Encuentro en Madrid con FABRICE HADJADJ: Una invitación a la lectura

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Por Djares - Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3782528

CAMPAÑA DE PROMOCIÓN DE LA LECTURA SOCIAL

Si el individuo se deja dividir tan fácilmente es porque antes se ha separado de su historia y de su genealogía, se ha situado como un sujeto aislado, sin pertenencia, sin apellido, antes átomo que autónomo; y, por lo tanto, incapaz de resistirse a las sirenas del mercado.

En un tiempo donde las redes sociales, las pantallas están configurando nuestro cerebro y desvirtuando nuestra reflexión crítica, el pensamiento de Fabrice Hadjadj surge como una sacudida necesaria. Un mundo obsesionado con el éxito, la tecnología perfecta y el «transhumanismo» (la idea de superar nuestra humanidad mediante la técnica), Hadjadj defiende nuestra debilidad. Para él, ser limitado, mortal y dependiente no es un error de diseño, sino lo que nos permite amar de verdad. No es solo un filósofo; es un padre de familia numerosa y un converso que entiende mejor que nadie las esperanzas y heridas del hombre moderno.

Tenemos una oportunidad de oro: no solo podemos leerle, sino escucharle en directo en Madrid. En el homenaje a Guillermo Rovirosa y Julián Gómez del Castillo, cuyo tema a tratar es  UNA FE QUE SE HACE CULTURA. Este fin de semana de febrero (21 y 22), en  Madrid,

Fabrice Hadjadj será uno de los ponentes, cuya reflexión será: Una fe que se hace cultura, en  la Parroquia San Juan de la Cruz, Madrid (Salón de actos),  el sábado 21 a las 10:30h.

Fabrice Hadjadj nació en  Nanterre (1971). De padres judíos con ideología maoísta, Hadjadj recorrió el camino desde el nihilismo y el anarquismo hasta su conversión al catolicismo en 1998. La conversión de Fabrice Hadjadj es única y sorprendió a la intelectualidad francesa actual. Criado en un ambiente de ateísmo militante y fascinado por el nihilismo, su «caída del caballo» no ocurrió en una biblioteca, sino frente al misterio de la belleza y el sufrimiento.

Se describe a sí mismo como un «judío de nombre árabe y fe católica». Su paso al cristianismo en la Abadía de Solesmes, fue una rendición ante la evidencia de que la carne y la materia son sagradas. Por eso, su pensamiento huye de espiritualismos: para él, la fe se juega en la mesa, en la alcoba y en la calle.


ENCUENTRO-HOMENAJE EN MADRID ⇐INSCRIPCIÓN


Esta trayectoria le otorga una mirada única: entender desde la razón y el corazón la cultura que “nos ha tocado vivir”. En este sentido, Hadjadj tiene un libro titulado La suerte de haber nacido en nuestro tiempo: Un antídoto contra el pesimismo. Hadjadj nos recuerda que este tiempo de crisis es, precisamente, el mejor momento para ser cristianos y humanos.

Otro de los libros:  La fe de los demonios (o el ateísmo superado) es, posiblemente, su obra más provocadora que nos invita a plantearnos nuestra vida de fe.

En esta obra, Hadjadj nos lanza una serie de reflexiones:

.- Creer no basta: Los demonios también creen. Ellos tienen una precisión perfecta, saben que Dios existe y conocen las Escrituras mejor que cualquier teólogo. Saben que lo espiritual es real.

.-  El demonio es el «creyente puro» que carece de caridad. Hadjadj utiliza este contrasentido para denunciar una fe que se queda en ideología o en ritos externos pero que no se compadece del prójimo.

.- Hace una fuerte  crítica a la soberbia: el libro nos hace una llamada a una fe humilde, pequeña y encarnada, lejos de la soberbia del que se cree «dueño de la verdad». El orgullo del demonio consiste en despreciar la pequeñez humana; por eso, la humildad es la única herramienta que el mal no puede imitar.

El subtítulo del libro (o el ateísmo superado) es fundamental. Hadjadj sugiere que el verdadero peligro no es el ateísmo, que a menudo es solo una etapa de búsqueda o una honesta confusión, sino una fe que se queda en la cabeza y no baja al corazón.

El homenaje de este fin de semana, nos recordará que una fe que no se encarna en la promoción de los humildes y en la lucha contra la injusticia social corre el riesgo de ser una fe de “sistema establecido”.

«No me convertí para ser ‘bueno’ o para encontrar consuelo, sino porque la verdad era demasiado grande para seguir ignorándola. El cristianismo no es una espiritualidad que te saca del mundo, sino una fe que te mete de lleno en él». Fabrice Hadjadj

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