La familia obrera, piedra angular de todo el edificio social. Páginas de la historia

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Mª Mar Araus

Si tuviéramos que definir la familia obrera militante en una frase elegiría la siguiente: LA FAMILIA, FUENTE DE SOLIDARIDAD.

Ni mucho menos era una familia perfecta, todo lo contrario, estaba llena de fallos, fragilidades y conflictos, pero deseaba y anhelaba ser escuela de solidaridad.

En esta página de la historia queremos recoger algunos escritos que se han dejado en torno a la familia obrera. Poco se ha escrito acerca de este tema y, sin embargo, hay unas vivencias y testimonios riquísimos en la historia. No es de extrañar que la institución más valorada hoy en la sociedad siga siendo la familia.

Es deber moral gritar fuerte, pero que muy fuerte, que no debemos tolerar el desprecio y el aniquilamiento de la familia a través de leyes que van contra la vida y el trabajo. Leyes sostenidas desde la «izquierda oficial» la cual se ha convertido en una marioneta de los grandes poderes del sistema actual.

No debemos olvidar que hubo un tiempo en el que el movimiento obrero defendió la dignidad de la familia, defendió la dignidad de sus hijos. Tenían claro que la defensa de sus derechos solo era posible teniendo una base social fuerte y la base de la sociedad es la familia.

Hoy en día existe una violencia muy sutil que se ejerce en lo más profundo del ser humano: su conciencia.

Para que se ejerza de forma salvaje la manipulación de la conciencia, hay tres fundamentos que deben desaparecer de la vida de las nuevas generaciones, y por supuesto, que las olvidemos toda la sociedad:

  • Una vida moral, que distingue la verdad de la mentira.
  • Una vida asociada.
  • Una vida solidaria, que trasciende el propio interés personal y corporativo a favor de la justicia, rompiendo con el “asistencialismo paternalista” que actúa creando eternos dependientes.

Pues bien, esto es lo que se aprendía en las familias obreras: una actitud moral ante la vida, experiencia asociada y un compromiso permanente de promoción frente al asistencialismo. Las familias no mendigaban migajas o prestaciones sociales, luchaban por la dignidad del trabajo.

Proudhon, que ejerció una gran influencia en el movimiento obrero francés, en los anarquistas y en los socialistas, nos dejó escrito acerca de la familia:

“Todo atentado a la familia es una profanación de la justicia, una traición al pueblo y a la libertad, un insulto a la revolución. El desbordamiento de todos los crímenes y delitos contra el matrimonio es la causa de la decadencia de las sociedades modernas”.

“…El socialismo que quiere abolir la familia va contra la unanimidad del género humano”.

Proudhon, frente a los matrimonios de conveniencia dejó escrito que “el matrimonio es el sacramento de la justicia, el misterio viviente de la armonía universal, la forma dada por la naturaleza para la religación del género humano”. Con estas palabras defendía la belleza del amor humano.

En el congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) de Ginebra del 3 al 8 de septiembre de 1866, el delegado de París M. Chemalé dijo: “La instrucción familiar es la única que puede formar a los hombres. La familia es la base de la sociedad”.

“La familia es la piedra angular de todo el edificio social. Es la fuente de la fraternidad”. Si en la actualidad mostramos esta frase a un grupo de personas preguntando su origen, la mayoría nos diría que puede pertenecer a un texto religioso. Pues nada más alejado de la realidad, es un fragmento de la décima sesión del Congreso de la AIT, celebrado en Lausana del 2 al 8 de septiembre de 1867. Allí se lee un informe realizado para la Internacional por los obreros suizos sobre la educación de los niños, la mujer, la familia y la enseñanza integral.

Y es que los proletarios pobres, en los orígenes del Movimiento Obrero, eran conscientes de la explotación que padecían porque lo eran también de su dignidad como personas. Se sabían sujetos de deberes y por ello exigían con fuerza los derechos que tenían para realizarlos con libertad y responsabilidad. Su única esperanza, la asociación y la cultura, las armas que le permitieran protagonizar sus vidas. Estaban empeñados en un futuro de justicia y libertad para todos los hombres, donde fuera posible la fraternidad universal. ¿La piedra angular para esta construcción social? LA FAMILIA.

Así dice el texto:

“La familia es la piedra angular de todo el edificio social. En la familia aparece el mejor y el más hermoso reflejo del poder divino creador, de la sabiduría que gobierna y del amor que sostiene y consuela. La familia es el santuario augusto de la autoridad que crea y de la educación que educa; es el hogar vivo e inextinguible de dos de los más nobles sentimientos que están en el corazón: el reconocimiento y el respeto. La familia, objeto inmortal, primer y último fin de la solicitud del Creador y de las leyes divinas, como debiera ser también del hombre y de las leyes sociales (…). Sin la familia no hay para el hombre desarrollo completo y armónico. Es también la familia el refugio consolador de los corazones entristecidos, de las almas angustiadas y desesperadas. Es, en fin, la humanidad en miniatura, y su teatro modesto podría ser suficiente para ocupar la ambición más vasta: en su seno se encuentra actividad y trabajo, dolores y consuelos, paz y bondad. Es la fuente de la fraternidad”.

