Ha MUERTO JOSEFINA… Y VIVE

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Testimonio vivo de que la fe en Cristo recrea al hombre cuando es en Cristo y en nadie ni nada más. Nació en la Castilla pobre de los años veinte y vivió las estrecheces de aquella época. El fariseismo moral la hizo emigrar a Madrid de donde esperaba volver para humillar a quienes la habían humillado antes. Pero Cristo, el Humilde, le salió al paso mediante el apostolado obrero y la humildad de Guillermo Rovirosa. La gran ciudad fue su camino de Damasco y la lucha obrera su tarea permanente. Y lo que podría ser resentimiento se convirtió en energía frente al franquismo y la versión falsa-burguesa del cristianismo.
Amó a la Iglesia entrañablemente y en ella se dejó abrazar por la Gracia de manera permanente.

Trabajó con entusiasmo en la editorial ZYX en las tareas de difusión cultural. Muchas veces puso el puesto de libros sin más compañía que la que da la comunión de los santos. Sin quejarse ni vanagloriarse. Tenida por iletrada, leía todos los libros, cosa que no hacían los universitarios, más pendientes de sus intereses particulares que de los apostólicos. También supo sortear la persecución de las fuerzas del des-Orden.

Continuó su aportación a la educación militante de jóvenes, a través sobre todo del Aula Malagón-Rovirosa. Decidió ir envejeciendo sin jubilarse de las tareas apostólicas e iba entregando, sin dosificaciones, sus energías en Ediciones Voz de los sin Voz. Era militante del sacrificio. Sin reclamar nada. De la fuente inagotable del sacrificio cristiano brotaban sus detalles, su especial forma de poner color a la pobreza.

Sin dejar sus tareas en las ediciones, sus últimas energías se gastaron en la Casa Emaús, patrimonio de los empobrecidos. Allí convirtió en ofrenda su altísima capacidad profesional de modista, que había tenido que abandonar por decisión médica. Y no lo hizo a ratos libres sino en jornadas de más de ocho horas.

De la misma manera que Rovirosa decía Soy Judas, ella decía No tengo fe. El lenguaje humilde de los santos. Sus palabras y su vida fueron un combate contra la buena conciencia (que el cardenal Newman denominaba la obra maestra del diablo).

Josefina fue fiel. Sobre el surco del sacrificio somos testigos del amor de Dios. Lo sabemos bien: ¡intercede por nosotros!