LA GUERRA CONTRA LOS NIÑOS

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Apuntes solidarios contra la esclavitud infantil.

1) Introducción.

2) Datos generales. Reflexión sobre ellos
• La manipulación del lenguaje. La hipocresía de las instituciones
• Un mundo en guerra

3) Los niños esclavos
• Un poco de historia. Contexto actual
• Dónde están (lugares) y qué hacen (Explotación sexual, tráfico órganos, niños de la calle, industria, campo, minas, pesca, servicio doméstico, construcción…)

4) Los niños esclavos en nuestro ambiente

5) Los niños esclavos según los sindicatos y partidos

6) Interrogantes finales

1) INTRODUCCIÓN

Antes de nada, es necesario centrar el tema del que vamos a hablar. No se puede hablar de la esclavitud infantil, ni siquiera escuchar una charla sobre ello, de cualquier modo. Sentarse a hablar técnicamente o disponerse a recibir información sin estar dispuesto a cuestionarse la vida, es inmoral. Mientras nosotros estamos aquí sentados, hay 400 millones de niños malviviendo o muriendo en minas, prostituidos en burdeles asquerosos, gastando su vida en fábricas insalubres… vamos a hablar de rostros, manos, nombres y vidas reales que están sufriendo atrozmente ahora. Nadie tiene derecho a contemplar esto sin desear con toda su alma com-padecer, padecer con ellos y compartir también su lucha por la liberación. Lo contrario sería morboso e inhumano. Yo no soy digna de transmitir siquiera un poco lo que está suponiendo el drama de los niños esclavos. Tengan en cuenta que puedo estar citando a niños que han fabricado mi ropa, que han recolectado mi café o que han muerto por mi falta de acción política solidaria. Lo quiera o no, formo parte del pie que les está aplastando. ¿Qué derecho tengo, desde mi buena vida, a hablar de su desdicha? Sólo me atrevo porque deseo de verdad hacerme pobre y poder algún compartir su lucha y mirarles sin sentir esta enorme vergüenza. Sólo pretendo con esto situar el diálogo al nivel más vital posible. Que vosotros y yo, dejemos que estas vidas nos interroguen, que nos miren y puedan ser ellos, los niños esclavos, los que nos hagan preguntas. Preguntas que sólo podamos contestar con nuestras vidas. De verdad no creo que sea perdonable preparar este curso, o participar en él, sin dar pasos, objetivables, de solidaridad con los niños esclavos.

2) DATOS GENERALES, REFLEXIÓN SOBRE ELLOS

No es fácil hacerse una idea general, y contemplar un balance de cifras, si uno quiere informarse a través de los organismos internacionales oficiales (confusión, manipulación del lenguaje que luego veremos, baile de cifras…). Las cifras (siempre conservadoras) de organismos como la ONU, OMS, UNESCO, UNICEF, OIT (y su oficina permanente BIT) van entre 130 y 400 millones de niños esclavos. La OIT admite que 1 de cada 4 niños trabaja en el mundo empobrecido (¡¡El mundo empobrecido es la inmensa mayoría de la humanidad, el 86%!!). Admite así unos 300 millones de niños esclavos. Según Martín Medem, los especialistas de USA habían calculado para el 2000, 400 millones de niños esclavos. Estamos en 2003 y la tendencia no se ha invertido. Por desgracia para los niños, estas cifras son a la baja: muchos niños son explotados en la clandestinidad (es difícil contabilizarlos), además no se incluyen niños que van a la escuela (aunque muchos van unas pocas horas a la semana o al mes, y luego tiene «jornadas laborales» de 12 a 16 horas diarias). Y además las cifras se refieren a niños menores de 15 años. Los organismos internacionales coinciden en admitir que aumentan estas cifras. Aumenta la esclavitud infantil en número y en gravedad de las condiciones de explotación. Esto es lo verdaderamente importante: ver la tendencia, el dinamismo del mundo. Y la esclavitud infantil, según toda predicción, AUMENTA.

