DEL AHORRO FAMILIAR A LA ECONOMÍA DE GUERRA

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Ahorro privado a gasto militar. Generada por IA

Cómo Europa moviliza el dinero privado para financiar su estrategia militar

Por Grupo de Economía para la Revista Solidaria Autogestión

Análisis de la Economía de Guerra y el Ahorro en Europa

En el debate económico europeo actual se repite una idea aparentemente técnica, pero con profundas implicaciones políticas: Europa no carece de dinero, sino de mecanismos para movilizarlo. Diez billones de euros permanecen en depósitos bancarios de familias y empresas, invertidos en productos seguros y de baja rentabilidad. Al mismo tiempo, la Unión Europea afronta enormes necesidades de financiación ligadas a la llamada “autonomía estratégica”: energía, tecnología, industria y, de forma cada vez más explícita, defensa y rearme.

Desde esta perspectiva, el problema no es solo financiero, sino político. El ahorro privado se convierte en combustible de una economía de guerra, sin un debate fiscal explícito, sin votaciones claras sobre prioridades presupuestarias y sin un control democrático proporcional a la magnitud de las decisiones que se están tomando. Los ciudadanos no parece que tengamos nada que decir, ni opinar y, mucho menos, decidir. Se nos está ocultando el debate cuando, además, están en juego nuestros ahorros. La guerra se financia no subiendo impuestos, porque el margen fiscal es muy reducido, sino redirigiendo silenciosamente el ahorro.

El informe de Mario Draghi sobre la competitividad europea plantea que uno de los principales frenos al crecimiento es la dependencia del crédito bancario y la debilidad de los mercados de capitales. Según este diagnóstico, las empresas más innovadoras no se financian con préstamos tradicionales, sino con capital dispuesto a asumir riesgos y así se confirma en los últimos 20 años. El mensaje es claro: hay que sacar el ahorro de los depósitos y llevarlo a los mercados financieros.

El informe de Enrico Letta refuerza esta idea al señalar que Europa sigue fragmentada financieramente y necesita una verdadera Unión de Mercados de Capitales. Solo así —se afirma— será posible financiar proyectos de gran escala que ningún país podría abordar por separado. En apariencia, se trata de un debate técnico sobre eficiencia financiera. En realidad, es una discusión sobre quién decide el destino del ahorro colectivo.

En este contexto, el Gobierno español ha planteado la creación de una cuenta bancaria específica para que los ciudadanos inviertan su ahorro en la “autonomía estratégica europea”. La propuesta se presenta como voluntaria y orientada al interés general. Sin embargo, conviene preguntarse: ¿qué significa exactamente autonomía estratégica hoy en Europa? La respuesta es cada vez menos ambigua: industria militar, gasto en defensa y preparación para conflictos prolongados.

El recorrido real de ese ahorro rara vez es de forma directa. El dinero de las familias no suele financiar proyectos públicos sin intermediación, sino que fluye hacia fondos de inversión, ETFs y otros vehículos financieros. Ahí es donde entran en juego los grandes gestores globales, como BlackRock. No es casual que sus directivos, así lo ha manifestado su vicepresidente de visita en Madrid, insistan en la necesidad de mercados de capitales más profundos y activos europeos seguros y de gran volumen, como los eurobonos. Estos instrumentos son ideales para absorber enormes masas de capital y convertirlas en financiación estable para los Estados.

Este modelo beneficia estructuralmente a los grandes fondos, que se sitúan como intermediarios indispensables entre ciudadanos y Estados. Pero también desplaza el centro de decisión: el poder no reside únicamente en los parlamentos, sino en la capacidad de los mercados para seguir comprando deuda. Si mañana esos inversores cambian de estrategia, las políticas públicas quedan condicionadas.

Europa se enfrenta así a una elección fundamental. Puede debatir abiertamente si quiere destinar recursos colectivos al rearme y asumir el coste político de esa decisión. O puede hacerlo de forma indirecta, financiera y tecnocrática, convirtiendo el ahorro de las familias en munición económica. La pregunta no es si este sistema es eficiente, sino si es legítimo y qué tipo de futuro está financiando.

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