ENTREVISTA HISTÓRICA DE LULA CUANDO ERA LIDER EN LA OPOSICIÓN

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En una ocasión me preguntaban si yo no cambiaría después de que ganase las elecciones. Yo respondí: si yo tuviera que mudar todo lo qué fue mi vida y todo lo que critiqué, prefiero morir antes de tomar el poder, pues lo otro no tendría sentido. Yo no tengo ningún interés en llegar al poder con un discurso de izquierda y después gobernar con una práctica de derecha. Nuestra llegada al poder supondría un nuevo programa de política social: hacer una reforma agraria, una política social especial para el pequeño productor, una política industrial para las pequeñas y medianas empresas, una política de bienestar social capaz de distribuir de una manera más justa la riqueza producida por el país. Y ahí vamos a tener graves enfrentamientos.
«BRASIL ES UN PAÍS SALVAJEMENTE REPARTIDO A NIVEL INTERNACIONAL» Entrevista a Lula. Lider del Partido de los Trabajadores de Brasil. Por Benjamín Forcano Es el líder del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, que representa en acciones y en votos a gran parte de los sectores que luchan en ese país. Luiz Inacio da Silva, más conocido por Lula, sigue dando batalla, ya sea junto a sus compañeros metalúrgicos, a los campesinos sin tierra, o a los marginados de las favelas. – ¿Cuántos años hace que comenzaste tu lucha política? Yo comencé mi lucha sindical en 1969, era delegado de base del sindicato metalúrgico y fui elegido presidente del mismo en 1975. Yo diría que mi vida política comenzó exactamente en ese momento, porque ese sindicato, el de la industria automovilística, era el más importante de Brasil, era muy fuerte económica y políticamente, y los trabajadores metalúrgicos eran de verdad la vanguardia de la clase obrera en Brasil. En 1978 hicimos las primeras huelgas, a partir de entonces el sindicato adquirió notoriedad nacional e internacional, y en el 80 intentamos crear un partido político. Desde ese momento nos convencimos definitivamente de que era preciso tener una organización política de los trabajadores en que los excluídos fuesen los actores principales y no coadyuvantes como suele ocurrir en el mundo político. – ¿Qué motivos te llevaron a tomar esta opción política? Por increíble que parezca, lo que me llevó a tomar esa decisión era la comprensión de que el movimiento sindical tenía un espacio limitado, es decir, era muy corporativo, con intereses importantes pero pequeños, contrarios incluso a los intereses de toda la comunidad brasileña. Yo pensaba que los trabajadores no sólo tenían derecho a reivindicar mejores condiciones de trabajo sino a reivindicar el poder político. Y ocurrió un hecho importante: en 1979 fui a Brasilia a conversar con los diputados, porque estaban intentando aprobar una ley que prohibía la ley de huelga para algunas categorías consideradas esenciales, como por ejemplo bancarios, profesores, petroleros, etc. Y allí tuve un gran choque, percibí que los trabajadores no tenían representantes en el Congreso Nacional. Y fue entonces cuando comencé a preguntar: ¿cómo es posible pretender que los diputados, que son representantes del poder económico hagan unas leyes que interesen a los trabajadores? Entonces saqué una conclusión obvia: si los trabajadores quieren leyes que los favorezcan, ellos son los que tienen que estar en el Congreso Nacional para hacer esas leyes. Este descubrimiento mío no era interesante para los teóricos, que creen que todo está en los libros. Yo nunca fui marxista, ni comunista. Muchas veces, personas que se dirigían a mí, me decían: Lula, tu eres comunista. Yo contestaba: no, soy tornero mecánico. Fui adquiriendo conciencia en la medida en que los trabajadoras fueron evolucionando políticamente. Por eso yo digo que soy resultado de la evolución de la conciencia política de los trabajadores. – ¿Piensas que la situación de Brasil es similar a la de toda Latinoamérica o tiene rasgos específicos que la diferencian? Brasil tiene acaso una diferencia con los demás países de América Latina, por su gran base industrial, sindical e intelectual. Somos el país más industrializado de América Latina. Pero, si analizamos en un contexto internacional el tratamiento internacional que recibe Brasil, no hay ninguna diferencia. Las orientaciones socioeconómicas que las instituciones internacionales dan al Brasil son las mismas que dan al resto de América Latina. Brasil es el país que más ha crecido en el siglo XX (la ciudad de San Pablo tenía dos millones y medio de habitantes en el año 50 y hoy tiene 17). Pero, si atendemos a la distribución de la riqueza, es verdad que Brasil continúa siendo