LA MANIPULACIÓN DEL LENGUAJE. LA HIPOCRESÍA DE LAS INSTITUCIONES

En cuanto a los organismos oficiales, además de las cifras, es necesario denunciar, antes de nada, para desmarcarnos absolutamente, la manipulación del lenguaje que insulta a los niños esclavos y sus familias. En los documentos de la OIT y UNICEF se habla de niños trabajadores. Se hinchan a decir «trabajo infantil». Y así, se mezcla la realidad de las niñas prostituidas que es esclavitud, explotación… con el trabajo que un niño realiza en el hogar o en el campo, para colaborar con su familia. Que un niño trabaje es positivo, y no debemos permitir que se degrade el valor del trabajo humano. Es negativo, es inmoral que un niño no pueda ir a la escuela, que esté esclavizado para beneficio de una economía que da dinero a unos pocos a costa del sudor y la sangre de los niños.

No sólo llaman niños trabajadores a chiquillos a quienes se roba la infancia: desnutridos, enanos a causa de los trabajos bestiales que realizan, desescolarizados, sin esperanza… sino que además, siembran la confusión dividiendo aún más las cifras. De los niños trabajadores sólo algunos tienen para la OIT la suerte de poder ser llamados «explotados». Son los que cumplen algunas condiciones: han de ser menores de 7 años (los de 7 no!!), han de trabajar más de 8 horas diarias, han de trabajar en oficios peligrosos o vejatorios para ellos (y aquí incluyen algunos como minas o prostitución). Esto es asqueroso e indignante, pero es así. Sirve para que haya menos niños esclavos (al dividirlos en muchos compartimentos), igual que hacen con los hambrientos. Sirve para luego justificar objetivos como «acabar con las peores formas de trabajo infantil». ¡Eso dice la OIT! Hemos creado una maravillosa institución, la Organización Internacional del Trabajo, cuyos funcionarios cobran tanto que jamás arriesgarán su sueldo atacando a quien les paga, es decir atacando a los verdaderos causantes de la esclavitud infantil. Prefieren invertir su presupuesto en acabar con las peores formas de trabajo infantil, ¿las hay mejores? Saben muy bien que se pueden erradicar todas las formas de esclavitud infantil. Oficios peligrosos o vejatorios, dicen, como «los niños que trabajan en la prostitución». ¿CÓMO? NIÑOS- QUE- TRABAJAN-EN-LA-PROSTITUCIÓN. ¿Cómo se puede decir eso y seguir cobrando por el cargo? ¡Es incompatible niño-que trabaja-en la prostitución! En esta casa preferimos utilizar el lenguaje de las víctimas: Son niños y niñas violados sistemáticamente a cambio de un plato de comida, o de nada. No es turismo sexual sino niñas violadas por turistas occidentales. No son problemas nutricionales sino Hambre. Y no son niños trabajadores, sino esclavos.

La esclavitud infantil, unánimemente reprobada, pero extendida por todo el planeta, es uno de los rasgos característicos de nuestro tiempo. Esto es claramente así, y ojalá estuviera exagerando. Nuestro tiempo se define sobre todo, no por el uso de la I.A. y los ordenadores. Eso ocurre en una esquinita enana del mundo. Hoy lo normal, es tener hambre. Lo normal es ser niño esclavo, o tener un hijo esclavo.

Sometidos a trabajos forzados, vendidos y comprados como esclavos, prostituidos, utilizados como soldados por ejércitos, guerrillas y grupos paramilitares, centinelas, recaderos y matones, niños que buscan plástico entre montañas de basura putrefacta, niños mutilados para vender sus órganos, niños en la calle, bajo las alcantarillas de frías ciudades rusas, niños en las cárceles, en campos de refugiados, en los corredores de la muerte… Son la vergüenza de nuestro tiempo, aunque no tengan categoría para ser portada de publicaciones, para ser anunciados en los folletos turísticos e informativos de ningún país. Hay niños esclavos en cada sector de la economía, en cada continente, y la prueba de ello llega a nuestras casas, a nuestros objetos personales, a nuestros platos, a veces hasta se cuela en nuestras teles y periódicos. No hay más que mirar las etiquetas made in… para saber que en otros lugares están muriendo para nuestro «supuesto bienestar». Pero no se contempla en los programas políticos. Cuando uno va a votar, cuando un sindicalista sale en la TV, cuando un ciudadano se plantea su acción política ¿cómo no tener en cuenta a los niños esclavos? La esclavitud infantil es un tema político, no de ONG.

