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Mitos de la mal llamada crisis de los refugiados

09/10/2015 

Una vez más la guerra se libra en la opinión pública.

1. En Siria no hay una guerra civil.

El mundo sufre un estado de guerra mundial por fases. Todas las guerras en la actualidad son mundiales. Desde 2012, EEUU, Gran Bretaña, Francia, Turquía e Israel bombardean Siria. Los países del Golfo a su vez, aliados de Occidente por otro lado, financian a los grupos que combaten contra Al Assad. Estados Unidos, a través de la CIA, ha estado en Siria organizando milicias “moderadas” que finalmente han abandonado sus posiciones, rindiéndose y en algún caso entregando sus armas a grupos terroristas-yihadistas como Al Nusra. Washington acaba de acordar con el rey saudí la venta de otros 1.000 millones de dólares en armas. Arabia Saudí participa en bombardeos en Siria, facilita armas a grupos yihadistas y ataca Yemen, donde ha cometido crímenes de guerra, como antes hiciera en Bahrein. EEUU por su parte ha matado en Yemen a más civiles que Al Qaeda, según denuncia la propia ONU. Por otro lado, el grupo terrorista ISIS es financiado e impulsado tanto por las monarquías del golfo como por Occidente, según denuncian diversas fuentes. Con tantas potencias interviniendo, ¿cómo es posible que se siga diciendo que es una “guerra civil”?. En Siria desde el comienzo de la guerra han muerto más de 100.000 personas.

Gran parte de las personas que llegan a nuestras fronteras proceden de países en guerra donde Europa, EEUU, Rusia tienen gran responsabilidad, bien por su intervención directa militar o bien por la venta de armas: Iraq, Libia, Yemen, República Centro Africana, Nigeria, Mali… Los intereses económicos y políticos de las grandes multinacionales y de las superpotencias, entre las que hay que incluir a China, están íntimamente relacionados con el origen de las guerras y los conflictos. Millones de personas se ven obligadas a salir de su país a causa del hambre y el desempleo, que son, ante todo un problema político. La división entre refugiado e inmigrante económico deja de tener sentido.

2. Europa no sufre una avalancha.

Según datos de ACNUR, más de la mitad de las personas refugiadas en el mundo (53%) proceden de tres países: Siria, Afganistán y Somalia. Europa no es ni mucho menos el principal destino de las personas refugiadas. Desde 2011 la guerra ha generado cuatro millones de personas refugiadas y seis millones y medio de desplazadas internas. A esto hay que sumar los cinco millones de desplazados que provocó la guerra de Irak, muchos de los cuales se instalaron en Siria, y que ahora se desplazan de nuevo. El 86% de las personas refugiadas en el mundo son acogidas en los países más empobrecidos. Los principales países de acogida son Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Etiopía y Jordania. Por poner un ejemplo, de los más de 4 millones de refugiados sirios, 1,9 millones se encuentran en Turquía, 1,1 millones están en Líbano, 250 mil en Iraq, 630 mil en Jordania y 150 mil en Egipto. Países que tienen un PIB hasta 30 veces inferior al de España. El Líbano ha visto incrementada su población en un 17% en doce meses. Tiene graves problemas con el suministro de agua en los campos de refugiados. Las potencias árabes, las todopoderosas monarquías del Golfo, aliados de las potencias occidentales, no acogen refugiados. Se lavan la cara mandando ayudas. Se han enriquecido con esta guerra a través de la venta de armas, entre otros.

