Janada Marcus: “les he perdonado en mi corazón y rezo por la redención de sus almas”

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por María Arratibel, Delegada de Ayuda a la Iglesia Necesitada en Navarra.

Ante las voces que, en occidente, describen el contexto de la violencia contra los cristianos en Nigeria como un conflicto tribal entre ganaderos y agricultores que, entre otras razones, estaría motivado por la sequía provocada por el cambio climático, el obispo nigeriano John Bakeni, de la diócesis de Maiduguri, responde que el extremismo religioso es un factor clave de la violencia en Nigeria, y afirma: «Debemos ser valientes y tener el coraje de nuestras convicciones para decir que, aunque las causas son complejas, el cambio climático nunca secuestró a las niñas de Chibok, ni mató a sacerdotes, ni quemó iglesias».

Uno de los últimos lamentables episodios de violencia contra los cristianos en Nigeria fue el asesinato del sacerdote Matthew Eya, alcanzado por disparos la noche del 19 de septiembre en el estado de Enugu, en el sureste del país. Según informó la Agencia Fides, el sacerdote regresaba a su parroquia cuando al menos dos hombres armados en motocicleta se acercaron a su vehículo y dispararon contra los neumáticos. Obligado a detenerse, recibió varios disparos a quemarropa.

Por otra parte, la Agencia Fides ha informado el 10 de noviembre del fallecimiento del seminarista Emmanuel Alabi, que fue secuestrado en Nigeria el pasado 10 de julio, como consecuencia de las heridas sufridas durante el secuestro.

Actualmente, en Nigeria operan varios grupos terroristas islámicos como Boko Haram o el ISWAP, siglas de Islamic State – West Africa Province (Provincia del Estado Islámico en África Occidental) que en ocasiones actúan juntos, pero también han tenido episodios de enfrentamiento armado entre ellos.  El yihadismo está en expansión en todo Centroáfrica, creando una situación de caos que facilita el tráfico de armamento y el entrenamiento y desplazamiento de terroristas que, en numerosas ocasiones, actúan con total impunidad. A esta situación de inseguridad se suma la proliferación de grupos armados de bandits (bandidos), especialmente en el noroeste del país, que han creado una auténtica “industria del secuestro” y que, en ocasiones, atacan vestidos de negro y gritando eslóganes yihadistas.

Desde Nigeria llegan testimonios como el de la joven Janada Marcus. Ella y su familia lograron en dos ocasiones escapar ilesos del ataque del grupo yihadista Boko Haram. “El 20 de octubre de 2018, fue el día en que la luz se apagó en mi vida. Estábamos en nuestra granja en Maiduguri, trabajando alegremente y entonando himnos católicos para levantar el ánimo, cuando de pronto nos vimos rodeados por Boko Haram”. En aquel momento, los terroristas apuntaron a su padre y le dijeron que les dejarían en libertad si mantenía sexo con su hija. “No pude contener las lágrimas, temblaba. Mi padre nos miró a mi madre y a mí, pero yo evité devolverle la mirada porque me daba vergüenza. ¡Aquello era una abominación!”. Su padre inclinó la cabeza en señal de sumisión y respondió: “Antes prefiero morir que cometer esta aberración”. Al oír eso, uno de los hombres sacó un machete y le cortó la cabeza.

Dos años después, la joven fue secuestrada por terroristas cuando iba de camino a una oficina del gobierno. “Me llevaron al monte, donde durante seis días me torturaron emocional, física y mentalmente. Sufrí tal cantidad de experiencias terribles y perversas -algo inenarrable- que aquellos seis días me parecieron años. El 15 de noviembre de 2020 me dejaron en libertad y mi madre me llevó al Centro de Atención al Trauma gestionado por la diócesis de Maiduguri”.

El padre Fidelis, psicólogo clínico y sacerdote, dirige el Centro de Atención al Trauma de Maiduguri, -proyecto apoyado por Ayuda a la Iglesia Necesitada- donde se ha atendido psicológica y espiritualmente a más de 2.000 personas que han podido sanar sus heridas y perdonar a quienes les persiguen.

Janada relata esa experiencia de sanación: “Al principio mi experiencia me alejó de Dios. Me era difícil confiar y volver a Él. ¿Dónde estaba Dios cuando mataron a mi padre, cuando me torturaban? Tras mi proceso de sanación, encontré respuestas a mis preguntas. He aprendido que Dios nunca me ha abandonado. Pese a todo lo que he sufrido, seguiré confiando en Él y le serviré durante el resto de mi vida”. (…) “Es difícil perdonar a mis agresores y olvidar, pero les he perdonado en mi corazón y rezo por la redención de sus almas”