UN MUNDO EN GUERRA

En un mundo así, donde hay 400 millones de niños esclavos, esto es 10 veces la población de España, tenemos que estar muertos, o muy enfermos. Al menos, muy enferma tiene que estar nuestra conciencia.
Si la esclavitud infantil fuera algo anecdótico en nuestra economía mundial, podríamos hablar de excesos, de maldad y falta de escrúpulos de unos explotadores… pero cuando es un fenómeno tan extendido, en aumento, instalándose como fenómeno estructural, no podemos ser ingenuos. No podemos por respeto a los niños esclavos. La máquina de nuestro sistema comercial y económico se alimenta de un combustible barato y eficaz. El trabajo y la vida de los empobrecidos (para quien haya visto la película Matrix le puede valer la imagen de utilizar a la persona como una pila, se representa un mundo de mentira en el que se nos hace creer que sentimos, vivimos, decidimos…). Unos seres humanos estamos viviendo a costa del sudor y la sangre de otros, y este es el punto de partida para afrontar con seriedad el tema. Y poder dar respuesta. Esta situación mundial, de hambre y de miseria, por el número de muertos que arroja, por la violencia con que se impone no puede más que llamarse guerra. La guerra de los fuertes contra los débiles, de los poderosos contra los débiles. Juan Pablo II habla de una auténtica conjura contra la vida, y ¿qué mejor nombre se puede dar a una sociedad que está devorando a sus niños?…

Defiendo que lo que estamos haciendo con los niños en este planeta es un verdadero holocausto. El holocausto que llevaron a cabo los nazis con los judíos se cuenta en unos 6 millones de judíos. Fue terrible, aparece en todos los libros de historia y se hacen películas y libros en los que se denuncia y se da a conocer el sufrimiento de las víctimas. Siempre me pregunto al ver estas películas ¿cómo pudo volverse loco un pueblo entero? ¿Qué les ocurrió a los alemanes, a los que no eran el ejército, a los que consintieron y apoyaron aquella salvaje e inhumana injusticia? ¿Cómo podían haberlo evitado? Vamos a hacernos hoy estas mismas preguntas. El holocausto de la infancia hoy supera en mucho, en cifras, el holocausto nazi. 400 millones de niños esclavos. En crueldad es incontestable. Nosotros no somos el capataz de utiliza el látigo sobre un niño exhausto de 6 años. Pero somos del mismo bando que ese capataz, del bando vencedor, el que necesita al niño para poder tener productos baratos en todo a 100.

Un ciudadano alemán que veía pasar trenes llenos de desdichados a los crematorios, ¿no tenía responsabilidad? ¿Y nosotros, ciudadanos, personas, seres políticos, no la tenemos? ¿Conviviendo con multinacionales asesinas y políticos a su servicio?

3) LOS NIÑOS ESCLAVOS

Sin pretender ninguna exhaustividad (pues no da tiempo) voy a citar algunos sectores primarios, industriales o de servicios, donde la mano de obra infantil está presente. El mapa de la esclavitud infantil ensucia el planeta entero, pero iremos citando algunas concreciones, viendo que donde más se padece es, por supuesto, en países empobrecidos.
El 96% de los niños del mundo vive en países obligados por ley a defender sus derechos. En 1989 todos los países menos Islas Cook, Suiza, Omán, Emiratos Árabes, Somalia y EEUU firmaron la convención sobre derechos de la infancia. Pero los convenios y tratados no impiden al capitalismo exprimir hasta la última gota de su víctima favorita: el Débil. El empobrecido, el niño empobrecido (¿se puede imaginar más debilidad, víctima más dócil?).

UN POCO DE HISTORIA. EL CONTEXTO ACTUAL

Muchos historiadores nos recuerdan que la esclavitud infantil no es un invento del capitalismo. Ya los artesanos y campesinos del siglo XIX explotaron a sus niños en sus talleres y familias. En la revolución industrial la situación de los niños pobres de Europa se hizo más espantosa. Hacia mediados del XIX 1 de cada 8 obreros era un niño. Trabajando entre 12 y 14 horas en atmósferas cargadas de fibra y polvo, mutilados o deformados. En Francia, por ejemplo, un trabajo de 1837 consiguió despertar la sensibilidad de la población y se fijó la edad del primer empleo a los 8 años. La jornada laboral para obreros entre 8 y 12 años pasó a ser de 10 horas.

