Aznar y Guinea Ecuatorial

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Que el régimen de Teodoro Obiang violaba sistemáticamente los derechos humanos era una evidencia que nadie se atrevía a negar. Hasta que apareció el negocio petrolero. A partir de ese instante había que ocultar cualquier información política procedente de Guinea Ecuatorial, mientras las petroleras entraban en el país. Repsol consiguió un contrato con Malabo en junio de 2003. La ministra Ana Palacio firmó un acuerdo sobre “protección de inversiones mutuas” y un compromiso para formar a miembros del ejército de Obiang en España. El dictador cobra comisiones millonarias que coloca en bancos gringos y suizos…

Por Rafael Morales
Fuente: CanariasAhora.com

La fragata Canarias partió de la base de Rota junto al buque de aprovisionamiento Patiño con rumbo a Guinea Ecuatorial. Nadie informó sobre este viaje. La noticia surgió sólo cuando llegó la orden al Canarias de regresar al puerto español y comenzaron las preguntas. ¿Qué buscaban dos buques de guerra en la antigua colonia? ¿Por qué dio alguien la orden de regresar? Silencio. El gobierno de Aznar apenas balbuceó que se trataba de una visita de “cortesía”, algo difícil de digerir dado el secretismo del acontecimiento y porque otra noticia aseguraba que el presidente Obiang solicitó este apoyo ante la inminencia de un golpe de Estado.

Que el régimen de Teodoro Obiang violaba sistemáticamente los derechos humanos era una evidencia que nadie se atrevía a negar. Hasta que apareció el negocio petrolero. Aminoraron las críticas a partir de ese instante y la diplomacia desplegó su arma preferida: ocultar cualquier información política procedente de Guinea Ecuatorial, mientras los grandes buitres del negocio petrolero, empezando por los gringos, entraban a saco en el país. España, quiero decir Repsol, llegó algo tarde al expolio, cuando la producción alcanzaba ya los 400.000 barriles diarios. Repsol consiguió un contrato con Malabo en junio de 2003. El dictador visitó al presidente Aznar en diciembre. Unas semanas antes, la ministra Ana Palacio firmó un acuerdo sobre “protección de inversiones mutuas”, pero además un compromiso para formar a miembros del ejército de Obiang en España al tiempo que Aznar envió expertos de la Guardia Civil para enseñar a los gendarmes ecuatoguineanos a controlar las fronteras. La ministra viajó posteriormente a Malabo con la idea de amarrar y bendecir el acuerdo de Repsol.

Obiang organiza los rumores de golpe de estado cada vez que reinicia la represión abierta contra la oposición. Algo coincidente con las convocatorias electorales que ningún país ni organización internacional reconocen como democráticas. La Asociación para la Solidaridad Democrática con Guinea Ecuatorial (ASODEGUE) advirtió, durante la última visita de Obiang a Madrid, que “la denuncias de intentos de golpes de estado es el método con el que se purga y renueva las fidelidades al sistema guineano”. Quienes necesitan protección son los líderes de la oposición perseguida y no el dictador. Aznar está abandonando a quienes luchan por la democracia en nombre de los negocios de Repsol. Así de simple. Que la defensa de los derechos democráticos sobraba en la agenda exterior del gobierno del PP (salvo en el caso de Cuba, estaría bueno) se sospechaba hasta que Aznar se sumó a la aventura iraquí en nombre de… la democracia. No del petróleo ni de negocio alguno, que conste.

Hay ocasiones en las que descubrir el oro negro se transforma en una desgracia. Los gringos, por ejemplo, que detestaban a Obiang, ahora lo adoran, miman y protegen. Sectores de la oposición llegaron a suponer que Washington les ayudaría a quitarse la dictadura de encima. La ilusión terminó cuando creció el negocio petrolero. Teodoro Obiang y su clan se están poniendo las botas. El dictador cobra comisiones millonarias que coloca en bancos gringos y suizos. Nadie conoce los ingresos reales de la explotación del petróleo. ¿Crean al menos empleo las petroleras gringas? Pues sí, unos 500 puestos de trabajo (los hermanos de Obiang reparten el empleo disponible) frente a los 6.000 que ocupan trabajadores estadounidenses, cuyos sueldos alcanzan cantidades muy superiores al recibido por los obreros y técnicos ecuatoguineanos, además de trabajar la mitad.

El Departamento de Información sobre Energía del gobierno de Estados Unidos informaba de lo siguiente en septiembre del año pasado: “ A pesar del rápido incremento del producto interior bruto (el PIB se duplicó entre 1998 y 2003) hay pruebas sustanciales de que el gobierno se apropia indebidamente de los ingresos derivados del petróleo, en particular para gastos personales suntuosos. Además, el fracaso del gobierno en destinar estos fondos para el muy necesitado desarrollo de las infraestructuras del país, ha tenido como consecuencia una escasa mejora de la economía y el bienestar de la mayoría de los ecuatoguineanos”. Si ellos hablan así de sus amigos, de una banda de asesinos y ladrones sin escrúpulos, ¡cómo será la cosa!