“Fuerzas democráticas aliadas”, el grupo terrorista que atormenta a los ugandeses

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El grupo responsable de la masacre en la escuela de Lhubiriha (distrito de Kasese, en el oeste de Uganda) en la noche del 17 al 18 de junio, posee una historia compleja e incluso ha cambiado varias veces de nombre.

Por Luca Mainoldi

Kampala (Agencia Fides)

Las ADF (“Allied Democratic Forces”) se fundaron hacia 1995, a partir de la unión de dos grupos con bases ideológicas diferentes. Los miembros iniciales de la rebelión ADF habían sido previamente miembros de la secta Tabligh, activa en Uganda desde al menos la década de 1970 y que había empezado a recibir apoyo financiero de Sudán tras el derrocamiento de Idi Amin en 1979.

Esta comunidad se originó en la India gobernada por los británicos a principios del siglo XX como un movimiento conservador para revigorizar los valores y las prácticas islámicas, con un fuerte énfasis en el trabajo misionero, llamado Tabligh. Aunque la mayoría de los seguidores del Tabligh se oponen al yihadismo, algunos de sus miembros en ocasiones se han unido a grupos violentos.

En Uganda, algunos componentes de la secta Tabligh se asociaron con el salafismo hasta el punto de que algunos miembros viajaron a Arabia Saudí para estudiar gracias a becas. Entre ellos estaba Jamil Mukulu, que más tarde se convirtió en el líder de la ADF. Nacido en el seno de una familia cristiana, se convirtió al Islam en su juventud y fue a estudiar a Riad, de donde regresó con una visión militante del Islam.

Tras ser encarcelado por las autoridades locales en 1994, Mukulu fue puesto en libertad y fundó el Movimiento Ugandés de Luchadores por la Libertad (UFFM) en Hoima, al oeste de Uganda, recibiendo el apoyo del gobierno sudanés, que en aquel momento estaba enfrentado con el ugandés. Cuando sus campamentos fueron invadidos por el ejército ugandés en 1995, Mukulu huyó a Kenia, mientras que otro líder del UFFM, Yusuf Kabanda, reubicó al grupo en el este del entonces Zaire, actual República Democrática del Congo. Aquí Kabanda formó una alianza con el Ejército Nacional para la Liberación de Uganda (NALU – National Army for the Liberation of Uganda), un grupo rebelde ugandés con una ideología diferente a la de la primera formación. La NALU tomó el relevo de la anterior rebelión ugandesa de Rwenzururu, cuyo objetivo era restaurar el poder consuetudinario de las comunidades bakonjo y baamba del oeste de Uganda. Estos grupos étnicos están afiliados respectivamente a las etnias Nande y Talinga del este de la RDC, con las que comparten idiomas y cultura.

De la unión de ambos grupos surgió la ADF-NALU, que se insertó en la compleja dinámica del este de la RDC, siendo utilizada por el presidente de Zaire, Mobutu Sese Seko, para librar una guerra indirecta contra el régimen ugandés de Yoweri Museveni. Tras la caída de Mobutu, las ADF-NALU tuvieron que moverse a la agrupación Bambuba-Kisika, al norte de la ciudad de Beni, donde establecieron relaciones con la población vuba. Muchos vuba se unieron a la ADF-NALU, mientras que los líderes rebeldes se casaron con mujeres de esta etnia y entablaron colaboraciones en el comercio de tierras, oro y madera.

Tras altibajos, la componente laica de la rebelión ugandesa (el grupo NALU) abandonó la lucha armada en 2007, gracias a un acuerdo con el gobierno ugandés sobre el reconocimiento del reino de Rwenzururu.

La dirigencia de la ADF acentuó el impulso islamista radical, adoptando en sus filas un estricto régimen basado en la sharia. Como reacción a las operaciones del ejército congoleño para intentar neutralizar a las ADF, establecidas en ese momento entre Kivu Norte e Ituri (dos provincias orientales congoleñas), éstas respondieron con represalias atroces contra la población civil. Entre otras cosas, en el curso de las incursiones contra las aldeas congoleñas, varios niños fueron secuestrados y luego reclutados en las filas de las ADF, hasta el punto de que el grupo, aunque sigue teniendo una dirección de origen ugandés, cuenta con varios congoleños en sus filas, incluidos soldados que todavía son niños y otros que ya son adultos.

A pesar de la acentuación del carácter “islamista” de su grupo, las ADF han seguido colaborando de forma oportunista con otros grupos armados locales, como la milicia Vuba, e incluso a veces con el ejército congoleño.

En 2019, las ADF anunciaron su afiliación al Estado Islámico, dotándose de un nuevo acrónimo Madina a Tauheed Wau Mujahedeen (MTM, ‘La ciudad del monoteísmo y de quienes lo afirman’) y difundiendo vídeos propagandísticos en kiswahili, luganda, árabe, francés y kinyarwanda, con el fin de llegar a un público más amplio en África Oriental.
Los vínculos entre las ADF y el Estado Islámico no son sólo propagandísticos. Hasta ahora se pensaba que este último se limitaba a reivindicar algunas de las acciones de las ADF como su “provincia de África Central” (ISCAP en inglés). Pero un informe de la ONU publicado a mediados de junio de 2023 afirma que el Estado Islámico “ha proporcionado apoyo financiero a las ADF desde al menos 2019, a través de un complejo sistema de financiación en el que participan individuos de varios países del continente, con origen en Somalia y que pasa por Sudáfrica, Kenia y Uganda”. Además, las ADF “han enviado combatientes y/o colaboradores en misiones de reconocimiento para tratar de extender su área de operaciones más allá de las provincias de Kivu del Norte e Ituri”, planeando ataques hasta la capital congoleña, Kinshasa.

(Agencia Fides 24/6/2023)