3. La mortífera política europea para los refugiados.

Los “derechos” de los refugiados son papel mojado. No tienen posibilidad de solicitar asilo en Consulados y embajadas o visados humanitarios. En los documentos que se dan a los solicitantes pone que los refugiados están bajo protección internacional. Eso da derecho a permanecer en un país europeo hasta que el gobierno en cuestión determine que ha terminado el conflicto en tu país de origen. Si durante ese tiempo no has conseguido legalizar tu situación, serás expulsado.Ya ha pasado con iraquíes que llegaron siendo menores de edad en Gran Bretaña. El reglamento de Dublín III, ahora en suspenso, tiene por objeto determinar cuál es el Estado miembro de la UE responsable de decidir si da o no asilo a un refugiado. El principal criterio es que el país competente es aquél en el que se tomaron primero las huellas al refugiado. Aunque más tarde la persona viaje a otro país europeo y solicite asilo, la nación competente es la primera a la que llegó o a la que pidió protección internacional, una norma que pone gran parte del peso en los países fronterizos, como, Italia, Grecia o Hungría, principalmente. El Consejo Europeo de Refugiados y Exiliados (ECRE, en sus siglas en inglés) denuncia que el sistema de Dublín lleva a los refugiados a viajar de forma clandestina y peligrosa hasta llegar a su país de destino por miedo a ser fichados con sus huellas dactilares en las naciones de tránsito. Ese temor y la actuación sin escrúpulos de las mafias provocaron la muerte en un camión de 71 personas en Austria, descubierto en una cuneta de la autopista.

Otra medida que ha impedido la llegada de estas personas a las fronteras europeas desde el comienzo de la guerra, así como la de otros refugiados e inmigrantes, ha sido acabar con el rescate por mar. Una de los últimos “golpes” de la UE en este sentido ha sido eliminar la operación Mare Nostrum sustituyéndola por la operación Tritón. La primera era una operación de rescate. La segunda en la práctica es una vigilancia de fronteras. La imagen de Aylán ahogado en la playa se ha repetido muchas veces a los largo de estos años. Es consecuencia directa de las políticas europeas. Se han producido 25.000 muertes en los últimos 15 años, casi 2.800 solo en 2015.

Otra medida ha sido la externacionalización y la militarización de las fronteras. El FRONTEX, creado en 2003, es en la práctica un organo militar, que completa su misión financiando a terceros países para que hagan el trabajo sucio del control de los inmigrantes: Turquía, Marruecos, Mauritania o Macedonia, a algunos de los cuales se les regala directamente material militar de segunda mano. Frontex desarrolla misiones policiales, aéreas y navales de intervención rápida, equipadas con material militar pesado, aviones y helicópteros de combate y buques de vigilancia marítima. Objetivo, que los inmigrantes no lleguen a Europa. Con ello los inmigrantes y refugiados se han visto “atrapados” en países donde sufren la explotación laboral, son víctimas de trata y se trafica con niños. La política europea está arrojando a los refugiados e inmigrantes en manos de las mafias, que les cobran por el viaje entre 3000 y 5000 €. Los que consiguen llegar a Europa no obtienen la acogida a la que tienen derecho. Pasan sus días esperando las decisiones de la burocracia europea. Mantenerles en la ilegalidad se ha convertido en un negocio para muchos. Hace unas semanas Merkel nos sorprendía y tranquilizaba momentáneamente nuestras conciencias, planteando de manera unilateral aceptar refugiados, pero ante la llegada de 60.000, decidió dejar sin efecto los acuerdos de Schengen de manera temporal y ordenó controles en la frontera con Austria, con el objetivo de detener el flujo migratorio hacia Alemania. Imitando a la política alemana el gobierno de Austria manda al ejército a proteger la frontera con Hungría, Eslovaquia ha impuesto controles temporales en sus fronteras con Austria y Hungría y Polonia amenaza con controlar sus fronteras para no admitir refugiados. Por tanto, esto no es una cuestión de buenos y malos europeos, como dice Javier Solana, que se ha olvidado de los 15 muertos de El Tarajal. La insolidaridad radical de Europa lleva a dividir a los propios inmigrantes, diferenciando situaciones que en la realidad no son tales. Varias voces se han alzado denunciando lo que les espera a los inmigrantes subsaharianos cuando pase esta mal llamada crisis. Se levantará la bandera ante la opinión pública de: “ya hemos sido solidarios con los sirios” (aunque les explotamos en el mundo laboral). Europa se da un baño de humanidad, que es sólo imagen, y refuerza la militarización de sus fronteras a la vez. Esto es una jugada política redonda. Y no está improvisada.

