Curso de fe y ciencia: un encuentro con Dios

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Cuando nos planteamos los problemas humanos nos encontramos ante la complejidad de la realidad.

Esta complejidad es como una esfera poliedrica: en ella están interrelacionadas los problemas del conocimiento de la realidad, de la moral o ética, de la política, la base filosófica y antropológica y la entraña religiosa de todo problema humano.

Esta estructura de la realidad nos lleva a afrontar los problemas humanos desde la colaboración y la relación de todas las ciencias. Ademas, la ciencia la hace el propio hombre. Nace de su capacidad para buscar, descubrir y descifrar la verdad de la realidad del mundo y de sí mismo.

Las aportaciones de los profesores Juan Arana y Agustin Udias nos ayudaron a ver las relaciones entre la ciencia y la religión en los grandes científicos de nuestra época. También reflexionamos sobre cómo en la historia se ha resuelto la relación entre la religión y la ciencia. Desde esta perspectiva histórica percibimos el reto del siglo XXI de dialogar la religión y la ciencia desde el respeto de la autonomía de ambas y la necesidad de dialogar desde sus descubrimientos.

En las relaciones entre la ciencia y religión percibimos dos niveles:

  1. En el nivel de los grandes investigadores se percibe un profundo respeto y dialogo entre la su actividad científica y su experiencia religiosa.
  2. En el nivel de la opinión publica y de la difusión masiva de los conocimientos científicos se sigue con una concepción donde religión y ciencia se excluyen. Esta postura es del pasado y esta sujeta a intereses que se apartan del amor a la verdad y sirven a intereses de dominio y explotación.

El testimonio de Jerome Lejaune, genetista francés, que descubre la causa del Síndrome de Down, fue perseguido desde el día que defendió la vida humana y denunció a la OMS como institución de planificación de muerte. Su altura científica y de investigación le llevaron a las puertas del premio Nobel, el cual, le fue negado porque en su discurso ante la comunidad científica denunció como el arte de la medicina no era matar vidas humanas. Nunca tuvo consulta privada, practica común en sus colegas médicos en Francia, sino que atendía en su consulta del hospital a mas de 8000 pacientes. La defensa de la ciencia, la verdad, y la dignidad humana le llevaron a la mas fuerte persecución.