El Desafío al feminismo de «sistema establecido»

En este día, reivindicamos a la legión de mujeres que formaron parte del movimiento obrero original; y de todas aquellas que desgastaron su vida, día a día, para acabar con las grandes lacras de la humanidad:  el hambre, las guerras, la explotación laboral y la violencia en todas sus formas.

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Se nos exige la valentía de ir contracorriente. Por eso, desde hace años, cada 8 de marzo, nos vemos en la responsabilidad de escribir acerca de este día. Especialmente por la  deriva ideológica a la que han sometido la cuestión de la mujer.

Adquirimos el compromiso de no olvidar el origen del Día de la Mujer Trabajadora. Este hecho, nacido en el seno del movimiento obrero, debe seguir siendo un estímulo para la vida asociada y  solidarida con los empobrecidos de la Tierra, cuya dignidad es pisoteada a cada segundo.

Es muy probable que los jóvenes que cursan ESO, Bachillerato, FP y Universidad en todo el “estado” y secundaron la huelga estudiantil “feminista” convocada por el Sindicato de Estudiantes desconozcan la verdadera historia del 8 de marzo.

En 1908, en la fábrica Cotton Textile Factory de Washington, un grupo de trabajadoras se declaró en huelga contra condiciones laborales insoportables. Reclamaban una jornada de 10 horas, descanso dominical, derecho a la lactancia y el fin de la esclavitud infantil. El dueño no aceptó la huelga, cerró las puertas de la fábrica y le prendió fuego. Murieron 129 mujeres.

Aquel día no solo fueron humilladas estas trabajadoras, sino toda una corriente histórica de liberación: el movimiento obrero. Una lucha que, en sus orígenes, defendió que la dignidad del trabajo debía estar siempre por encima del capital y el lucro.

El hecho de no olvidar la historia, nos permite continuar en esta corriente histórica de liberación, que no se puede hacer reclamando derechos corporativos.

Uno de los mayores errores de las ideologías modernas es haber infiltrado el veneno del individualismo. El liberalismo, sustentador del capitalismo, no es otra cosa sino exaltación del individualismo y la autodeterminación. Promete la emancipación de todas las cadenas que no es, a la postre, sino ruptura de los vínculos comunitarios que nutren y arraigan a los seres humanos.

Creemos firmemente que cualquier construcción política seria debe fundamentarse en la recuperación de esos vínculos. Sin embargo, el feminismo del «sistema establecido», se presenta como el instrumento  más grotesco del liberalismo, con lo cual , no es una revolución de los oprimidos; es una corriente apoyada por las élites y los poderosos que históricamente han silenciado y han sido indiferentes, no solo a sus problemas, sino a sus luchas solidarias y sus logros.

Desgraciadamente, este modelo de feminismo  se ha convertido en  dogma medular del sistema capitalista.  Se necesitan mujeres y hombres desvinculados y estériles, sin comprometerse en la transmisión de la vida. Y en esos planes,  la expansión de las doctrinas feministas ocupa un lugar irremplazable. Pues, para lograr lo que interesa al capital, hay que atacar la fuente de la vida. Es una estrategia más que archisabida.

Para ello, ha sido necesario el avance del totalitarismo en el que estamos viviendo, que se muestra, en ocasiones, amable y paternalista. Trata de moldear nuestras almas, dominar nuestra mente y cuerpo para que aceptemos gustosamente las reglas de esa tiranía. Lo que hizo fue brindar a la mujer una “liberación” que no era sino desarraigo antropológico al servicio del capitalismo.

En este día, reivindicamos a la legión de mujeres que formaron parte del movimiento obrero original; y de todas aquellas que desgastaron su vida, día a día, para acabar con las grandes lacras de la humanidad:  el hambre, las guerras, la explotación laboral y la violencia en todas sus formas. Tenemos presente, también,  los problemas  sangrantes de muchas mujeres, la mayoría pobres e inmigrantes, consideradas puras mercancías, que sufre violencia verbal, física y psicológica y son objeto de la “trata” y de consumo sexual.

Como señaló Fabrice Hadjadj, tenemos la «suerte» (o aubaine) de haber nacido en este tiempo difícil, donde la esperanza surge precisamente cuando los pronósticos son más oscuros. No podemos traicionar el verdadero «ser» de la mujer: construir una cultura de la VIDA frente a una sociedad que es cada vez más retrógrada y necrófila y  que avanza mediante la división, el aborto, la esclavitud, el hambre y la guerra… con sus leyes y afán de dominio.

Queremos seguir la senda de los que han construido historia de solidaridad desde el «poder de los sin poder». Como lo han hecho millones de mujeres a lo largo de los siglos, reivindicamos nuestra vocación de dar, crear, cuidar, educar y creer en la vida, siempre en comunidad con los hombres.

Terminamos con una preciosa poesía africana:

Te saludo, ¡Oh! Mujer

Mujer orgullosa de ser mujer,

Mujer orgullosa de ser MADRE

Guardiana del secreto

El gran secreto de la VIDA

El secreto de la ACOGIDA

El gran secreto del AMOR

 

Grupo Mujer de Profesionales por el Bien Común.

 

 

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