas.

España, de facto, está intervenida, desde luego no al estilo de Grecia, Portugal o Irlanda que como ficha de dominó no tienen fuerza de provocar la caída de la siguiente ficha. España e Italia se llevan por delante el sistema euro y todo bicho financiero a millas de distancia. ¿Qué hacer? A disimular toca.

Muchos se pueden preguntar qué demonios puede afectar al país que estemos o no intervenidos. Es tanto como estar en suspensión de pagos o concurso de acreedores como lo llaman ahora, la empresa España no puede atender sus compromisos de pagos ya que sus ingresos son inferiores a sus gastos, se podrá decir de otra manera pero la realidad es así. No hay dinero, no hay liquidez para pagar a los que se presentan a cobrar. Lo explico en un símil; en lugar que los administradores de la empresa España presenten los libros de cuentas en el Juzgado con el fin de que se nombre a un interventor judicial que toma las riendas de la actividad mercantil, a la nación española se le presenta el comisario de presupuesto  para asegurarse que la recaudación fiscal de la nación sirve, sin excusa que valga, para pagar la deuda contraída. Atentos al matiz, esto ya no es una suspensión de pagos sino un descarado privilegio de cobro. En una suspensión de pagos judicial se pretende salvaguardar los intereses comunes, que la propia empresa continúe con la actividad y que lo más rápido posible transforme sus activos inmovilizados en líquido con el fin de pagar a sus acreedores. Si la empresa no dispone de la suficiente liquidez y sus activos no son susceptibles de transformarse en dinero suficiente como para pagar sus deudas, entonces la sociedad mercantil está en quiebra, algo así, más o menos es lo que le pasa a Grecia. Así todo, estando en quiebra no puede venir un acreedor, por muy acreedor que sea y cargar un camión con los bienes de la sociedad quebrada y largarse. El derecho, a nivel internacional, asigna una prelación de derechos de cobro e incluso los acreedores que disponen del reconocimiento de la deuda por escritura pública deben de contener su ímpetu a favor del derecho de los trabajadores.

Al sindicato del crimen poco le importa el Estado de derecho, que el país continúe generando actividad o que el derecho de las gentes del país prevalezca en un mínimo indispensable con tal de cargar el camión y llevarse hasta los muebles si hace falta. Esto tan sólo demuestra el miedo atroz a que las fichas del dominó caigan una tras otra una vez se han dado de bruces con la realidad de una política catastrófica de manga ancha al poder económico que por su avaricia ha llevado con todo al traste. Los lobbys les comieron la cabeza para que las sociedades que representan no pagaran impuestos y que todo fuera sostenido por la chusma, pero resulta que esas ingeniosas mentes privilegiadas no acertaron que un día se iba a desmoronar la montaña de hipotecas engañifa que sustentan unos mentirosos bonos o cédulas hipotecarias del que solo tienen el nombre, los pisos embargados a los que nadie acude a las subastas, solares que no valen nada ya que nadie piensa en construir nada, créditos imposibles de pagar y un suma y sigue para llenar páginas y más páginas.

El cabreo va por barrios, mientras unos lo veíamos venir otros, la gran mayoría, los tenían distraídos con la propaganda mediática de que todo va bien y todavía podrá ir mejor. Mientras la irresponsabilidad de los políticos, y su comilona hasta atiborrarse en el restaurante de la glotonería, nos han llevado a esta grave crisis que afectará, en un antes y después, a un batacazo que pasará a los anales de la historia. Lo peor no es que nos traten como imbéciles y nos engañen como tontos del culo, lo peor, e igual tienen razón, es que todavía una buena parte de la población confía en que los mismos que nos han llevado al pozo, y nos dejan tirados, van a ser los mismos que se sacrifiquen por sacarnos de él.  Qué te parece que si esta noche al llegar a casa te percatas que te han desvalijado y se han llevado hasta los muebles de la cocina. Molesto, te sientas en el suelo y meditas que la mejor solución es que los mangantes te devuelvan lo tuyo y se entreguen a la policía ¿Es razonable? O te puedes morir esperando. No hace falta moraleja alguna pero si no te espabilas ahí te quedas.

Venga al Paraíso, la cloaca del capitalismo

No hemos llegado al gran batacazo del capitalismo por casualidad, algo ha fallado y estrepitosamente. Centenares de preguntas quedan por resolver, empecemos por la primera: ¿Para qué necesitaba el sistema capitalista los paraísos fiscales? Quizás, una de las respuestas la podemos encontrar en los banqueros luxemburgueses que a través de la Asociación de Bancos descaradamente se pronunciaron: «El atractivo de la plaza luxemburguesa seguirá siendo importante mientras los medios que dispone la justicia sean tan débiles». La justicia es competencia de los Estados, y no hubo gobierno en el mundo mundial que le echara mano. Pero hay más ¿Quién permitió que todo este desbarajuste continuara?: la opacidad era la palabra clave. Las Islas Caimán pertenecen a la Corona Británica. Su gobernador, así como su ministro de Justicia, es nombrado desde Londres, El Reino Unido tenía por tanto la facultad de poner fin al laissez-faire en su colonia, pero no hicieron nada al respecto. Así mismo, desde el punto de vista financiero, el archipiélago es una dependencia norteamericana; la mayoría de los bancos offshore de las Islas Caimán están dirigidos, de hecho, desde Wall Street. Washington podía también poner fin a los trapicheos offshore. Pero nadie movió un dedo.

