En las manifestaciones de emergencia por el clima ¿qué lugar ocupan los empobrecidos?

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Hoy hay una huelga mundial por el clima, por la preservación del planeta, ¿pero que peso tienen los empobrecidos en este movimiento? Ninguno

Los empobrecidos son orillados en estas luchas generadas en tubos de ensayo sociológicos como lo es esta Campaña de la Emergencia Climática. Campañas como esta hemos conocido bastantes (hambre cero, 0,7%…), y al final se han covertido en la coartada perfecta de las transnacionales y su decisión de cargar sobre los pobres el cambio tecnológico.

Si durante los años 70, 80 y 90 se trasladaron muchas de las industrias contaminantes a los países empobrecidos, ahora, cuestiones como el impulso inversor de las grandes compañías mundiales en el coche eléctrico, generarán más esclavitud y violencia, en paises como el Congo.

A la vez que nos sacudimos el CO2 de la ropa (relativamente porque la energía eléctrica de carga también hay que generarla), mueren millones de personas en la batalla interminable de los nuevos minerales y materiales de la revolución 4.0

¿Habrá huelga para esto? creemos que no.

Una visión burguesa de la vida de la cultura actual, hace imposible ver a los empobrecidos a unos pocos centímetros.

La imagen repetida en muchos telediarios de los pobres talando madera para hacer un fuego, predominan sobre la tala de madera de las multinacionales en África, todo está bien orquestado para manipular a millones de adolescentes en todo el mundo.

El Norte «consume» al Sur. Sino véase como un ejemplo entre muchos este mapa de consumo del café en el mundo publicado por El Orden Mundial. Consumo que esconde detrás los precios de hambre para el Sur y la contaminación en su procesado para beneficio del Norte enriquecido.

Resume muy bien la hipocresía del norte global (norte enriquecido) el libro de La Sociedad de la externalización en este extracto, cuando afirma «el desigual intercambio ecológico»

Los sucios serán los limpios: la paradoja económica global

Otros dos sociólogos estadounidenses, Andrew Jorgenson y James Rice, han investigado minuciosamente las dinámicas del «desigual intercambio ecológico» (uneven ecological exchange) entre sociedades ricas y pobres.

El punto de partida de sus estudios empíricos fue el fenómeno, que en un primer momento resulta paradójico, de que a escala global el consumo de recursos y los daños medioambientales se disocian espacial, temporal y socialmente: mientras que los países «desarrollados» del norte global dejan típicamente una gran huella ecológica, es decir que a causa de su consumo tienen una gran demanda de superficies aprovechables biológicamente —tierra de labranza y pastos, zonas forestales y bancos de pesca—, sorprende que los daños medioambientales que se producen dentro de sus fronteras sean relativamente escasos.

En los países «subdesarrollados» (empobrecidos) del sur global sucede exactamente lo contrario: un nivel de consumo la mayoría de las veces claramente menor, y asociado con ello un uso del suelo también más escaso, por lo general corre parejo con daños masivos del entorno natural. Lo que a un primer vistazo parece paradójico se resuelve enseguida mirándolo más detenidamente, aunque solo resulta de agrado desde la perspectiva del norte global.

y continúa

…Es cierto que los países con más ingresos del mundo dejan la mayor huella ecológica: ateniéndonos a las cifras, desde fines de los años sesenta esa pisada se sitúa constantemente por encima de las cinco «hectáreas globales» (HAG) por persona, y por tanto permanentemente muy por encima de la biocapacidad disponible de la Tierra: últimamente triplicándola.

Luchar contra la huella ecológica en el planeta supone en primer lugar dejar de robar a los pobres, considerar que tienen derecho a protagonizar su vida y a gestionar los recursos naturales con libertad y responsabilidad…