Diseñar nuevos mapas de esperanza

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Este fue el título que el pasado año 2025 el papa León XIV le dio a una carta apostólica centrada en la Educación (lo escribo en mayúscula, porque mayúscula es su importancia) que dirigió a toda la comunidad educativa católica. Aunque tengo para mí que también es fructífero leerlo y ponerlo en marcha en comunidades educativas de toda índole.

Por Elena G. Navarro, Educadora

Ya hemos hablado en otros artículos de la importancia radical de la educación; es un concepto ligado al inicio del ser humano en la Tierra. Ya desde antaño, las diversas comunidades humanas  educaron desde un aspecto de supervivencia (por ejemplo, enseñar a cazar o pescar; ahí tenemos las pinturas de las cuevas de Altamira, que no tienen únicamente un sentido trascendental religioso, sino asimismo educativo) y hasta el día de hoy se sigue educando. Educar o educación, no son nada nuevo.

La Iglesia siempre ha planteado la educación como pieza fundamental para la libertad del ser humano. No cualquier educación, sino una educación integral de la persona, pues de las diversas desviaciones que ha sufrido y sufre la educación ya constatamos terribles consecuencias, lamentablemente.

Educar ya sabemos que viene de la complementación de dos verbos o acciones; educare (criar, alimentar) como dar alimento interior y educere (sacar de dentro, y por lo tanto conducir hacia fuera). Sería entonces un acto de entrega al otro, un servicio, para promover al exterior las habilidades o dones que ese otro posee. Pero claro está, haciéndolas servir en la sociedad, desde un sentido comunitario y no individualista como trataremos de exponer.

El papa León nos regaló esta nota doctrinal el 28 de octubre del año 2025 haciéndola coincidir con el 60 aniversario de la Declaración conciliar Gravissimum educationis, que recalca la radical necesidad y actualidad de la educación en la vida de toda persona. En el exordio de la misma León XIV nos recuerda que;

“Vivimos en un entorno educativo complejo, fragmentado y digitalizado. Precisamente por eso es sabio detenerse y recuperar la mirada sobre la «cosmología de la paideia cristiana»: una visión que, a lo largo de los siglos, supo renovarse e inspirar positivamente todas las poliédricas facetas de la educación.

Desde sus orígenes, el Evangelio ha generado «constelaciones educativas»: experiencias humildes y fuertes a la vez, capaces de leer los tiempos, de custodiar la unidad entre la fe y la razón, entre el pensamiento y la vida, entre el conocimiento y la justicia. Han sido, en la tormenta, un ancla de salvación; y en la bonanza, una vela desplegada. Un faro en la noche para guiar la navegación”.

Queremos pues hacernos eco de sus palabras y dar también a conocer propuestas educativas y maestros (o escuelas) que tratan de promover estas “constelaciones educativas” de las que habla el Papa. Enseñar pequeñas experiencias actuales, sí, pero también maestros que nos siguen recordando por qué educar, para qué educar, a quién educar y qué finalidad tiene la educación.

Lo hacemos desde la visión del Evangelio con el deseo también de acercarnos a quien no tenga la misma perspectiva de la fe, pues se trata de encontrarnos, no de cercenarnos en algo tan prioritario para todos.

Tanto Pablo VI como León XIV (cuya nota es una continuidad del Papa Pablo VI) recuerdan que la misión de la Iglesia es un acto educativo, “El Evangelio se hace «gesto educativo» siendo una forma de esperanza que no envejece; de manera que no es algo accesorio, sino todo lo contrario, sobre todo para el cristiano es esencial en su identidad cristiana.

Citan asimismo que es un derecho universal inalienable, donde se reivindica además que la educación es “diaconía de la cultura”, es decir, un servicio a la misma. Y que la principal célula educativa sigue siendo la familia (Rovirosa recordaría que en el hogar se aprende a «escuchar a Cristo en el hermano»; la familia educadora es aquella que enseña al niño a no ser sordo al sufrimiento ajeno, preparando el terreno para una ciudadanía solidaria), aunque es un deber que pertenece a toda la sociedad en su conjunto, de ahí la llamada a seguir formando “constelaciones educativas” y no entes educativos estancos.

Hay una serie de puntos de la nota sobre los que centraremos nuestra atención, (en cualquier caso, tienen adjunta la nota doctrinal, que seguro les será de mucho beneficio).

