Farmacéuticas: beneficio por encima de salud

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La campaña publicitaria que realizan las farmacéuticas está por encima de la de otras industrias, siendo capaces de contrarrestar toda la verdad descubierta sobre sus actividades e intereses, que se ponen por encima de la salud de las personas.

Se ha publicado recientemente el gasto en publicidad en EEUU, muy por encima del gasto en investigación. Y no digamos nada si hablamos de investigación de las enfermedades que afectan a los pobres. En el artículo se comentan los trabajos de Peter C. Gotzche y Q. Ravelli.

Vamos a comentar este tema en torno al libro Medicamentos que matan y crimen organizado, del danés Peter C. Gøtzche, y también en el artículo para Le Monde Diplomatique, de Quentin Ravelli y que tituló: Los bajos fondos de la industria farmacéutica.

Nota sobre la figura: Gasto en marketing en naranja, gasto en investigación en azul

Gøtzche y Ravelli, dos científicos que desnudan a las farmacéuticas

Gotzche es máster en biología y química, doctorado en medicina, experto en estadística clínica, además, ocupa la cátedra de diseño y análisis de investigaciones clínicas en la universidad de Copenhague. Por su parte, Ravelli es encargado de investigación en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia.

Para ubicar el título de su libro, Gotzche en su introducción, empieza diciendo que las grandes epidemias de enfermedades contagiosas y parasitarias infecto-contagiosas que acabaron con tantas vidas en el pasado, están ya bajo control en gran parte del mundo. Y si todavía las cifras de fallecimientos por sida y malaria son elevadas, es debido a las desigualdades económicas y a los costos excesivos de los fármacos, afirma el investigador.

Luego dice: “Por desgracia, nuestra sociedad es víctima de dos epidemias creadas por nosotros mismos: el tabaquismo y los medicamentos de venta por receta, ambas extremadamente mortales. En EE.UU y Europa los medicamentos son la tercera causa de muerte, después de la cardiopatía y el cáncer”.

El autor, con datos exhaustivos enseña cómo las farmacéuticas, apoyadas en gobiernos, políticos, sociedades científicas, agencias de medicamentos, organizaciones de pacientes y corrompiendo a los médicos, se han convertido en una industria muy lucrativa. Es decir, más que la salud del enfermo, el interés es la ganancia sin importarles la muerte de los consumidores.

Los medicamentos causan muchas muertes

En 2004, el rofecoxib podría haber causado la muerte por trombosis a 120 mil personas en todo el mundo; los antiinflamatorios no esteroideos pueden causar la muerte de 20 mil pacientes al año por úlcera; hasta 2007, la olanzapina había acabado con la vida de 200 mil personas en todo el mundo. Estas cifras son un escándalo y no se conocen porque esa industria invierte más del doble en marketing que en innovación, sostiene Gotzsche.

Señala también: “En América Latina el puesto de ministro de Sanidad es muy codiciado, ya que desde ese cargo es muy fácil hacerse rico gracias a la industria farmacéutica”. Al referirse a una sociedad que consume tantos medicamentos expresa: “Si tomamos tantos medicamentos es porque las farmacéuticas no venden medicamentos: venden mentiras sobre los medicamentos”.

Sobre la tos, manifiesta que e l mercado de los antitusígenos sin receta es enorme. Una revisión sistemática de los ensayos clínicos aleatorios por The Cochrane Collaboration demostró que ninguno de ellos es eficaz, lo que quiere decir que el poderoso mercado de los antitusígenos no es más que una poderosa máquina de malgastar el dinero, termina diciendo.

Hace alusión de lo que un directivo de una farmacéutica le dijo a un visitador médico: “Debemos estar ahí dándoles (a los médicos) la mano y susurrándoles en la oreja que receten Neurontin para los dolores, Neurontin para el tratamiento con monoterapia, Neurontin para tratar el trastorno bipolar, ¡Neurontin para todo!

Las farmacéuticas actúan como las mafias

El autor agrega que el comportamiento de las farmacéuticas es como el de las mafias: “(…) La extorsión, el fraude, los delitos federales farmacéuticos, el soborno, la malversación de capitales, la obstrucción a la justicia, la obstrucción a las investigaciones policiales, la alteración de las declaraciones de los testigos y la corrupción política”.

Sigue señalando: “Las grandes farmacéuticas cometen tantos delitos de este tipo, y tan a menudo, que es evidente que su modelo empresarial cumple todos los requisitos para ser considerado como crimen organizado.”

Por otra parte, el investigador francés, entre otras cosas, escribió sobre el seguimiento que se hizo al medicamento llamado piostacina – desde los laboratorios de investigación hasta los visitadores médicos – pasando por la fábrica de producción del principio activo. En cada etapa el medicamento cambia de nombre.

Un mismo medicamento sirve para curar varias enfermedades

Este antibiótico destinado durante mucho tiempo al uso dermatológico ha sufrido un ‘giro respiratorio’, como dice Ravelli: “Ahora se utiliza masivamente en los casos de infecciones broncopulmonares y otorrinolaringólogas. Este altísimo uso, criticado por numerosos médicos y denunciado por los poderes públicos, ha podido conducir a un sobreconsumo de antibióticos, participando en el problema más vasto de reforzamiento de resistencias bacterianas”.

Por este abuso del medicamento, por la ignorancia de los pacientes y la falta de escrúpulo de algunos médicos, no pocos, es responsable de 700 mil muertes al año en el mundo. Anota también Revalli que: “(…), los ensayos clínicos sobre los antibióticos se efectúa en condiciones opacas, sobre un fondo de difusión selectiva e incluso de manipulación de datos”.