Rusia 2017: los Gulag se mantienen, para beneficio de la UE

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Los Gulag siguen existiendo en Rusia. Son gigantescas zonas aisladas e inaccesibles de Siberia en los que, lejos de cualquier observación internacional, se producen minerales y metales de sangre

Ya no se envían a ellos los presos políticos del régimen comunista, les basta con las víctimas del capitalismo salvaje que no encuentran otro modo de ganarse la vida que ofrecer sus manos y su vida a la extracción incontrolada de materias primas codiciadas en occidente.

Un ejemplo es Norilsk, cuidad de más de 200.000 habitantes al norte del círculo polar con grandes yacimientos de níquel, metal clave para la fabricación de las baterías de nueva generación. La extracción y procesado industrial de este metal es tan tóxico que en 40 km a la redonda apenas quedan árboles y la esperanza de vida de sus habitantes apenas llega a los 46 años. En 2003 se cerró el acceso a la ciudad para extranjeros debido a los peligros para su salud y para evitar testigos de la agresión al medio ambiente y del sacrificio humano en beneficio de los empresarios afines a Putin.

Lo que puede parecer una realidad terrible, pero lejana, es en realidad parte del engranaje que hace funcionar la industria europea

El níquel en Rusia, el coltán en el Congo, los diamantes de Sierra Leona y un largo etcétera: a los traficantes de materias primas no les tiembla la mano a la hora de crear mafias, sembrar corrupción, provocar guerras, esclavizar niños, intoxicar trabajadores o destrozar el medio ambiente a fin de aumentar el beneficio y la cotización en bolsa de sus empresas.

Lo que puede parecer una realidad terrible, pero lejana, es en realidad parte del engranaje que hace funcionar la industria europea. A nuestros políticos y empresarios tampoco les tiembla el pulso a la hora de hacer negocios con estas empresas y mafias para garantizar el bienestar en nuestros países y beneficiar sus conglomerados industriales.

Alemania, en colaboración con Finlandia, ambos países con estrechas relaciones con Rusia, está levantando una industria de baterías de nueva generación, necesarias sobre todo para los coches eléctricos y los circuitos de las energías renovables (supuestamente “limpias”), a fin de evitar que los fabricantes europeos dependan excesivamente de importaciones de Asia y los EE.UU.

La política y las empresas colaboran estrechamente para crear lo que llaman “cadena de suministros segura”. Alemania está creando con los gigantes de su industria, un nuevo núcleo de competencia industrial en torno a las tecnologías del almacenamiento de la energía, o sea, de baterías. BASF para fabricar los necesarios componentes químicos y los cátodos (que representan más del 30% del valor de una batería y para cuya fabricación el níquel es clave) o Bosch para la electrónica de control y la integración del producto final son sólo dos de las grandes multinacionales implicadas en este proyecto.

El papel del gobierno alemán, tan liberal de palabra y tan intervencionista en la realidad, no sólo está sirviendo de catalizador para empujar a las empresas alemanas a crear una industria local de baterías de alto valor añadido, sino facilita también el entendimiento político con Rusia, un país teóricamente sancionado internacionalmente por la invasión de Crimea, para garantizar el acceso al níquel a través de la minera Norilsk Nickel, empresa propiedad de empresarios cercanos a Putin y responsable principal del crimen humano y ecológico cometido en Norilsk, cuidadosamente ocultado a la opinión pública rusa y occidental.

Desde aquí queremos dar voz a las víctimas ocultadas de la brutal explotación humana y medioambiental de Norilsk. ¿Algún partido político denunciará a Rusia y la industria alemana por su complicidad en este crimen?

Autor: Bonifacio Jordan

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