Investigan a tres guardias por pinchar el salvavidas de un inmigrante que se ahogó

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Los agentes le interceptaron cuando se dirigía a Ceuta subido a una colchoneta. Lo devolvieron a aguas marroquíes con el flotador rajado con un cuchillo.
OLGA R. SANMARTÍN

elmundo.es

El senegalés Laucling Sonko no sabía nadar. Así se lo
dijo a la patrulla de la Guardia Civil que lo interceptó cuando intentaba
entrar ilegalmente en Ceuta montado en una colchoneta de playa.

Pero el argumento no convenció a los tres miembros del Instituto Armado,
que lo devolvieron a aguas marroquíes y, a unos 100 metros de la costa,
le pincharon el flotador, a pesar de sus protestas. El inmigrante, de 29 años,
murió ahogado.

El fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, ha dado orden a
las fiscalías de Cádiz y Ceuta para que investiguen el caso por
su «posible trascendencia penal».

Según el escrito de la Fiscalía General, al que ha tenido acceso
Efe, los guardias civiles podrían haber cometido un presunto delito de
homicidio por imprudencia.

Los hechos ocurrieron en torno a las 3.00 horas del 26 de septiembre del año pasado, cuando
un grupo de subsaharianos trató de colarse en nuestro país por
el método del pasador.

Colchonetas hinchables

Esta técnica se utiliza para entrar en Ceuta y en Melilla por vía
marítima, saliendo desde la costa marroquí. Los 'sin papeles'
se montan en colchonetas hinchables, de las que usan los niños en la
playa, y se dejan llevar hasta la costa española por un avezado nadador
y conocedor del lugar, que arrastra todos los flotadores a la vez mediante cuerdas.

Laucling Sonko salió desde la costa marroquí en uno de estos
salvavidas, acompañado por un inmigrante de Costa de Marfil y de un hombre
y una mujer de Camerún. La intención era navegar unos 200 metros
en paralelo a la costa y llegar sanos y salvos a la playa ceutí de Benzú,
que se encuentra inmediatamente a continuación. Pero una patrulla de
la Guardia Civil les cortó el paso.

Los guardias civiles les hicieron dar la vuelta y, a unos 100 metros de la
costa, ya de nuevo en aguas marroquíes, cortaron sus colchonetas con
un cuchillo y les obligaron a tirarse al agua.

Todo esto lo cuenta la Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR) en una
queja que presentó el año pasado a la Fiscalía General
del Estado y al Defensor del Pueblo denunciando estos «gravísimos
hechos». Esta última institución se puso hace unos días
en contacto con la ONG para comunicarle que el Ministerio Público había
decidido investigar el caso.

Los miembros del Instituto Armado se tomaron a broma cuando el senegalés
les dijo que no sabía nadar


Según ha explicado el presidente de CEAR Sur, Alberto Revuelta, Laucling
Sonko comenzó a pedir ayuda repitiendo que no sabía nadar, pero
«los miembros del Instituto Armado se lo tomaron a broma y se rieron de
él, creyendo que tenía mucho cuento y que se estaba sirviendo
de una treta para que lo recogieran». No fue así.

Laucling Sonko comenzó a hundirse. Entonces uno de los guardias reaccionó
y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Se tiró al agua y lo rescató.
El joven senegalés todavía se encontraba con vida.

Los agentes llamaron a una ambulancia e intentaron llevar al ahogado a la playa.
Pidieron ayuda a varios efectivos de la fuerza militar auxiliar de Marruecos
(los llamados mehanies), pero éstos se negaron a acoger al inmigrante
y dijeron textualmente: «Ya tenemos suficientes muertos. Quedaos vosotros
con él».

El cuerpo agonizante de Laucling Sonko aguardó a la ambulancia –que
tardó una hora en llegar, según ha denunciado CEAR– en suelo
español. Allí murió, en su El Dorado ceutí. No pudo
conocer nada más allá que la playa. No llegó con vida al
hospital.

Según Revuelta, pinchar las colchonetas hinchables a los inmigrantes
es «una práctica relativamente habitual» para «devolverlos
e impedir que éstos traten de volver dando brazadas con el salvavidas
a aguas españolas».

Los efectivos españoles tendrían que haberlo llevado a Marruecos,
como dispone un tratado firmado bilateralmente en 1992, por la frontera terrestre
de El Tarajal o por el paso fronterizo de Benzú, pero se da la circunstancia
de que las autoridades del país vecino se niegan a aceptarlos la mayoría
de las veces.