«Hay un absentismo escolar que no es denunciado»

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El Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid hace un llamamiento a los ciudadanos y a las instituciones para que cada uno se pregunte cuál es su responsabilidad en la educación de los más pequeños. Alfa y Omega le ha entrevistado acerca de la situación actual de los menores en Madrid, así como las realidades a las que se enfrenta nuestra sociedad: inmigrantes, violencia, malos tratos, y las ayudas a la familia. Éstas son sus respuestas
Don Pedro Núñez Morgades, Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid:

¿Qué está pasando con nuestros menores?

Los menores son el espejo de los mayores, y lo que hay que preguntarse es: ¿qué está pasando con los mayores? Vemos una realidad preocupante, y, sin ser alarmista, hay signos que sorprenden: la violencia, que está consiguiendo, por un lado, insensibilizar a nuestros menores frente al dolor ajeno, y, por otro lado, hacer a la idea de que la violencia es una manera más de resolver las cuestiones personales, el fracaso escolar, el aumento de la drogadicción, las pandillas que se están generando, el aumento espectacular de la xenofobia… Todo esto son signos de que nuestra sociedad está deteriorándose de una manera que no es perceptible como, por ejemplo, es perceptible un impacto económico: si nos sube la inflación, todo el mundo se alarma… Por eso es bueno que, desde instituciones como la mía, intentemos lanzar llamadas de atención con la idea de ocuparnos de nuestros menores mucho más de lo que lo hacemos…

¿Y cuáles son los principales problemas con los que se encuentran los menores en una gran ciudad como Madrid?

Por un lado, hay una disponibilidad de droga y su consumo, que va en aumento. Esto es muy preocupante, porque estamos al frente del consumo europeo de cannabis y cocaína. Tenemos, además, los riesgos y la dificultad del desplazamiento, y la incompatibilidad de la vida familiar y laboral, que provoca que nuestros menores sean atendidos con mucha más dificultad, y hoy nuestros menores están siendo educados por los abuelos, y por los inmigrantes (a pesar de eso la xenofobia aumenta espectacularmente), y también por las niñeras electrónicas: la televisión, los videojuegos e Internet. Te encuentras una percepción de violencia generalizada, también porque hay más acceso a la información: hoy las guerras se ven en directo, pero ante los nuevos acontecimientos tendríamos que poder unos índices correctores, o adaptar nuestra educación a esa evolución de los menores; conocemos tan sólo un 20% del maltrato infantil que se conoce…; el bulling o acoso escolar, que ha existido siempre, nos obliga a abordarlo; además, en las separaciones traumáticas de los padres hay una especial situación de maltrato hacia los menores: los menores siempre tienen una predisposición a sentirse culpables. Un 32, 35% de las separaciones son enfrentadas, y yo he visto el drama de los niños utilizados como arma arrojadiza entre los cónyuges, que los utilizan para hundirse y atacarse…

¿Es preocupante el número de menores sin escolarizar en Madrid?

Es cada vez más preocupante, porque nos están llegando una serie de colectivos nuevos… Hay un absentismo escolar que ni siquiera es denunciado por el propio sistema, porque los profesores están tan desbordados por las actitudes de los propios alumnos, que ni siquiera lo denuncian. Hoy se podría decir que de la escuela depende nuestro futuro. Parece que pretende descargar responsabilidades, pero, en el fondo, es nuestra gran esperanza, y por lo tanto tienen que motivarse, que reciclarse, formarse…

¿Cuál es la relación actual de los niños con los adultos?

No tenemos establecida una comunicación fluida. Sería bueno poder establecer debates entre los niños y los adultos. Los menores lo que necesitan es ser atendidos, de una forma natural, sentirse protegidos, importantes, que su opinión cuente, sentirse escuchados…, esa sensación que fortalece su autoestima, y que les permite una seguridad en la vida que no se la estamos dando, porque prácticamente no convivimos con ellos, sino simplemente coexistimos. Viven con nosotros en el mismo espacio geográfico, pero no en el mismo espacio íntimo de cordialidad que señala la Convención de los Derechos del Niño definiendo a la familia como ese espacio de encuentro, de ternura, de aproximación, de penetración, de complicidad…

Y si la familia es tan importante para el niño, ¿qué es lo que se hace para fomentar su estabilidad?

La familia ha superado como concepto la crisis de hace unos años, y hoy el 97% de las personas tienen la familia como referente y se encuentran a gusto dentro de la familia. Es verdad que hoy tiene una importante crisis de identidad y de marcarse objetivos. Por desgracia, el mundo consumista no nos deja ver la riqueza de lo que podríamos llegar a abordar y ver que nuestra principal responsabilidad es cuidar de nuestros hijos. Pero es verdad que la familia necesita muchísimas ayudas; somos la nación con menos ayudas a la familia: ayudas económicas, en esa tan cacareada compatibilidad de la vida familiar y laboral…

A. Ll. P.
Alfa y Omega
14-07-2005