Lejos quedó la cuantía total de los activos acumulados en los paraísos fiscales que ascendían al PIB de los Estados Unidos, eso era sobre el papel, la realidad ¿Quién lo sabía?. El capital depositado en las islas anglo-normandas se aproximó al PIB de Gran Bretaña. ¿Qué cuentas puede hacer el Banco Central Europeo sobre el dinero en posesión de los bancos y así establecer su ecuación monetarista?. Es evidente que se les fue de las manos. ¿Es necesario seguir?. Desde finales del siglo XVIII, las democracias modernas se constituyeron justamente sobre los principios de la soberanía, es decir, lo opuesto a la desregulación financiera. El sistema bancario se puso al servicio de las multinacionales tramposas sin el menor escrúpulo: los mismos circuitos, las mismas plazas financieras offshore, los mismos bancos. La cultura de la malversación adquirió título de nobleza. El crony capitalism quedó instalado y se desarrolló a la estela de la Globalización escupiendo gérmenes letales para la democracia. La banalización de la corrupción fue de hecho el reverso de una sociedad mercantilista en donde el dinero tendió a convertirse en el único criterio de valor y el único horizonte del individuo.

En 2008, cuando la banca mundial echo mano a las arcas públicas el presidente Nicolas Sarkozy puso el grito en el cielo: «Es necesario refundar el capitalismo». La noticia dio la vuelta al mundo. Los mandatarios y gobiernos de occidente, sin mostrar signos de aprobación explícita sintonizaron de la misma actuación teatral. De inmediato, aconsejados por sus asesores, en urgentes apariciones públicas juraron en arameo que había que tomar medidas. Se esforzaban en manifestar que habían actuado en estricta legalidad de sus funciones, prueba de ello consistía en la uniformidad de las decisiones tomadas en todas las cancillerías europeas y por el Gobierno de los Estados Unidos. Días después ni una sola palabra sobre la existencia de los paraísos fiscales que estaban diseñados para la ocultación de capitales que sin control ni tasa alguna habían acumulado el suficiente dinero para estrangular la economía.

Todo tiene un principio, empezó en 1932 cuando un diputado en la tribuna de la Asamblea Nacional francesa facilitó una lista con dos mil defraudadores que habían eludido al fisco colocando su dinero en el Banco Comercial de Basilea, en Suiza. Entre los procedes había tres senadores, una docena de generales, magistrados, dos obispos, directores de periódicos y grandes patronos de la industria. Fue un escándalo, para que el suceso no volviera a repetirse nunca más, el Gobierno Suizo resolvió el asunto con una ley de secreto bancario bajo la protección del Derecho Penal.

A los bancos suizos se les legitimaba la opacidad de las cuentas de sus clientes. Fue la manera más eficaz de proteger el dinero del fraude y de facilitar a los bancos el arma letal de la actuación impune. Los bancos culminaron un proceso de ocultación de capitales que en un principio fue ofrecido a los clientes basado en el cerrojo que ofrecía el secreto bancario declarado bajo protección penal.

Era evidente, que el servicio ofrecido a los clientes era reversible hacia el propio banco bajo el concepto de que la caridad bien entendida empieza por uno mismo. ¿Alguien lo puede dudar?

Durante años los señores del dinero fueron tejiendo una red de circulación de capitales que debilitó la soberanía de los países. El asunto les llevo su tiempo pero ayudados por el milagro de la tecnología alcanzaron el zenit. Los que en un principio, en los años de la posguerra, fueron paraísos fiscales, en poco tiempo, con la llegada de los ordenadores, los satélites y el desarrollo de los mercados financieros, se transformaron en paraísos bancarios. La liberación de los mercados transformó los paraísos fiscales en paso obligado de los capitales, cualquiera que sea su origen. Pero centrémonos en el punto de vista del ciudadano sujeto a la renta del trabajo: No tiene escapatoria, está atrapado en una fiscalidad que lo tiene pillado, asido a una declaración que se mira con lupa. Bajo este prisma, el ciudadano de la calle, puede pensar que las rentas del capital están sujetas a un control todavía más agobiante por la cuantía del volumen que mueven. Santa inocencia, no es así. Pero, a los bancos, las multinacionales, las grandes empresas y a los grandes potentados se les pone la alfombra roja para que alegremente y sin molestias puedan evacuar sus obligaciones fiscales fuera del territorio nacional mientras el país se endeuda y se recortan prestaciones sociales.