La globalización de la indiferencia

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La histórica visita del papa Francisco a la isla italiana de Lampedusa, ha sacado a la luz, el dolor y sufrimiento de miles de personas que se ven obligadas a abandonar su
tierra, expulsadas por las guerras y la miseria.

Durante los últimos meses hemos podido ver, en los noticiarios, las dramáticas imágenes de cientos de personas que buscan desesperadamente una salida, intentando alcanzar la costa europea. Han llegado en pateras, en pequeñas balsas de plástico e incluso a nado, sufriendo todo tipo de abusos para llegar hasta aquí. Es difícil calcular cuántas miles de personas están perdiendo la vida en esa gran fosa común del Estrecho, pero estamos viendo con nuestros propios ojos toda la crueldad de las fronteras y podemos afirmar que nuestras fronteras matan.

Han sido especialmente vergonzosas las imágenes de grupos de personas intentando traspasar la valla de Melilla, mientras los medios de comunicación utilizaban expresiones como “nuevo asalto masivo a la valla”, “avalancha de personas”… como si se tratase de una invasión enemiga y potenciando el miedo hacia los supuestos invasores.

Una valla fronteriza que tiene seis metros de altura en cada una de las dos vallas y una tercera valla tridimensional entre ambas, que rodean los nueve kilómetros de perímetro fronterizo.

El papa Francisco nos recuerda que no podemos volver la espalda a esta realidad: “¿Dónde está t u hermano?” y nuestra responsabilidad: “Hoy nadie se siente responsable de esto; hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna”

“La cultura del bienestar, nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos vuelve insensibles a los gritos de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bellas, pero no son nada, (…) nos lleva a la indiferencia hacia los demás, es más, lleva a la globalización de la indiferencia”. “¡Nos hemos habituado al sufrimiento del otro, no nos concierne, no nos interesa, no es un asunto nuestro!”

El papa ha pedido perdón: “perdón por nuestra indiferencia, perdón por quien se ha acomodado, quien se ha encerrado en su propio bienestar que lleva a la anestesia del corazón, perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas”

La historia juzga ahora a miles de ciudadanos que callaron ante los horrendos crímenes del nazismo. Hoy no podemos callar ante la sangría que nuestras fronteras, donde están muriendo hombres, mujeres y niños..

Editorial de la revista Autogestión.