Davos se muda a Singapur

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La pandemia lo cambia todo. Hasta el club de debate privado más famoso del momento, el Foro de Davos, es decir, el Foro Económico Mundial, oficializado ya por Suiza como “Organización Internacional”, se muda este año de una meca de adoración suprema de mamón, Suiza, a otra, Singapur, para debatir en mayo presencialmente sobre su tema del momento: “el Gran Reinicio”.

por Rainer Uphoff

Como los participantes de la cita original de enero en Davos ya se habían reservado el hueco habitual en su agenda, aprovecharon y nos dieron sus lecciones (si alguien encuentra algún conato de diálogo abierto, me avisa, por favor) por videoconferencia. Han pasado por la pantalla todos los jefes de gobierno del G7, con dos notables ausencias: Reino Unido, con Johnson castigado por los globalistas por ser culpable del Brexit, y EEUU., destronados del liderazgo mundial tras cuatro años de aislacionismo Trump, al menos en la visión de China, y con Biden aún despistado. También aparecieron telemáticamente Putin, el BCE, el FMI…

Y, por supuesto, desfiló por las pantallas esa maravillosa retahíla siempre presente de bien alimentados representantes de una “sociedad civil” imaginaria, engordada por los poderosos: desde el lobby de las vacunas GAVI con apariencia de ONG hasta multinacionales de la solidaridad como Oxfam, sindicatos oficialistas, los ecologistas pro-sistema del WWF, todos ellos jaleados, además, por el habitual ecosistema de animadoras­–inquisidoras del generismo e indigenismo chic (que ningún “indígena” de Bolivia, del Chad o de Suiza reconocería como representante suyo pero que vive bien del cuento), con su catecismo sobre cómo “les persones modernes y politiquemente correctes” deben pensar y actuar para dotar de legitimidad a las instrucciones que nos dieron los Grandes.

Una legitimidad que el propio Foro reconoce cuestionada cuando en el vídeo de presentación oficial de este año, asombrosamente a la defensiva, admite que las llamadas por la globalización de los diferentes líderes “podrían interpretarse como si existiera una conjura universal por el gobierno mundial”. Pero no, anuncia el vídeo, no debemos preocuparnos por eso porque “el mundo es mucho más complejo que eso”. Signifique lo que signifique “complejidad” para los líderes del foro.

¿En qué consiste ese “gran reinicio”?

Desde 2016, el Foro giraba alrededor de la “cuarta revolución industrial” (la confluencia de las biotecnologías con la inteligencia artificial para sustituir los trabajos administrativos, robotización para acabar con los trabajos manuales, 5G para que no se les escape nada de lo que hagamos, etc.). Un video del Foro de 2017 promete ocho grandes cambios en nuestra forma de vivir de aquí al 2030 (en cursiva una posible lectura alternativa):

  1. No tendrás propiedades y serás feliz. Podrás alquilar cualquier cosa que necesites, y te la llevará un dron a casa.
    El Gran Poder capitalista expropiará a sus súbditos igual que lo hizo el comunismo a fin de privarle de la seguridad y libertad de poder tomar decisiones autónomas y personales. Además, se eliminará el trabajo para personas menos cualificadas, como los repartidores, que pasarán a ser Grandes Dependientes del sistema.
  2. EEUU. no será la primera potencia mundial. Un puñado de países le sustituirán.
    China reclama su sitio. No hay un “puñado” de países.
  3. No tendrás que esperar tu trasplante de órgano. Ya no se trasplantarán, sino se “crearán”.
    Aceptaremos el transhumanismo, los implantes, ser un Cyborg televigilado en todas nuestras constantes vitales y existenciales.
  4. Comerás menos carne. No será un alimento básico para el bien del medio ambiente y de tu propia salud.
    Te diremos hasta lo que tienes que comer y crearemos una moral alimenticia para que te sientas culpable o ejemplo para los demás con nimieces como esta.
  5. Mil millones de personas tendrán que desplazarse por el cambio climático. Tendremos que integrar mejor a estos refugiados.
    Que sepas que no hay pobres. Sólo refugiados por el cambio climático. No hay víctimas por las injusticias económicas, sólo desplazados por la naturaleza que serán recibidos con los brazos abiertos porque necesitaremos unos cuantos esclavos.
  6. Las empresas tendrán que pagar por emitir dióxido de carbono. Esto acelerará la desaparición de los combustibles fósiles.
    Sólo permitiremos fuentes de energía gestionadas digitalmente. Que no existan economías paralelas fuera de nuestro control.
  7. La humanidad podrá viajar a Marte. Los científicos están trabajando para facilitar la investigación desde el espacio.
    Los transhumanos estarán preparados para ir a colonizar marte. Atrás quedaremos los mortales que tendremos que alquilar hasta los órganos impresos a 3D para seguir viviendo.
  8. Los valores occidentales serán puestos a prueba. Los valores que sustentan nuestras democracias deben ser considerados.
    Al basurero de la historia el grito de Libertad, Igualdad, Fraternidad (versión francesa), Unidad, Justicia, Libertad (versión alemana) o Unidad, Justicia, Paz, Bienestar y Libertad (versión norteamericana). Fuera los Derechos Humanos y demás fósiles culturales de origen cristiano. Que nadie diga a los poderosos lo que está bien y lo que está mal y, por supuesto, no se considere legitimado por ningún valor a luchar contra sus agresiones e injusticias, porque sólo ellos serán dios. Especialmente, Xi Jinping.

