EL PAPEL DE LOS BANCOS CENTRALES EN LA TRANSFORMACIÓN DEL SISTEMA FINANCIERO

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Ochenta años después de la Segunda Guerra Mundial, estamos viviendo una 3ª Guerra Mundial a pedazos. Se trata entre otras, y en el caso que nos ocupa, de una guerra de divisas, una guerra financiera, una guerra por la hegemonía monetaria, con la que se está diseñando un sistema monetario alternativo y complementario con el $, dentro de un nuevo orden económico internacional. Esta guerra no responde a criterios de mercado, sino a estrategias políticas.

Artículo publicado en la revista Autogestión

Por María Luisa Sanz. Economista.

En este nuevo orden cobran especial relevancia, junto a otros actores (FMI, Banco Mundial, grandes empresas tecnológicas transnacionales, potencias geopolíticas poderosas,…) los Bancos Centrales (el Banco Central Europeo, la Reserva Federal americana, etc.) y las instituciones en las que estos se asientan como el Banco de Pagos Internacional (BIS) y el G30.

El BIS es el banco de los bancos centrales, que tiene su sede en Basilea y actúa como elemento coordinador y el G30 es un think tank con sede en Washington, creado a iniciativa de la familia Rockefeller, en el que se toman las decisiones guía que el BIS posteriormente ejecuta. No podemos entender el entramado de las decisiones de los gobiernos sin estas instituciones.

Cristine Lagarde es la actual presidenta del Banco Central Europeo (BCE), que anteriormente fue ministra de Finanzas de Francia y presidenta del Fondo Monetario Internacional (FMI). El FMI, junto con el Banco Mundial (BM) son dos instituciones que desde los años 70 han generado regueros de sangre con la deuda externa, sobre todo en los países empobrecidos, obligándoles durante años a contraer una “deuda eterna” de la que han pagado varias veces su valor original. En 2027 finaliza su mandato, y se prevé que su sucesor en el BCE sea el español Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual gerente general del BIS.

Jerome Powell es el actual presidente de la Reserva Federal, la Fed, nombrado por Donald Trump en 2018 y, sin embargo, enfrentado con él. Finalizará su mandato en mayo de 2026 y desde el principio se abrió una guerra contra él y su equipo. En 2018-2019, la Fed aumentó las tasas de interés para contener la inflación y evitar un sobrecalentamiento de la economía. Trump temía que tasas más altas frenaran el crecimiento y afectara a los mercados bursátiles. Lo llamó en varias ocasiones “loco” o “enemigo peor que China”. Llegó a decir que “la Fed no sabe lo que hace” y que “Powell es una gran decepción”. En privado exploró si podía despedirlo o degradarlo, aunque los abogados de la Casa Blanca le advirtieron que el presidente no tiene autoridad para destituir al titular de la Fed por desacuerdos de política. En los últimos meses, Trump no ha dejado de pedir que bajara los tipos de interés y finalmente, el 17 de septiembre pasado ha conseguido que se bajaran 0,25 puntos porcentuales. El rango de la tasa de los fondos federales quedó entonces entre 4,00 % y 4,25 %, lejos de lo que han conseguido que rebaje los tipos el BCE, actualmente fijados en el 2%.

Además de los Bancos centrales y el BIS, hemos de poner nombre al G30. El Grupo de los 30 o G30 (Group of Thirty) es un foro internacional de expertos en finanzas y economía. No es un organismo gubernamental ni tiene poder legislativo, pero influye en políticas financieras y en la regulación global. Fundado en 1978 lo forman alrededor de 30 expertos, desde gobernadores de bancos centrales, exfuncionarios de ministerios de finanzas hasta académicos y economistas de prestigio internacional. Este foro realiza informes que marcan decisiones guía que los Bancos Centrales, el FMI y el BM toman como directrices y que el BIS posteriormente ejecuta.

Y es que esta batalla con los tipos de interés que fijan los Bancos Centrales y estas directrices marcadas por el G30 que el BIS ejecuta, vienen a colación de que, en esta nueva configuración del mundo, EE. UU. está perdiendo su hegemonía y aparece un mundo multipolar, en el cual principalmente China reclama su lugar. La UE por su parte está perdida y sin rumbo. En este nuevo mundo se encuentran los BRICS +, o países emergentes (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica, y el + de los países invitados) que están planteando espacios alternativos a los fijados por el G7 (EE.UU, Alemania, Gran Bretaña, Canadá, Francia, Italia y Japón).