En varios puntos de la nota “nuevos mapas de esperanza” el Papa nos insta a sembrar esperanza educativa en los ambientes más desfavorecidos, recalcando que la educación de los empobrecidos no es un favor que se les hace sino una responsabilidad, un deber de la Iglesia. La Educación es para la iglesia una misión compartida, así lo es también para el Movimiento Cultural Cristiano, un acto de Solidaridad; es compartida porque hay un cuerpo social, una “comunidad viva”, donde la pedagogía educativa se hace servicio. O es una comunidad educativa de servicio o no es escuela.

El Papa invita a las escuelas católicas y así también a los educadores a mirar; a ver.

Ante los muchos millones de niños en el mundo que aún no tienen acceso a la educación primaria, ¿cómo no actuar? Ante las dramáticas situaciones de emergencia educativa provocadas por las guerras, las migraciones, las desigualdades y las diversas formas de pobreza, ¿cómo no sentir la urgencia de renovar nuestro compromiso? La educación —como recordé en mi Exhortación Apostólica Dilexi te— «ha sido siempre una de las expresiones más altas de la caridad cristiana». El mundo necesita esta forma de esperanza. (Papa León XIV).

Y este Ver transcurre desde el servicio, pues si uno no sirve, difícilmente podrá ver la realidad de quienes lo rodean.  Hay que tener, dice León XIV “…una pedagogía de la mirada que reconoce a Dios en todas partes”, así es como el maestro auténtico puede verdaderamente insuflar en sus alumnos el deseo de verdad, educar en la libertad para leer los signos y escuchar la voz interior (San Agustín de Hipona).

Por eso, educar en los ambientes que menos deseamos la mayoría de las veces es, sin duda, lo que más necesitamos los maestros y lo que más necesitan los niños del mundo entero (tanto del empobrecido como del enriquecido). Pues quien educa en un ambiente “fácil y cómodo” difícilmente pondrá en duda su vocación y difícilmente podrá ser una luz entre las sombras que habitan también los espacios educativos. Repetimos, la educación de los empobrecidos no es un favor como dice el Papa, sino un deber para el cristiano.

libro de Voz de los sin Voz

Sin ninguna pretensión, queremos dar a conocer algunas de las “constelaciones educativas” que a nuestro juicio tiene que ver con la nota del Papa León. Una de ellas es el Colegio Iqbal Masih, una institución educativa diocesana, ubicada en el barrio de San Félix, en Ciudad Guayana, Venezuela. Es un colegio gestionado por la parroquia San Martín de Porres. En un ambiente de violencia y empobrecimiento, hace ya cerca de 14 años que esta comunidad educativa viene siendo respuesta a los empobrecidos. Con más de 400 alumnos, y donde se imparte educación tanto a niños como a adultos, esta escuela testimonia lo que en palabras del Santo Padre es la Iglesia;  “la pedagogía, nunca es teoría desencarnada, sino carne, pasión e historia”. No en vano lleva el nombre de Iqbal Masih, niño pakistaní esclavo asesinado por las mafias de la tapicería en Pakistán en el año 1995. Militantes del Movimiento Cultural Cristiano ejercen de maestros y profesores en sus aulas y viven en un barrio sujeto al desempleo y la violencia, y allí ofrecen su vida entre familias para que la juventud encuentre un lugar seguro donde aprender y disponer de posibilidades de futuro laboral. Es sin duda un nuevo mapa de esperanza.

Entonces, como nos enseña el Papa, hay que querer ver y también escuchar. Escuchar es hacer “sitio al otro”. Así lo afirmaba y vivía Guillermo Rovirosa, quien en su libro La Virtud de Escuchar nos plantea que la escucha no es un silencio pasivo, sino una «virtud heroica» que requiere humildad. Escuchar es vaciarse para que el otro pueda entrar. En sus palabras “escuchar es un ejercicio de caridad y humildad”; el maestro que no escucha a sus estudiantes, no provoca en ellos el deseo de aprender, de descubrir. Estas palabras tan en línea con la nota del Papa León, no son palabras vacías, sino la vivencia encarnada de Rovirosa en una época donde el obrero era despreciado (aún hoy lo siguen siendo nuestros hermanos empobrecidos, más de la mitad niños), y donde él decidió hacerse uno de ellos no para ayudarlos, sino para estar con ellos. Para escuchar sus vidas, y promocionarse individual y colectivamente por y con ellos. Es lo que el papa León llama una “diaconía de la cultura”, es decir que la escuela sea un servicio, y así tocar las heridas de la historia y buscar soluciones juntos. De ahí que la profesión del maestro esté llamada a trabajar por la fraternidad universal. Mucho más hoy en día que nuestras escuelas están formadas por diversas culturas y religiones, así como situaciones vitales complejas, y donde el objetivo del maestro es llevar a cabo un acto educativo que “no mida solo en función de la eficiencia, sino en función de la dignidad, la justicia y la capacidad de servir al bien común” (Papa León XIV).

