A Mari, esposa y compañera de Benigno Ortiz

3951

El 31 de julio de 2016, Mari nos dejó para encontrarse con el Padre

La vida de Mari y de Benigno, aunque no siempre los hayamos podido tener cerca, han sido una Gracia de Dios en nuestras vidas, un referente de vida solidaria para nosotros. Cuando nos iniciábamos en esta aventura de la vida asociada en el Movimiento Cultural Cristiano, siempre nos aconsejaban que no dejáramos de conocer el testimonio de Mari y Benigno. Los que conocimos a Mari, la recordaremos por su acogida, siempre con una sonrisa.

Mujer militante cristiana que luchó junto a su marido por la dignidad del trabajo y por la evangelización de los pobres. La humildad fue su forma de vivir y de morir y en este sentido, no dudó en fregar escaleras para contribuir a la organización apostólica desde el silencio.

Julián Gómez del Castillo nos recordaba siempre esto: «La vida de lucha militante de Benigno fue posible porque su esposa, Mª Jesús, formó con él un matrimonio de los que por amor se da el uno al otro a fondo perdido y Cristo se hace compañero de sus vidas. Ella sigue siendo militante del MCC, en silencio. Sus grandes amigos la recuerdan a la puerta de la cárcel de Santander. Estaban presos Benigno y su hija y cuando preguntaron a Mari por su situación, ella contestó “estoy sufriendo más que nunca”. Y no volvió a quejarse. Mari forma parte de esta legión de millones de madres cristianas que se dieron a fondo perdido».

Estas son palabras de su hijo Alberto en el funeral:

Hay un dicho muy del pueblo que dice: “es de bien nacidos, ser agradecido”.

Pues bien, es lo primero que me sale del corazón: Dar gracias a Dios. Damos GRACIAS a Dios toda la familia, por mi madre, por nuestra madre, por haber compartido su vida

Gracias madre por tu sencillo y callado paso por la vida, sin quejas, con disponibilidad, guardando en el corazón los problemas y dificultades de una vida matrimonial marcada, durante muchos años, por una militancia cristiana comprometida. Eran tiempos donde esa militancia costaba el que te expulsaran del trabajo, sufrir la cárcel, las dificultades económicas por haber optado por una vida al servicio de la lucha por la justicia, es decir, perder tú para que ganen otros. Pero no otros cualquiera, sino los empobrecidos de la sociedad.

Esa vida militante cristiana que llevaste junto a Benigno te costó sufrimientos personales y familiares, disgustos, enfrentamientos, incomprensiones… y todo lo guardabas en tu corazón.

Gracias por vuestro matrimonio de luchadores en busca de una sociedad más justa y solidaria, con sus alegrías y dificultades.

Ahora te vas definitivamente a reunir de nuevo con Benigno, ya definitivamente con Dios. Quedaréis para nuestra familia y para todos los amigos que compartieron la vida con vosotros como una referencia, un testimonio de matrimonio militante cristiano, un testimonio de solidaridad para las nuevas generaciones.

MariSantanderYo reivindico que si la familia es importante para la sociedad, es porque hay matrimonios en donde ha habido mujeres como Mª Jesús, que no ocuparon puestos de primer nivel social, pero contribuyeron decisivamente a la trasmisión del valor de la solidaridad de unas generaciones a otras.

Gracias madre por tus años de viuda, que han sido más de tres décadas con la entereza y sencillez que caracterizaron tu vida. Años de trabajo humilde, familiar, de apoyo al cuidado de los nietos y a tus hijos.

Y de nuevo, Gracias mamá y Gracias a Dios por estos últimos años de enfermedad, dura enfermedad la de la demencia. Quiero solidarizarme aquí y pedir a Dios y que pidamos todos por aquellas personas que padecen enfermedades relacionadas con la cabeza: alzhéimer, demencia… y especialmente por los que les cuidan.

En este sentido quiero agradecer a mis hermanas, su entrega y dedicación al cuidado de la abuela durante los últimos años, que han sido duros. Pero, nuevamente, en ellos se ha vivido la solidaridad que aprendimos de nuestra madre. Es lo que nos trasmitió. Es la recompensa por su vida. Sembró solidaridad, recibió solidaridad aunque a la vista de nuestros ojos, siempre limitados, no lo haya podido apreciar.

Por el Equipo Benigno Ortiz