Esto ocurre hoy en los países empobrecidos, y reaparece en los enriquecidos. A la vez que se extrema la competitividad del comercio y las condiciones asfixiantes de la economía de los países empobrecidos (préstamos, deuda, políticas de ajuste del FMI y BM), a la vez aumenta la esclavitud infantil. Hay países, como India donde el número de adultos en paro iguala al de niños esclavos. Los niños copan los puestos de trabajo por su docilidad y porque cobran menos, y es fácil entender la íntima relación entre esclavitud infantil y paro o precariedad para los adultos. Entre 1977 y 1996 (en 20 años) la cifra de niños esclavos pasó de 54 a 100 millones (SE DUPLICA), según el BIT.

Esta es la situación mundial: Las políticas económicas de los organismos financieros han conseguido el mayor negocio de la historia: el Sur empobrecido nos financia. El reembolso de la deuda, las ganancias de las transnacionales, la evasión de capitales, los pagos por el monopolio tecnológico y otros mecanismos, suman una cantidad que supera con creces los flujos de Norte a Sur en inversión, préstamos y donaciones. Los niños esclavos querrían ir a la escuela, sin escuela el círculo de la pobreza se perpetúa, la formación es imprescindible para el protagonismo personal y colectivo. Pero los niños esclavos no tienen escuela. Las políticas de ajuste estructural no lo permiten.

Sólo si hubiera un niño esclavo en la Tierra su clamor se levantaría al cielo tanto como para cuestionar nuestra honradez como seres humanos. No tendríamos derecho a dormir tranquilos. Pero este clamor alcanza hoy los 400 millones.

DÓNDE ESTÁN Y QUÉ HACEN LOS NIÑOS ESCLAVOS

Están en los infiernos. En el infierno. Ahora que nuestro pequeño mundo enriquecido vive un verdadero infierno de dolor y sinsentido, de falta de esperanza y de Ideal (¿si no por qué la gente de buena voluntad al ver niños esclavos en la tele cambia angustiada de canal y trata de pensar en otra cosa?), está de moda decir que no existe el infierno. Forma parte de nuestra absurda manía de negar el dolor. Por eso, los niños esclavos tampoco existen. Están por todas partes, dejan sus huellas en nuestros objetos de consumo, pero no existen. Como el infierno, el infierno en que viven.

En Asia está el 60% de los niños esclavos del planeta. Por ver algunos ejemplos, en Pakistán tejen alfombras. Los niños tejedores se pasan horas y días en posturas que les dejan enanos y deformados. Encadenados y esclavos sufriendo tortura física y psicológica, son niños como nuestros hijos, y la mayoría padecen problemas respiratorios por inhalación de polvo de fibra y algodón. En Pakistán es común la venta del niño a los productores, supuestamente a cambio de una vida mejor y una formación profesional. El niño va acumulando con el patrón una deuda en concepto de alojamiento, manutención… que nunca puede pagar y se perpetúa incluso por generaciones o entre hermanos. Hacen alfombras para nuestros pies.

En Arabia Saudita los niños se importan de otros países cercanos para hacer sirvientes o de yóqueis en las carreras de camellos. Niños de 5 y 6 años son atados al camello, que con los gritos y patadas del niño aterrorizado, corre más deprisa. A veces se azota al niño antes de la carrera, o se le somete a descargas eléctricas para excitarlo. Niños con tanta dignidad como nuestros hijos, y ningún gobierno ha hecho nada. Ningún organismo oficial ha hecho nada.

