La emigración de médicos del mundo empobrecido al enriquecido acentúa la desigualdad sanitaria

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Se estima que la cuarta parte de los doctores que ejercen en EE.UU., Reino Unido, Canadá y Australia son inmigrantes

12 diciembre 2005

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La emigración de médicos del mundo pobre al rico acentúa la desigualdad sanitaria internacional y debilita la capacidad de muchos países en desarrollo para enfrentar sus graves problemas de salud. Así se deduce de una investigación publicada en la revista científica «The New England Journal of Medicine», que estima que la cuarta parte de los doctores que ejercen en EE.UU., Reino Unido, Canadá y Australia son inmigrantes. Entre el 40% y el 75% de ellos procede de países pobres, que pierden así importantes inversiones educativas y el capital humano de esos profesionales bien preparados y con iniciativa.

El estudio, realizado por un equipo de la Universidad George Washington dirigido por Fitzhugh Mullan, evidencia las dañinas consecuencias sanitarias de esta fuga de cerebros médicos. Según sus datos, EE.UU. tiene el 5% de la población mundial, pero dispone del 11% de los doctores; Ghana no pasa de nueve facultativos por 100.000 habitantes, pero «envía» algunos al Reino Unido, que tiene 231.

La investigación advierte de que muchas escuelas médicas de los países pobres se dejan influir por las «aspiraciones occidentales» de sus alumnos, hasta el punto de diseñar programas formativos que se separan de su propia realidad sanitaria y no tienen suficientemente en cuenta el tipo de enfermedades más habituales ni su humilde nivel tecnológico.

La balanza riesgo-beneficio de esa fuga de cerebros médicos se inclina fuertemente hacia el lado negativo. El mundo pobre saca muy poco de ese éxodo: apenas unas remesas de dinero para la familia que permanece en el país de origen y ciertos lazos clínicos y educativos con el de destino. Pero paga un alto precio, sobre todo en el ámbito sanitario, donde la escasez e inestabilidad del personal médico acentúa las desigualdades en salud y limita la capacidad para responder a grandes desafíos, como el sida, la tuberculosis, la malaria y otras enfermedades que en algunos lugares acortan la esperanza de vida hasta apenas 40 años.

La investigación de Mullan sirve de símbolo de la desigual distribución de capital humano en la sanidad mundial. Los médicos inmigrantes representan en EE.UU. el 25% del total de doctores, y el 60% ha llegado de países pobres. En el Reino Unido, las cifras respectivas son 28% y 75%; en Canadá, 23% y 43%, y en Australia, 26% y 40%.

Vista la situación desde el mundo pobre, India (60.000), Filipinas (18.000) y Pakistán (13.000) registran la mayor emigración médica en términos cuantitativos. Pero resulta más significativo el llamado «factor emigratorio», que tiene en cuenta la población y traduce un «porcentaje aproximado» de los doctores titulados que ahora trabajan en los cuatro países ricos citados. Seis de los 20 países que lideran el mencionado factor son subsaharianos y tres, caribeños. Por áreas geográficas, el mayor «factor emigratorio» se da en el África subsahariana (14), por delante del subcontinente indio (11), el Caribe (8) y Oriente Próximo-Norte de África (5).