4. La UE no pierde con esta guerra, gana.

Alemania, el tercer mayor exportador de armas del mundo, hasta julio de 2015 ganó unos 7,9 millones de euros por la venta de armas a los jeques árabes, un aumento del 30% con respecto al mismo periodo de 2014. Por otro lado, los refugiados que consigan llegar a Europa, en su gran mayoría, serán empleados como mano de obra barata (cualificada en muchos casos). Eurostat indican que en los próximos 50 años Europa necesitará 50 millones de nuevos migrantes para mantener el nivel de vida. El presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, ha asegurado que la llegada de refugiados a Alemania es una "oportunidad" en este sentido. El presidente de la Federación de la Industria Alemana, Ulrich Grillo, quiere disponer de 800.000 trabajadores extranjeros suplementarios en Alemania. Como los acuerdos europeos prohíben esa entrada masiva de mano de obra extranjera, que encuentra además la hostilidad de la opinión pública, Grillo contribuye a poner en escena la «crisis de los refugiados» para obtener una modificación de la reglamentación existente. Ya hay refugiados sirios trabajando por 1€ la hora. El salario mínimo para cualquier trabajador legal contratao legalmente en Alemania es de 8,5 € la hora. No podemos olvidar a los propios trabajadores europeos empobrecidos que cobran lo mismo que estos refugiados sirios. A todos perjudica la legislación laboral salvaje que se ha impuesto en los últimos años en Europa.

5. España no es un país de acogida.

Los refugiados “salen de una cárcel para entrar en otra” como dijo un refugiado sirio que logró llegar e España. Es cierto que muchas personas se han ofrecido a acoger a familias sirias en sus propias casas, adelantándose una vez más a la ceguera moral de nuestros políticos. Pero también es necesario denunciar que desde el comienzo de la guerra nuestro país ha negado sistemáticamente el refugio a estas personas. Por poner un ejemplo, en septiembre de 2011 se le negó el refugio a varias familias refugiadas sirias que pidieron asilo en el aeropuesto de Madrid Barajas procedentes de Argelia, después de un periplo organizado por las mafias. Por otro lado, cientos de refugiados sirios llevan esperando en Melilla, que no pertenece al espacio Schengen, más de dos años, mendigando y mal viviendo a la espera de poder reunir los dos mil o tres mil euros que les cuesta pagar a las mafias policiales hispano-marroquíes para poder obtener el derecho de asilo, según denuncia la asociación PRODEIN. Especialmente dramática es la situación de los niños y jóvenes. Algunos de ellos han huído porque no querían empuñar un arma. Los traslados desde Melilla a la Península de los refugiados menores de edad no acompañados se retrasan hasta su mayoría de edad. Hasta entonces, los servicios sociales de la ciudad autónoma se encargan de su tutela. Los refugiados que han logrado pasar a la península a lo largo de estos años, han malvivido en las calles españolas hasta encontrar un techo. Los que han pasado a través de Melilla lo han hecho a través de la única oficina de derecho de “asilo para blancos” que existe en el mundo. El gobierno español tuvo que abrirla por presión internacional. Desde enero de 2015 hay más de 4.400 peticiones de asilo, en su mayoría, de sirios, que van entrando con cuentagotas, después de “pagar” por su derecho. El CETI de Melilla está al triple de su capacidad. Las familias sirias viven separadas durante meses hasta que consiguen reunir el dinero para poder pasar. Por otro lado, hay que recordar que es en España donde se fabrican las concertinas y alambradas colocadas en todas las fronteras exteriores de la UE.

Una vez más la guerra se libra en la opinión pública.

Autor: Mónica Prieto

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