En Nepal, India, Tailandia, los niños engordan las arcas de los mercaderes del sexo, sirviendo los inmorales placeres de los nativos y también de los turistas occidentales. Según la revista Autogestión, en Nepal niñas de 7 años esperan a que se acabe su jornada laboral para ir a jugar a las muñecas. En los vídeos de la Editorial Voz de los Sin Voz, podemos ver testimonios de muchas de estas niñas violadas. No se me borra de la memoria una cría que decía con voz baja que quería morirse. Le faltaban fuerzas para quitarse la vida, la vida perra a que estaba condenada. Me hizo recordar el testimonio de los presos de campos de concentración nazis. Cuando ya no podían más corrían a las alambradas electrificadas, o se dejaban morir… Así están 400 millones de niños. El capítulo de la explotación sexual es de los más terribles y extendidos. En Asia hay más de un millón de niños esclavos sexuales. Camboya, China, Laos, Vietnam… cuentan con redes en las que a menudo están implicados la policía y los políticos. En Italia se anuncia en folletos turísticos que las mujeres de Brasil siempre están disponibles. En Camboya el 35% de los explotados sexualmente son niñas entre 12 y 17 años. Gracias al proceso de paz y la demanda de los empleados de la ONU, en Phnom Penh (la capital) de 1991 a 1992 se multiplicó por más de tres el número de prostitutas (de 6 mil a 20 mil). El 25% de los turistas de países enriquecidos como el nuestro que eligen Sto. Domingo como destino, repiten según ellos mismos por la oferta sexual de menores. El papel de nuestro consumo, nuestras agencias y nuestros políticos es de nuevo, propio del bando más fuerte en una guerra sucia. Sus mujeres y sus niñas, para nosotros, los vencedores. España es el 4º importador mundial de niños para el comercio sexual (detrás de Alemania, Italia y Canadá). Importamos sobre todo niñas dominicanas, portuguesas, checas y marroquíes. Es un dato molesto, acusador, por eso ya nos ha aclarado la prensa que vienen porque quieren. (Recorte de prensa) Hay que ser hipócrita para decir que un país hambriento, empobrecido y sumido en la violencia como es Colombia, prostituye a sus mujeres y sus niñas por elección libre entre tantas otras opciones. ¿Alguien puede imaginar que entre elegir ser funcionaria, maestra, universitaria… o vivir como emigrante ilegal en un burdel de mala muerte en España, ellas eligen ser putas? Nuestros políticos, incluso los feministas, se callan. Una representante del BNG en Santiago ha hecho unas declaraciones realmente aterradoras. Teniente de alcalde, feminista según ella y miembro de un partido que se dice de izquierdas, esta señora afirma que siempre habrá hombres que quieran sexo con prostitutas, por lo tanto la explotación no se va a acabar, así que es mejor que al menos sea legal y coticen a la Seguridad Social.

En la industria se explota a miles de niños. En muchos lugares de Iberoamérica e India los niños fabrican ropa. En nuestros armarios cuelgan prendas de Zara, Levi Strauss, Nike, Lee… y muchas otras marcas que fabrican en el tercer mundo para abaratar costes y conseguir más sometimiento de sus empleados. En 1991 la Levi Strauss comenzó a cerrar sus fábricas de USA para llevarlas a Saipan (islote del Pacífico con particulares ventajas económicas, como poder exportar los productos con etiqueta made in USA). Leo una denuncia de la campaña de prensa que llevaron a cabo los sindicatos por las condiciones de esclavitud que padecían los obreros de estas fábricas. «Willie Tan (empresario) producía ropa para firmas como Levi´s, the Gap, Christian Dior. Tenía a su servicio a 1500 muchachas traídas de China con contrato laboral por tres años. Después del desembarco, les retiraba los pasaportes para impedir que abandonasen la isla, las alojaba en barracas valladas y las hacía trabajar durante 11 horas diarias 7 días a la semana, vigiladas por guardias armados.

Para muchos niños del mundo los juguetes son una pesadilla. En China se fabrican juguetes de marcas como Mattel, Chicco o Lego, siendo conocidos casos de explotación y condiciones infrahumanas, como en una fábrica de Chicco que ardió muriendo allí cientos de trabajadoras en su interior. Horas y horas empastando el plástico, vertiéndolo en moldes vigilados por capataces. Las pagas son miserables. Los niños esclavos que cosen balones Nike, Adidas, Reebok en Pakistán cobran 75 ptas al día por fabricar balones que se venden a 10 mil. También los niños hacen calzado en India, Indonesia, Tailandia… En las estanterías de los grandes almacenes lucen orgullosas etiquetas de estas empresas. Nosotros, como ciudadanos nos paseamos alegremente entre sus productos. ¿Podemos permitir que se anuncien las multinacionales que se enriquecen a costa de la esclavitud?

Miles de niños dejan su vida en las terribles minas y canteras de África, Asia e Iberoamérica. A más de 3 mil metros bajo tierra acarrean en Perú enormes sacos medio desnudos y llenos de cicatrices sometidos a un calor y humedad sofocantes, amenazados permanentemente por los derrumbamientos. En Colombia, el 65% e los obreros de minas y canteras son menores de 16 años, y los hay de 5. Se les llama los niños topo: trabajan casi a oscuras durante 10 horas al día. Un niño de 14 años, que ha dejado la mina por un accidente, cuenta: «Era remolcador de carretilla, es un trabajo muy duro. Está en pendiente y la carretilla pesa toneladas. Subes, descargas y bajas muy deprisa, pues para cobrar nuestra paga hemos de llegar a la cantidad ordenada. Algunos días al salir ya no tenemos fuerzas ni para comer.» Hacen barato los trabajos que nadie de nosotros haría.