Actualmente, estamos viviendo lo que parece una guerra comercial o guerra arancelaria iniciada por el gobierno americano de Donald Trump, que, sin embargo, está siendo una guerra de divisas para desdolarizar la economía. Se están usando los aranceles o la militarización de las finanzas (sanciones y bloqueos a Rusia por la guerra con Ucrania, etc.) con dos objetivos principalmente:

1) Devaluar el dólar, intentando generar caídas bursátiles controladas. Así se forzaría a la Reserva Federal a que continue bajando los tipos de interés, porque si se crea inflación, al haber más dinero disponible, lo que ha pasado desde la pandemia, si la Reserva Federal no baja los tipos de interés habrá una recesión en EE. UU. Igualmente ha sucedido con el BCE, que ha bajado sus tipos de interés, evitando una recesión profunda en Europa, principalmente en Francia y Alemania.

2) Refinanciar la Deuda Pública americana por valor de 9 trillones de dólares que vence en este año 2025 y necesitan financiarla a 5/10 años, con unos tipos de interés que no sean los actuales y obligando a los países a que compren esa deuda.

Y mientras esto va ocurriendo, escuchamos a los economistas de referencia a nivel internacional que están planteando con hechos reales cómo siempre detrás de grandes reconfiguraciones del mundo a nivel económico ha habido crisis bancarias. Así ocurrió en 1907 con la crisis americana, a través de la cual se creó un pánico bancario que hizo posible el nacimiento de la Reserva Federal. El gobierno americano necesitaba un organismo para salvaguardar un sistema fraudulento que se estaba basando en la creación artificial de dinero, creándose el Fondo de Garantía de los Depósitos, que protege al ahorrador frente a este uso de los bancos del dinero que no se les entrega para ser prestado. Igualmente ocurrió con la creación del Acuerdo de Bretton Woods, con el que se planteó un cambio en el patrón oro, pasando a ser el patrón $dólar/oro.

Y es que en estos momentos nos encontramos en un camino hacia la destrucción de la moneda a nivel global. Por un lado, han nacido las criptomonedas, como el famoso Bitcoin, que no está protegido por ninguna moneda ni organismo oficial, o las stable coins, que son unas criptomonedas más estables, a veces respaldadas por monedas oficiales o por materias primas, e igualmente fuera del control de los Bancos Centrales. Pueden llegar a ser alternativas al sistema financiero oficial e incluso alcanzar un poder como medios de pago. Por otro lado, estarían las monedas digitales, o CBDCs, estas sí controladas por los gobiernos y sus bancos centrales y como respuesta a que el dinero no salga del sistema.
Por ello, se estima que para que este cambio en la forma que va a tener el dinero sea aceptado por la población, habrá una crisis bancaria grande que genere pánico y crisis de confianza, para justificar que los gobiernos y sus bancos centrales pasen a dirigir este caos y nos dobleguemos a lo que se nos va a imponer, lo cual, no solo cambiará las formas de pago, sino incluso supondrá un control absoluto a tiempo real sobre el qué, cómo y cuándo gastamos nuestro dinero, como ya está ocurriendo en China con el yuan digital.

En los próximos meses, por tanto, seguiremos viendo cómo EE. UU. llegará a acuerdos con China para rebajar los porcentajes de los aranceles, posiblemente al 45-50% y después hasta el 10-20%, porque China aún con estos porcentajes sigue siendo competitiva y EEUU habrá logrado refinanciarse de forma más barata. Europa aceptará acuerdos con China para mayores ventas, lo que lastrará la ya gran falta de competitividad de las empresas europeas en muchos sectores, especialmente el de los automóviles.

Y esperaremos a ver con qué juego de magia nos plantean nuestros gobernantes esos nuevos tipos de dinero que controlarán el futuro de las pequeñas y medianas empresas, que en estos momentos no se están preparando para todo lo que va a llegar tarde o temprano. Esto hará peligrar su supervivencia e incluso pareciera que quieren hacerlas desaparecer. Y veremos qué ocurrirá con nuestras economías domésticas. Se intuye que incluso podrán llegar a penalizarnos. Pueden plantearnos la caducidad de nuestro dinero ahorrado. Por ejemplo, fijando tipos de interés negativos si tenemos dinero sin invertir en las cuentas bancarias. Incluso pueden obligarnos a invertirlo en la economía de rearme y de guerra.

Es un futuro muy impredecible el que nos espera y ya sabemos el dicho de que “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Por ello, debemos estar más atentos si cabe a todos los acontecimientos que vayan desarrollándose, generando debates y propuestas de acción que sean superadoras de las que los poderosos van a plantearnos.