La lectura es una herramienta esencial para formarnos y para tomar conciencia. Leemos para comprender, para no aceptar el mundo tal como nos lo imponen, para aprender a mirar con otros ojos. Y desde esa mirada y entendimiento, poder transformar.
Hay lecturas que llegan a nuestras manos en el tiempo justo, como si supieran que las necesitamos, casi como un regalo necesario. Al abrir el libro reconocemos algo esencial: la voz de alguien que entiende, que siente, que no mira hacia otro lado. La sensibilidad de alguien que mira la realidad con profundidad y humanidad.
Porque está claro: la lectura no es un acto pasivo. Puede convertirse —y muchas veces lo hace— en una herramienta de lucha. La formación personal y colectiva nos da las claves para interpretar la realidad, cuestionarla y no resignarnos ante la injusticia. Es un gesto de dignidad frente al silencio y la manipulación. Por eso, leer en común es imprescindible. La lectura compartida amplifica las voces, genera pensamiento crítico, construye comunidad.
Desde esta certeza nace nuestra campaña de promoción de la lectura social.
Un compromiso que camina junto a nuestras ediciones Voz de los sin Voz, sembrando conciencia, contra la censura de los precios, sosteniéndose en el trabajo gratuito y en la firme creencia de que la cultura no es un privilegio, sino un derecho.
En este comienzo de año, abrimos el camino con la presentación del libro La contracultura del compromiso, y con él renovamos una promesa: comprometernos a presentar un libro cada mes.
LA CONTRACULTURA DEL COMPROMISO
Hablar de la contracultura del compromiso es reconocer, sin rodeos, que vivimos inmersos en una cultura del no compromiso. Hemos normalizado la indiferencia, y con ella una peligrosa tranquilidad de conciencia. Indiferencia y buena conciencia forman un cóctel profundamente nocivo: destruye el bien común, frena el desarrollo de los pueblos y erosiona aquella vieja aspiración revolucionaria que un día llamamos fraternidad universal.
Sin embargo, no todo está perdido. Millones de personas siguen desafiando la esterilidad y la violencia que campan a sus anchas en esta cultura del “no compromiso”. Son gestos cotidianos, a veces silenciosos, que se niegan a aceptar la mediocridad de la vida. Queremos que estas reflexiones que aparecen en el libro, las acojáis con la esperanza de redescubrir el valor del compromiso en un mundo que lo esquiva, que lo teme o que lo disfraza.
Porque comprometerse es construir vínculos, tejer relaciones de fraternidad y solidaridad, aprender a ser libres sin renunciar a la responsabilidad. Es encontrar un sentido a la vida y una alegría profunda. No puede existir una relación humana digna sin un compromiso moral que la sostenga. La historia de nuestra dignidad es, en realidad, una aventura maravillosa.
Luchar y desgastarse por el bien, la belleza, la verdad y el amor transforma el mundo. Así lo han demostrado quienes, a lo largo de la historia, hicieron un gesto de forma libre y voluntaria: comprometerse con personas concretas, con lugares, comunidades, profesiones e instituciones. Estas personas dieron hondura y sentido a su existencia… y abrieron camino.
Hoy, esa invitación también nos interpela. No podemos seguir esperando. Es tiempo de tomar el pico y la pala, de mancharnos las manos y ponernos a la faena. Porque el compromiso se vive.
No hay relación humana digna sin un compromiso moral.
ÚNETE A NOSOTROS EN ESTA CAMPAÑA POR LA PROMOCIÓN DE LECTURA SOCIAL.