uno de los campeones en la mala distribución de la renta. El enorme crecimiento de Brasil en la industria base, la petroquímica o la petrolífera no ha supuesto un crecimiento en la calidad de vida del pueblo brasileño. – ¿Cuál es la presencia y el peso del capital en Brasil? Brasil es un país salvajemente distribuido a nivel internacional. Tenemos más o menos un 25% de nuestras relaciones comerciales con EE.UU.., un 25 % con la Unión Europea, un 25% con el mundo asiático y un 25% con América del Sur. Desde el punto de vista del capital extranjero, Brasil continúa siendo un país interesante, porque nosotros ofrecemos las mejores tasas de intereses del mundo, porque tenemos un mercado muy grande (somos 160 millones, y sólo unos 35 millones tienen un poder de consumo de clase media) y porgue tenemos una mano de obra y todavía muy barata si la comparamos con otros países. – En el supuesto de que el PT llegase al poder, el capitalismo permitiría llevar a cabo las transformaciones que se propone el partido? La diferencia entre el Primer y el Tercer Mundo está en que el primero está perdiendo lo que conquistó, y en el Tercero estamos perdiendo lo que todavía no hemos conquistado, el derecho a conquistarlo. El neoliberalismo va a crear conflictos muy graves «porque los trabajadores europeos ya aprendieron a vivir como ciudadanos, pero ahora que comienzan a perder derechos, la posibilidad de luchar es mucho mayor. Yo digo lo siguiente: entre una persona que nació ciega y una persona que quedó ciega, quién sufre más es la que quedó ciego. Entonces, en la economía quien va a luchar más no es quien nunca comió carne, sino quien ya comió y va a ser impedido de seguir comiéndola. El movimiento sindical tiene que repensar su papel. El objetivo del partido político es llegar al poder y nosotros queremos llegar al poder para hacer las transformaciones que entendemos tenemos que hacer. Yo no tengo ningún interés en llegar al poder con un discurso de izquierda y después gobernar con una práctica de derecha. Nuestra llegada al poder supondría un nuevo programa de política social: hacer una reforma agraria, una política social especial para el pequeño productor, una política industrial para las pequeñas y medianas empresas, una política de bienestar social capaz de distribuir de una manera más justa la riqueza producida por el país. Y ahí vamos a tener graves enfrentamientos. En una ocasión me preguntaban si yo no cambiaría después de que ganase las elecciones. Yo respondí: si yo tuviera que mudar todo lo qué fue mi vida y todo lo que critiqué, prefiero morir antes de tomar el poder, pues lo otro no tendría sentido. Brasil, es cierto tiene un potencial económico enorme, tiene que participar en la globalización de la economía, pero nosotros tenemos que tener un proyecto propio a partir de nuestra realidad. Yo he recorrido Brasil, 72.000 kilómetros en barco, en autobús, en tren. Son casi tres vueltas al mundo. Y después de ir ciudad por ciudad, he visto y he llegado a la convicción de que la solución de los problemas económicos de Brasil está en dar la oportunidad al pueblo brasileño de desarrollar su propio proyecto. -Tu discurso se dirige fundamentalmente a la clase popular, que tiene un porcentaje (30% o 40% en las favelas), y otro porcentaje en los trabajadores. Esta base social, mayoritaria, está con el proyecto del PT? Cuando yo pensé en hacer las caravanas de la ciudadanía mi objetivo era conversar con los excluídos de la sociedad brasileña. Porque el hambre, la miseria y la falta de escolaridad no llevan al ser humano a la revolución, lo llevan a la sumisión. Un partido con las características del PT tiene una participación muy fuerte en los sectores organizados de la sociedad (sindicalistas, funcionarios públicos, estudiantes, intelectuales). Pero nosotros tenemos casi la mitad de la población fuera del proceso, que son prisioneros del discurso demagógico, de la promesa fácil. Entonces, son personas que en el momento de dar el voto son engañados por la entrega de una canasta básica: un litro de leche o la promesa de un empleo. Y no es culpa de ellos, sino de la necesidad de sobrevivencia. A mí no me tienta hacer un discurso para el futuro mejor de estas personas, a base de distribuir un kilo de frijoles, que es algo inmediato. Yo tengo que continuar abriendo un proceso de concientización, porque si yo comienzo a distribuir un kilo de frijoles también estoy pervirtiendo mi conciencia y la de quien quiero que tenga una conciencia política. Para mi está claro que la élite brasileña no quiere resolver el problema de la miseria porque la miseria es una de las formas por la que ellos se perpetúan en el poder.