Heleno Saña, militante libertario nos dirá de su familia:

“Si no nos faltó ningún día un pedazo de pan y un plato de sopa es porque nuestra madre se pasaba la jornada haciendo faenas y fregando en pisos de familias acomodadas, mientras mi padre estaba entre el exilio, la clandestinidad y la cárcel, por causa de defender la justicia”.

“Luchar por algo tan íntimo y privado como la familia significa hoy luchar por un desarrollo óptimo de la sociedad”.

La madre jugó un papel fundamental en la familia obrera. Así nos lo testifica Mª Mar Araus en su escrito LA MUJER EN EL MOVIMIENTO OBRERO | Solidaridad.net

“Hay que tener en cuenta que la mujer en el movimiento obrero (no sólo en el movimiento obrero) tiene un plus, es decir, contempla la vida desde una espiritualidad y una transcendencia que el mismo sufrimiento sentido por la opresión le ha dado. De esta manera, la mujer en el movimiento obrero, en la familia obrera, jugó un papel importantísimo. Tenía un deber revolucionario y era el de no permitir al hombre y a sus hijos aflojar en sus cometidos hacia la revolución social. En el momento en que el hombre se incorpora a la lucha, la mujer obrera lo hace doblemente pues además asume la responsabilidad del hogar, y en los momentos de encarcelamiento, de hambre, de huelga asume el mantenimiento moral y material del hogar, a la vez que asume la tarea de infundir esperanza al Ideal y coraje y permanencia al militante preso”.

“La madre era quien inculcaba a los hijos un sentido de valor revolucionario ajeno a la moral burguesa. La mujer madre tenía que dedicarse con entrega a la causa del Ideal y preparar a sus hijos e hijas para hacer lo mismo. Tenía que hacer de sus hijos verdaderos hombres y mujeres libres, inteligentes y solidarios, que no retrocedieran ante ningún obstáculo, combatiendo sin desmayo todo lo que signifique opresión, autoridad y explotación. Pero este deber de la mujer de dar a la sociedad hijos dignos no podía desligarse del deber del hombre.”

No es de extrañar que las militantes obreras, todas ellas consideradas feministas, defendieran a su prole frente a las ideologías eugenésicas y abortivas.

Heleno Saña también nos pone en alerta que la vivencia de la familia, propia de la cultura obrera, va cediendo por una cultura burguesa. “Deslumbrado por el pleno empleo, las mejoras de las condiciones de vida y el acceso paulatino al consumo de masas, el asalariado cayó en la trampa de creer en la “sociedad del bienestar”, en la que más que combatir a las clases pudientes, el obrero empieza a imitarlas”.

Araus, en su ponencia, hace hincapié sobre este aspecto que recalca Heleno Saña: Una de las características negativas de la familia será precisamente la de constituir un órgano de reproducción de la ideología burguesa. El núcleo familiar burgués tiende a presentar una visión egoísta del mundo al interesarse únicamente por los miembros de sus familias, deshaciendo así la tendencia innata de la persona hacia la realización del bien común. En el momento que se aceptan los valores burgueses, la familia pierde su función revolucionaria. En este sentido, hay declaraciones durísimas contra la familia.

José Mesa Leompart, obrero tipógrafo y periodista, que introdujo las nuevas ideas socialistas de Carlos Marx en España, fue miembro de la primera agrupación socialista de Madrid, de la que nacería el Partido Socialista obrero español (PSOE). Asistió junto a Pablo Iglesias al Congreso Internacional Socialista celebrado en París. Allí se constituyó la II Internacional Socialista y se estableció la celebración del primero de mayo como fiesta internacional de los trabajadores.

En 1871, en un mitin celebrado en el teatro Rossini de Madrid, José Mesa tuvo una decidida intervención en defensa del ideal socialista de familia:

«Nosotros queremos que la familia tenga por base el amor, y que en ella, como en todas partes, exista la libertad y la igualdad. En la sociedad presente la única familia honrada es la del pobre, a no ser cuando viene el rico y la prostituye…»

En las actas del II Congreso obrero de la Federación Española de la I Internacional, celebrado en Zaragoza del 4 al 11 de abril de 1872:

“Se nos acusa en cada momento de que predicamos la destrucción de la familia. Si fuera verdad predicaríamos un hecho que se cumple en nuestros días, pero sin que tengamos en él la más pequeña responsabilidad: Es que la burguesía nos acusa siempre de los crímenes que comete. La destrucción de la familia es una consecuencia fatal, inevitable de la gran propiedad individualista y burguesa.