Como dice el santo padre Vivimos en un entorno educativo complejo, fragmentado y digitalizado. Precisamente por eso es sabio detenerse y recuperar la mirada sobre la «cosmología de la paideia cristiana»: una visión que, a lo largo de los siglos, supo renovarse e inspirar positivamente todas las poliédricas facetas de la educación. Desde sus orígenes, el Evangelio ha generado «constelaciones educativas»: experiencias humildes y fuertes a la vez, capaces de leer los tiempos, de custodiar la unidad entre la fe y la razón, entre el pensamiento y la vida, entre el conocimiento y la justicia. Han sido, en la tormenta, un ancla de salvación; y en la bonanza, una vela desplegada. Un faro en la noche para guiar la navegación”. (punto 1.2)

Paideia es una palabra procedente del griego que significa inicialmente “educación de los niños”, y que ha ido evolucionando hasta ser una palabra que engloba una formación integral; la paideia cristiana es, por tanto, una educación basada en la cosmovisión, valores y cultura cristiana.

Otra “constelación educativa”, si me lo permiten, es la editorial Voz de los sin Voz del Movimiento Cultural Cristiano, que lleva más de 25 años dando voz en las calles de España e Hispanoamérica, llevando a la sociedad una formación integral, con el objetivo de la promoción individual y colectiva y, como algo totalmente revolucionario, realizada a través del trabajo gratuito y escondido.  VsV es una editorial con una línea bien definida, que cuenta con un catálogo de más de 500 publicaciones. La paideia es educación, así lo atestigua nuestra editorial, buscando el cultivo de la interioridad, la cultura, la fe, la política, la economía, etc, haciéndonos eco de la Doctrina Social de la Iglesia y de las luchas no violentas de los empobrecidos a lo largo de la historia. La Editorial Voz de los sin Voz quiere ser esta “cosmología de la padeia cristiana”, que cita el Papa León; esa mirada que se renueva para seguir inspirando positivamente las facetas de la educación.

Como ejemplos de ello, nuestros libros de contenido con valor educativo y formativo con una profunda vocación pedagógica. Más concretamente en el ámbito educativo tenemos varios libros de Manolo Araus, Marina Ponce, Lorenzo Milani, Anna Frank, Iqbal Masih, Sophie Scholl, etc., imprescindibles para poder plantearnos “Diseñar nuevos mapas de esperanza” en el ámbito educativo, porque nos estamos jugando la escuela y, en definitiva, las siguientes generaciones.

Otra de las claves de la nota doctrinal es el punto 10.3, donde el Papa resalta tres prioridades. La primera es referida a la vida interior y a la necesidad que tienen los jóvenes de encontrar espacios donde esa vida interior crezca, fructifique, discierna, tenga en definitiva un encuentro con la conciencia y con Dios (y… por ende… con los otros). Para el MCC este espacio para los jóvenes es el grupo Carlo Acutis en España y Camino Juvenil Solidario en Venezuela, ambos formados por jóvenes cuyas edades oscilan entre los 13 a los 18 años y que comenzaron su andadura cuando aún estaban entre pañales. La amistad es el punto neurálgico de estos jóvenes, una amistad en Cristo, a la Iglesia Católica y a los empobrecidos. Estos grupos pueden darse por esa diaconía de la cultura que comenta León XIV, donde el maestro (responsables y militantes del MCC) es servidor, y con su servicio, es testimonio a los jóvenes para el encuentro con Dios y, para su servicio en la Iglesia.

