Declaraciones del filósofo Robert Spaemann sobre el aborto y la adopción por homosexuales

2944

El filósofo alemán afirmó que en muchas ocasiones se hace política manipulando las palabras. Para Spaemann «la difusión del aborto» obedece a una tendencia vigente desde hace tiempo, por la cual «la dignidad de la persona se define según el concepto de conciencia actualizada». El defensor más conocido de esta postura, Peter Singer, ha llegado a afirmar que «la vida de un cerdo adulto es más valiosa que la de un recién nacido». Cualquier ser humano que no entre activamente en el «estado de conciencia»: los no nacidos, los dementes, los ancianos o incluso los menores de dos años, no deberían ser considerados personas. Siguiendo esta teoría se podría afirmar también que una persona que duerme no es persona, no tiene dignidad.

Agen11cia Veritas 2004-05-31

El filósofo alemán Robert Spaemann, conocido especialmente por sus trabajos en el ámbito de la filosofía práctica, mantuvo esta mañana en Madrid un encuentro con periodistas, en el que se refirió a algunas cuestiones presentes en la opinión pública, como el aborto, la adopción de niños por parte de homosexuales o el uso de la televisión.

Para Spaemann «la difusión del aborto» obedece a una tendencia vigente desde hace tiempo, por la cual «la dignidad de la persona se define según el concepto de conciencia actualizada». El defensor más conocido de esta postura, Peter Singer, ha llegado a afirmar que «la vida de un cerdo adulto es más valiosa que la de un recién nacido».

Cualquier ser humano que no entre activamente en el «estado de conciencia»: los no nacidos, los dementes, los ancianos o incluso los menores de dos años, no deberían ser considerados personas. Siguiendo esta teoría se podría afirmar también que una persona que duerme no es persona, no tiene dignidad.

Para Spaemann, la postura de Singer y sus seguidores «tiene consecuencias enormes que en el fondo nadie desea». El filósofo afirmó que «detrás del aborto cada vez más libre no hay argumentos convincentes sino una «voluntad de poder» propia de las sociedades hedonistas».

Respecto a la adopción de niños por parejas homosexuales, el filósofo dijo que «primero hay que mirar las circunstancias y el ambiente donde se va a introducir al niño, de modo que sea lo más sano y normal posible».

Además, el pensador hizo notar que los niños adoptivos provienen ya de situaciones problemáticas, y que tanto en este caso como en el de los niños que son abortados «no se habla del interés del niño».

«En los dos casos, el niño está sólo para que los adultos consigan su satisfacción», añadió y dijo que «en una adopción, es irresponsable no partir del interés del niño».

Spaemann dijo que hablar de matrimonio como algo normal para las uniones homosexuales es hacer «un juego de palabras», porque «el matrimonio se refiere a la unión entre un hombre y una mujer, es decir entre dos sexos, que además de quererse están abiertos a la vida mediante la reproducción».

A este respecto, el filósofo afirmó que la crisis de la filosofía occidental es sobre todo una crisis del pensamiento «porque las cosas empiezan con frecuencia por ideas equivocadas y por falsas palabras». Spaemann dijo que en la actualidad «se hace políticas con palabras» y recordó la sentencia de Confucio según la cual «el gobernante debe atender que el sentido genuino de las palabras no sea corrompido».

Spaemann continúo explicando las diferencias entre matrimonio y uniones homosexuales y criticó como «débil» el argumento según el cual la unión homosexual debería regularse por ser «una comunidad solidaria que se quiere».

«Si fuera un argumento sólido no sería razonable limitar a 2 personas esas comunidades, por qué no regular también las uniones de 3, 4 o 7 personas, por qué no regular la convivencia de un abuelo y su nieto o de las comunidades religiosas», se preguntó.

El filósofo recordó que en Francia se hizo la propuesta de ampliar esos «pactos civiles» y los homosexuales protestaron porque querían ese privilegio en exclusiva.

Por otra parte, el pensador recordó que «cuando se empezó a hablar públicamente de los homosexuales, éstos demandaban al Estado que no debía inmiscuirse en la privacidad, ahora es al revés, parece que el Estado debe preocuparse de lo que pasa en la alcoba».