Podría dar risa leer esta tecnoutopía. Dentro de 100 años nos provocará una sonrisa similar como ver hoy “El viaje a la luna”, película de ciencia ficción de 1902. Pero el poder que se ha conjurado alrededor de estos enunciados ideológicos (al final no es ni más ni menos que eso), es enorme y no podemos simplemente encogernos de hombros ante sus anuncios.

En el foro de este año pasamos del “qué al cómo”: tras años de definir la estrategia, toca pasar al plan de acción. Como otras veces, las grandes think-tank de las multinacionales del conocimiento McKinsey y Boston Consulting Group definieron título y temario: “El gran Reinicio”.  Xi Jinping lo dejó claro en su conferencia inaugural: ya no existe una supremacía de ningún estado sobre otro (léase de EE.UU. sobre China), ya nadie puede interferir en los asuntos internos de otro (léase defender en China a musulmanes, cristianos o demócratas) y la pandemia ha demostrado al mundo la necesidad de actuar juntos contra el virus (léase someterse al nuevo orden mundial liderado por China, un orden mundial libre del sentimentalismo de los derechos humanos y que promete respetar a cualquier régimen totalitario o dictador siempre que cumpla las reglas del Gran Timonel mundial).

Ya sabemos incluso el tema del año que viene porque suele coincidir con el título del último libro anunciado bajo la supuesta autoría del fundador y presidente del Foro, el Bilderberger Klaus Schwab, pero habitualmente escrito por McKinsey: Stakeholder Capitalism. Es un término intraducible al español que significa algo como “capitalismo gestionado por todos sus implicados y afectados (accionistas, gobiernos, ciudadanos afectados, clientes…)”. Tocará convencernos de que el tigre puede ser vegetariano mientras no deja de tragarse cada vez más realidades sociales, políticas, económicas y culturales. Algo están tramando cuando los grandes CEOs anuncian que el “capitalismo actual ya no es sostenible”. Pasamos pues a su siguiente vuelta de tuerca.

En resumen: Xi Jinping está pletórico porque piensa que ya no tiene adversario en el largo plazo

En resumen: Xi Jinping está pletórico porque piensa que ya no tiene adversario en el largo plazo. El gran capital mundial también, porque tiene un defensor que tiró por la borda el hipócrita discurso de los “derechos humanos” con los que se excusaban los poderes occidentales y viene de una cultura milenaria en la que la persona no tiene libertad, y el poder político hasta tiene derecho a subir y bajar la fertilidad de las familias en función de las conveniencias económicas y políticas (algo que, en occidente, se ha encomendado a la ideología de género).

Todo esto podría parecer preocupante y hasta descorazonador hasta extremos nunca conocidos en la historia porque, si creemos a estos prohombres de la nueva patria mundial, sólo habrá lugar para aquellos que se someten a sus dictados cada vez más perversos y menos disimulados.

Pero no cuentan con cómo es el ser humano, por mucho que nos quieran destruir todo resquicio de pensamiento crítico y valores solidarios con un ejército de influencers y series de Netflix o HBO. Llama poderosamente la atención como sólo tienen en consideración a dos mil millones de personas que viven bien en Occidente y China, consintiendo, además, un ejército de mil millones de esclavos, llamados “refugiados climáticos”. Los otros cinco mil millones de habitantes de la tierra, los pobres, no se mencionan. Se ignoran. Sobran. El nuevo capitalismo globalista, que nos quiere hacer creer que el virus que hace enfermar la tierra no es él, sino “la superpoblación”, quiere una tierra con sólo dos mil millones de habitantes (más los esclavos).

Todos los regímenes que ignoraron el poder de los pobres, de su sabiduría real, de sus familias escuelas de solidaridad vivida, de su lucha común por un ideal justo y de ser los únicos guardianes del tesoro más apreciado, el sentido de la vida, al final demostraron tener los pies de barro. Los poderosos lo saben y por eso hacen lo posible para alienar a “los de abajo” con pan y circo, o sea, porros, cerveza y futbol, Tiktok, Fortnite, Netflix… O de emprender genocidios. Pero las víctimas al final descubren que lo son y descubren el poder de su unión.

Defendamos un mundo sin banderas ni fronteras ni discriminación. El primero que lo proclamó fue san Pablo en el Nuevo Testamento: no hay griego ni judío, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer. No son valores “occidentales” sino universales. Por tanto, no consintamos que ninguna ideología ni ninguna imposición totalitaria nos los robe. Junto a jamás permitir desmontar los derechos humanos, es la base para la convivencia entre personas y pueblos.