Desde esta parcela de jóvenes de  Carlo Acutis y de CJS , os invitamos también a uniros a todos los jóvenes de España y Venezuela, para conocer la riqueza que como católicos nos regala la iglesia con su entrega diaria. Estudiar, rezar, alcanzar planes y compromisos, formarnos, ser críticos, buscar la verdad pero  juntos, nunca como individuos sino como comunidad. Y, para ser luz para otros jóvenes.

https://www.flickr.com/photos/unicefecu/51413089126

La segunda prioridad de este punto 10.3 es referida a lo digital humano. Los organismos internacionales proponen a las escuelas educar en este contexto. Ese es el contexto como dice Antonio Roura (Director del Secretariado de la Comisión Episcopal Educación y Cultura de la CEE y profesor de religión durante casi 20 años) que vive la escuela. Cuando fue elegido Papa, el Santo Padre explicó que eligió su nombre como un homenaje a León XIII, un Papa que fue respuesta a los desafíos sociales y a la explotación laboral durante la revolución industrial.

El Papa León XIV es consciente del momento actual que vivimos y busca hacer un paralelismo entre esa revolución y la revolución actual a la que estamos llamados desde la tecnología. León XIV considera que la inteligencia artificial y la revolución digital constituyen la “cuestión social” de nuestro tiempo. Un desafío para la fe enorme. Por eso el papa nos urge a formarnos “…en el uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica”.

Mientras que en la era industrial la relación del ser humano era con la fuerza (arar un campo con bueyes era más rápido que ararlo a mano, y si tenías un tractor, más rápido que con bueyes); lo que cambia ahora en esta revolución es nuestra relación con el conocimiento, en palabras de Roura. Lo que está cambiando en esta revolución industrial es nuestra relación profunda con el conocimiento.  Así cualquier alumno tiene más información en su bolsillo que los mejores sabios del siglo XX; el acceso al conocimiento no ha significado un esfuerzo, un aprender, un memorizar, sino que lo disponen a golpe de clic. Acceder al conocimiento ya no es un problema, pero saber cómo ser crítico con la información de la que dispongo sí.

Esta cuarta revolución ya advertía el Papa Francisco “está provocando cambios profundos en la esencia misma de lo que significa ser humano, al no ser únicamente un avance técnico sino un cambio estructural que afecta los pilares de la existencia, incluyendo cómo entendemos el nacimiento, la muerte y la identidad humana en relación con las máquinas.”

En su artículo “Implicaciones de la Inteligencia Artificial en Educación” (revista autogestión 153), Oscar Arcera, educador, reflexiona sobre las implicaciones que tiene el uso de las diversas tecnologías en el ámbito educativo y del impacto negativo de la IA, quizás la más relevante pueda ser la pérdida de Interacción humana; pues como ya reflexionaba Roura, los estudiantes acceden a la información hoy en día sin necesariamente interactuar con un maestro o profesor que no únicamente transmite un conocimiento sino que va mucho más allá, porque ayuda al alumnado a desarrollar habilidades diversas como las sociales, emocionales y colaborativas, algo que una máquina no puede sustituir, el “face to face”, que en el ámbito educativo quiere decir la personalización del maestro para el alumno. Esto significa que se pierde esa paideia de la que habla el Papa. La tarea que tenemos por delante es sin duda entusiasmante.

La última prioridad del 10.3 que destaca el Papa para el ámbito educativo es la paz desarmada y desarmante; educando en lenguajes no violentos y en la construcción de puentes para que la escuela sea como la Bienaventuranza:  “Bienaventurados los pacificadores” (Mt 5,9) y sea esta un método y contenido del aprendizaje.

 Finalmente, León XIV nos hace una última reflexión sobre el sentido de la escuela y nos encomienda en este camino a la Virgen María y a todos los santos educadores.

“Pido a los pastores, a los consagrados, a los laicos, a los responsables de las instituciones, a los maestros y a los estudiantes: sean servidores del mundo educativo, coreógrafos de la esperanza, investigadores incansables de la sabiduría, artífices creíbles de expresiones de belleza. Menos etiquetas, más historias; menos contraposiciones estériles, más sinfonía en el Espíritu. Entonces nuestra constelación no solo brillará, sino que orientará: hacia la verdad que libera (cf. Jn 8, 32), hacia la fraternidad que consolida la justicia (cf. Mt 23, 8), hacia la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5, 5)”.

Desde el Movimiento Cultural Cristiano os invitamos a conocer estas pequeñas “constelaciones educativas” que son nuestras plataformas, editorial, campañas, Aula de verano y Casas de Cultura y Solidaridad.

 

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_letters/documents/20251027-disegnare-nuove-mappe.html#_ftnref4

https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_gravissimum-educationis_sp.html#

https://solidaridad.net/implicaciones-de-la-inteligencia-artificial-en-educacion/

 

 

 

 

 

 

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