«Al menos hay dos argumentos por los que el Estado debe mezclarse en asuntos sexuales: para proteger a los menores de edad y para asegurar la continuidad de la sociedad», añadió, y concluyó su argumentación diciendo que «por eso el Estado debe estar interesado en la protección de la familia que asegura esas cosas», dijo.

Finalmente, y respecto al uso de la televisión en la sociedad actual, Spaemann coincide con Popper en considerarla «la amenaza mayor de la democracia».

«Es inquietante que la mayor parte de la población dependa cada vez más en su tiempo libre de lo que un pequeño grupo de personas diseña para ellos», afirmó.

Además de «anular la creatividad de los niños y las relaciones interpersonales», la televisión presenta todo como algo normalizado, donde toda distinción entre la normalidad y la perversión se relativiza. Al final, la visión del mundo se desprende de la televisión y todo vale lo mismo».


Spaemann denuncia al relativismo como «el nuevo dogma de la sociedad actual»

Según el filósofo alemán «los hombres no aguantan vivir sin convicciones»

El filósofo alemán Robert Spaemann, se refirió hoy durante un encuentro mantenido en Madrid con algunos periodistas a la crisis de convicciones firmes que afectan a la sociedad europea y advirtió sobre los peligros que entraña considerar «la tolerancia» como el valor supremo.

Para este especialista en filosofía práctica, «el problema específico del laicismo es haber hecho de la tolerancia el valor supremo de Europa. La tolerancia es un valor porque es necesario para asegurar la convivencia pacífica, pero entonces el valor es la paz y no la tolerancia».

«Si toleramos las convicciones que consideramos falsas es porque son convicciones de personas, por respeto a esas personas, por eso somos tolerantes. Si elevamos la tolerancia al rango de máximo valor se entra en una curiosa dialéctica: una persona con convicciones profundas que piense que la otra está equivocada se convierte en intolerante, pero entonces la tolerancia ya no protege los valores personales sino que las convicciones se convierten por definición en intolerantes», afirmó.

De esta situación se desprendería, según Sapemann, un mandamiento nuevo que en lugar de decir «tú debes respetar otras convicciones» sostendría «tú no debes tener convicciones».

«Una idea errónea no se puede superar renunciando a toda convicción sino con una convicción superior. No se respetan las ideal falsas, sino a las personas que defienden ideas equivocadas», añadió.

El «nuevo dogma del relativismo» afirmaría que no hay nada verdadero ni falso, bueno ni malo, sólo opiniones, de modo que «un hombre ilustrado sería alguien que en el fondo no cree en nada». Pero para el filósofo «el relativismo en una sociedad es indicio de decadencia» y atrae el peligro de que «aparezcan nuevos bárbaros con convicciones arraigadas y firmes que no respeten las convicciones ajenas».

Ante el terrorismo islámico que apela a la voluntad de Dios, Spaemann dijo que caben dos réplicas, «la cristiana, que puede responder que hacer eso no es la voluntad de Dios» o «esperar a que los islamistas prosperen en nuestra sociedad y dejen de creer en Dios», pero ésta es una respuesta débil, porque «si Dios es la palabra para designar aquello con lo que no transigimos, las gentes que dicen no a la corrupción son fuertes».

Spaemann dijo que no es fácil descubrir si en la sociedad actual se busca o se rehuye a Dios: «Es difícil decir cuando un hombre busca a Dios. La pregunta decisiva es ¿buscamos algo para satisfacer nuestras propias necesidades, incluso las religiosas o buscamos algo que sea más grande que uno mismo, algo para lo que podamos vivir, a cuyo servicio compense poner la vida?»

«En una sociedad hedonista, donde todo se define por la necesidad de consumo, Dios no tiene sitio. Pero a la larga los hombres no aguantar vivir así. Al final triunfarán los que tengan la convicción de algo que trasciende al hombre y a cuyo servicio vivir», afirmó.

La situación actual europea parece anunciar que «el cristianismo ocupará el lugar que tuvo al principio como grupo minoritario, subversivo, conciente de ser una minoría y no la mayoría europea».