Crisis en Kazajistán: algo más que precios de la energía

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La velocidad a la que se desplegó la violencia cogió a muchos por sorpresa, tanto a nivel local como en toda la región, y sugiere que no se trata solo del alza de los costos de energía.

Tropas formadas por una alianza militar liderada por Rusia han sido enviadas para aplacar la violencia después de que el presidente kazajo, Kasim-Yomart Tokaev, solicitara ayuda.

Además del precio del combustible hay otros motivos políticos para el descontento. Kazajistán es descrito como un país autoritario y la mayoría de las elecciones las gana el partido gobernante con casi el 100% de los votos. No existe oposición política efectiva.

Tokaev asegura que las protestas son obra de «bandas terroristas» entrenadas en el extranjero. Rusia busca ayudar al gobierno en la «operación antiterrorista» y en «estabilizar» el país.

¿Cómo se llegó a este punto y por qué son importantes estas protestas?

Las protestas comenzaron después de que las autoridades de la exnación soviética rica en petróleo levantara los límites de precios del gas licuado de petróleo, que muchas personas usan en sus automóviles, lo que causó un aumento en los precios al consumidor.

La indignación estalló el domingo en una localidad y para el martes la mayoría de las ciudades y pueblos del país veían concentraciones masivas y enfrentamientos con la policía.

Las manifestaciones rápidamente se volvieron violentas cuando la policía utilizó gases lacrimógenos y granadas paralizantes, y posteriormente fuego real (estos últimos días), contra una multitud de miles de personas en la ciudad principal y antigua capital de Kazajistán, Almaty.

El miércoles se declaró estado de emergencia en muchas partes de Kazajistán, pero miles seguían saliendo a las calles. El servicio de internet fue reportado como caído en numerosas partes del país. Esta caída trajo consigo también una caída en la generación de bitcoin mundial y de su precio, ya que el país tomó el relevo de China en la producción de los mismos (minería de bitcoin).

El presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokaev, destituyó a su gabinete, culpándolo de permitir los disturbios, y este jueves restauró los bajos precios del combustible «para asegurar la estabilidad en el país».

Los manifestantes respondieron asaltando la oficina del alcalde en Almaty y prendiéndole fuego.

Como respuesta este viernes, el líder autoritario del país, Kasim-Yomart Tokaev, dijo que había ordenado a las fuerzas de seguridad que «disparen sin previo aviso«, en medio de una violenta represión de las protestas.

Tokaev también informó que «20.000 bandidos» habían atacado la principal ciudad del país, Almaty, que se ha convertido en el epicentro del conflicto.

Asimismo los ha tildado de «terroristas» entrenados en el extranjero, sin dar pruebas de ello.

Según el Ministerio del Interior, 26 «criminales armados» y 18 agentes de seguridad han muerto hasta ahora.

Kazajistán, rico en petróleo y gas, es el país más influyente de Asia Central, responsable del 60% del PIB de la región.

Es el noveno país de mayor tamaño del mundo, pero tiene una población relativamente pequeña de 18,8 millones de personas.

Kazajistán declaró su independencia en 1991 durante el colapso de la Unión Soviética. Durante muchos años estuvo dirigido por Nursultán Nazarbáyev, quien se convirtió en primer ministro del país en 1984, cuando todavía era una república soviética.

Más tarde fue elegido presidente en unas elecciones sin oposición, y su gobierno ha estado marcado por elementos de culto a la personalidad, con estatuas de él erigidas en todo el país y la nueva capital rebautizada con su nombre.

Nazarbáyev finalmente dio un paso al costado en 2019, en medio de inusuales protestas contra el gobierno que trató de calmar con su renuncia.

El presidente Tokaev, su sucesor designado a dedo, fue elegido en unos comicios anticipados que fueron criticados por observadores internacionales.

A pesar de que ya no está en el poder, Nazarbáyev sigue siendo influyente y los analistas dicen que las protestas actuales están dirigidas principalmente contra él.

En los casi tres años transcurridos desde su renuncia, muy poco ha cambiado y muchas personas en Kazajistán están molestas por la falta de reformas, el bajo nivel de vida y las limitadas libertades cívicas.

Kate Mallinson, del Real Instituto de Asuntos Internacionales (también conocido como Chatham House), le dijo a BBC Rusia: «Nazarbáyev tenía una especie de pacto social con la población de Kazajistán».

«La gente era leal al régimen, porque veía que la situación económica estaba mejorando», añadió.

«Pero a partir de 2015 empezó a empeorar, y en los últimos dos años, durante la pandemia de covid, la tasa de inflación en Kazajistán ha sido muy alta», explicó.

La mayoría de las elecciones en Kazajistán las gana el partido gobernante con casi el 100% de los votos y no existe una oposición política efectiva.

El aumento del precio del gas licuado, combustible tradicionalmente barato que se utiliza para el transporte público y privado en Kazajistán, fue la gota que colmó el vaso.

¿Qué quieren los manifestantes?

A pesar de la destitución del gobierno y la reducción de los precios del combustible, los manifestantes no dan señales de querer abandonar las calles.

Habiendo aprendido la lección de 2019 con la renuncia de Nazrabáyev, se dan cuenta de que el cambio en el gobierno no siempre trae los resultados deseados.

Ahora la pregunta que se hacen en las calles y plazas centrales de innumerables ciudades y pueblos del país es: «¿Qué han hecho las autoridades por nosotros en los últimos 30 años?«.

La ciudad de Janaozen, en la provincia de Mangystau, en el suroeste de Kazajistán, se convirtió en uno de los principales focos de los disturbios actuales.

Esta ciudad también fue un punto central durante las grandes protestas anteriores: en 2011, al menos 14 trabajadores petroleros murieron en una represión policial contra una protesta por las condiciones salariales y laborales. Más de 100 resultaron heridos.

Ahora, una vez más, Janaozen se convirtió en un centro de protesta y allí los activistas han presentado cinco demandas principales:

  • Cambio real de gobierno.
  • Elecciones directas de gobernadores locales (actualmente, los jefes de región son nombrados por el presidente).
  • Retorno de la constitución de 1993 que limitaba los términos y poderes del presidente.
  • No persecución de activistas de la sociedad civil.
  • Permitir que personas ajenas al régimen actual ocupen puestos de poder.

No hay líderes claros o bien establecidos de estas protestas. Los analistas señalan que durante décadas toda la disidencia fue sofocada en las etapas más tempranas y que la democracia electoral en Kazajistán efectivamente no existe.

El politólogo Grigorii Golosov, de la Universidad Europea de San Petersburgo, le dijo a BBC Rusia que al tomar las calles la gente encontró una manera de ser escuchada.

«Bajo condiciones autoritarias, la protesta callejera es una reacción normal de la población a las medidas económicas impopulares«. sostuvo.

Pero el apoyo al sistema reinante viene de Rusia y China, nada más y nada menos.

Fuente BBC/EL Confidencial/