La introducción de la mujer y el niño en el trabajo social, es de una importancia capital para la burguesía industrial. Cuando la burguesía industrial obligó a la mujer y al niño a entrar en el taller, el jornal del obrero disminuyó en proporción de la cantidad representada del de la mujer y de sus hijos. Empleando a la mujer y al niño que tiene menos fuerza de resistencia, el capitalista encuentra obreros cuyo jornal puede fijar a su gusto. El capitalista ha despojado al proletariado del sentimiento de familia.

El amor que antes la tenía se dirige ahora a toda la clase, a la humanidad, quitándoles toda propiedad y toda esperanza de poseerla y condenándole al salario, el gran proletariado ha transformado al hombre, a la mujer y a los niños en seres que viven al día, y por consecuencia prontos a lanzarse en cualquier empresa revolucionaria por temeraria que sea. Todos sabéis la importancia que tienen las obreras en la huelga de Cataluña. Todo el mundo sabe cómo las mujeres y los niños en París han manejado el chassepot y la estopa.

Si desorganizando la familia obrera el capitalista ha encontrado un gran interés, en cambio ha engrosado las falanges revolucionarias con nuevos y poderosos aliados. (…) Creemos que nuestro trabajo acerca de la mujer es hacerla entrar en el movimiento obrero, a fin de que contribuya a la obra común, al triunfo de nuestra causa, a la emancipación del proletariado, porque, así como ante la explotación no hay diferencia de sexo, tampoco debe haberla ante la justicia”.

No es de extrañar que Chesterton tuviera tan claro la siguiente afirmación: “Es imposible repetir demasiadas veces que lo que ha destruido la familia en el mundo moderno ha sido el capitalismo”.

El testimonio de un obrero explica cómo la estructura familiar de la clase obrera jugó un papel fundamental en el desarrollo de la creación de estructuras comunitarias y solidarias. Pudiendo responder desde su situación de explotación y miseria a los problemas materiales de la vida diaria. En tiempos de huelgas era la unión de familias las que podían mantener la lucha frente a la explotación indigna e injusta. Si una familia se encontraba en apuros, los vecinos le prestaban auxilio, organizando sus asociaciones de resistencia. Frente al paro crearon las bolsas de trabajo, organizaciones que dependían exclusivamente de ellos. Esta ayuda mutua les hacía cada vez más fuertes. Así lo manifiesta el testimonio de este obrero:

“En aquellos tiempos no había seguro de paro ni de enfermedad ni nada. Cuando alguien caía enfermo, un vecino que hubiese tenido algunos ahorros lo primero que hacía era ponerlos encima de la mesa y allí los dejaba sin que hubiese ningún papel ni apretón de manos. Simplemente decían: Cuando vuelvas a trabajar me los devuelves. La familia afectada, cuando empezaba a trabajar, peseta por peseta, poco a poco devolvía. Era una cuestión de principios, de moralidad”.

Las viviendas de los trabajadores, aunque eran un foco permanente de miseria, promiscuidad, donde había roces y discordias, era también, fuente de comunicación humana y de comunión en la miseria, que facilitaba la organización y la difusión de las ideas de la revolución social. La vivienda, al facilitar el contacto humano diario, contribuyó poderosamente a las asociaciones de las familias obreras, protagonizando las primeras huelgas y acciones culturales frente a esta miseria que vivían.

Juan Gómez Casas, militante libertario nos deja escrito: “No olvidar que la familia fue el primer núcleo civilizador de la Historia, que ha llenado funciones admirabilísimas de cultura, moral y solidaridad. Que ha subsistido dentro de la propia evolución de la familia con el clan, la tribu, el pueblo y la nación y es de suponer que aún durante mucho tiempo subsistirá”.

El sindicalista Ángel Pestaña mantiene que la familia es pilar fundamental de la sociedad: “Sobre la familia descansa la base inicial de las agrupaciones morales; que el concepto jurídico, ético y moral de la sociedad tiene su asiento principal en la familia; que la convivencia social es en la familia donde encuentran su más sólido y firme apoyo”.

Ese capitalismo depredador (fomentado desde la izquierda y derecha actual) ansía, hoy como ayer, lucro y poder a cualquier precio. Destruye la familia y ahora más, la aniquila.

Destruyendo la estructura básica solidaria, la familia como fuente de fraternidad, se puede aniquilar la capacidad del ser humano para oponerse a cualquier agresión externa en una lucha solidaria.

¡CONSTRUIR HOY FAMILIA SOLIDARIA ES UNA ACCIÓN REVOLUCIONARIA!