La cara real de los imperios textiles. Inditex a la cabeza.

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Las últimas denuncias globales por explotación infantil están relacionadas con los informes publicados por SOMO (Centro de Investigación sobre Empresas Transnacionales) y el ICN (el Comité Indio de Países Bajos) durante el 2011 y el 2012 sobre la situación en las fábricas de Tamil Nadu, en la India.

Los documentos «Captured by Cotton» y «Maid in India», se denunciaba que cientos de miles de niñas estaban trabajando en esa región bajo un régimen llamado Sumangali que consiste en pagar a mujeres jóvenes una suma de dinero que se utilizará para una dote al final de un período de tres años. El resultado acaba siendo una situación de trabajo forzado. Las trabajadoras, extremadamente jóvenes, son sometidas a largas jornadas laborales, en centros de trabajo insalubres y por salarios irrisorios, incluso comparándolos con el mínimo legal de la zona. De aquí procede parte de la producción de INDITEX

El señor Ortega goza de la tercera fortuna personal más importante del mundo según la revista Forbes. El logro de la tercera posición en este reputado podio durante el 2012 fue aprovechado por columnistas y tertulianos para repetir la larga letanía de elogios hacia el empresario gallego que ha enriquecido, según ellos, a base de duro trabajo, creando riqueza y empleo, sin verse salpicado por la ola de descrédito que afecta a los negocios financieros y la banca. Los medios de desinformación mayoritarios olvidan a las costureras gallegas que durante décadas han levantado las marcas del grupo Inditex trabajando muy duro a cambio de salarios más bien modestos. En la expansión de la compañía gallega, fundada en 1986, la contratación de la confección en fábricas repartidas por todo el mundo se ha convertido en la norma. Inditex es el principal cliente de las fábricas y talleres de países como Bangladesh, Camboya o Marruecos.

Además, en agosto de 2011, el Gobierno brasileño descubrió talleres clandestinos en Sao Paulo donde inmigrantes latinoamericanos confeccionaban ropa de Zara en condiciones de esclavitud. El caso se saldó con un acuerdo entre Inditex y Brasil por el que la empresa gallega destinaría 1,4 millones de euros a fines sociales en este país. En Argentina, la cooperativa La Alameda denunció casos muy similares a los de Brasil, documentando situaciones de esclavitud entre inmigrantes bolivianas que cosían ropa para Zara.

¿A qué esperamos a que se actúe contra esta explotación? ¿O acaso permitiríamos esta situación en nuestras fronteras? Creemos que no, ¿o nos equivocamos?

Autor: Camino Juvenil Solidario