Como los prisioneros del campo de concentración de Austzwitch, que picaban piedra o construían carreteras. Estos niños no suelen llegar a viejos.

Las fábricas de ladrillos son el infierno particular de otros muchos niños, por ejemplo en Pakistán, en Egipto y en Colombia, algunos de los cuales no han salido nunca de la fábrica de ladrillos, y ni siquiera saben su edad. En Egipto los niños también recogen flores de jazmín para nuestros perfumes, con sus manitas pequeñas se levantan a la 1 de la madrugada y trabajan 10 horas recogiendo flores para una empresa de cosméticos, de noche, cuando están húmedas. Tienen entre 6 y 13 años y cobran al peso, su salario apenas consigue alimentar a sus familias.

Viendo esto, incluso uno se cuestiona lo de «fuertes, débiles…». Un universitario de nuestra ciudad, «normalito», que el mayor esfuerzo que ha hecho es ir a clase con resaca, que vive de sus padres a los 28, contempla con indiferencia este cartel. Niños de 8 años luchando por su dignidad, hay niñas de 6 que mantienen a sus hermanos huérfanos, con 6 años sostienen un hogar. El universitario vive bien, pero, ¿es fuerte? , el fuerte es el que es capaz de sacrificarse… Los que sostienen nuestra economía, los que pagan el precio de nuestra vida de cerdos… ellos son fuertes. La historia ha demostrado que son capaces de transformarlo todo. Tal vez los débiles para el imperialismo son los fuertes para la solidaridad.

También hay niños en la agricultura comercial, trabajan y cobran según rendimiento, a veces trabajan en familia y cobran sueldo familiar. En las calles de Haití los buscones abordan a chicos entre 8 y 15 años y les ofrecen trabajo en la República Dominicana, y se les lleva a las plantaciones de caña, a trabajar como esclavos. 12 horas al día 7 días a la semana, trabajando curvados, sin guantes ni protección en los ojos. Duermen en barracones sin agua ni luz, y comen arroz una vez al día. Niños de 8 años en Filipinas trabajan 11 horas diarias en la caña de azúcar, asfixiados de calor y agotados, cobran al 25 cs. Trabajando toda la familia no les cubre las necesidades básicas. ¡¡25 cs los pierdo en el bolsillo y no me entero!!

El servicio doméstico es uno de los sectores donde más prospera la esclavitud infantil. En Indonesia hay unos 5 millones, en Brasil, Venezuela, Colombia… En España CCOO denuncia la importación de niñas marroquíes para trabajar en el servicio doméstico sin sueldo alguno. (Enseñar nota de prensa). Estimaciones de sindicatos y asociaciones hablan de 1 millón de niños esclavos en España.

Los niños de los basureros, viven en los cinturones de las grandes ciudades, en ocasiones familias enteras, y viven de aquellas cosas que pueden recoger de la basura para venderlas. Hay que ser los más rápidos para encontrar más rápido los desperdicios de nuestra mierda que a ellos les darán de comer, por eso corren en cuanto llegan los camiones. Las montañas de basura humeante por la descomposición son fuente de infecciones, y sólo en uno de los siete basureros de Manila viven 3500 familias (12 mil niños). Es común que niños huérfanos malvivan y mueran solos buscándose la vida en los basureros.

Los niños submarinistas arriesgan su vida bajo el agua asustando peces para que caigan en las redes, los niños desguazadores de Corea, picapedreros de Bangladesh, de las fábricas de vidrio donde la temperatura es de 50º y el sonido alcanza los 130 db. Estos niños se hacen cortes en los pies descalzos y padecen quemaduras e intoxicaciones. Cuando ocurre un accidente mortal, el cuerpo del niño se arroja al horno para hacerlo desaparecer, no le importa a nadie, no lo anuncia nadie, nadie pide perdón. Voy a leer un texto de Víktor Frankl hablando de su experiencia en un campo de concentración nazi: «…»

Hay niños que lían tabaco (bidis en India), que fabrican cerillas… no hay sector que no aproveche la debilidad del más pequeño. Espectáculos de boxeo, de lucha contra animales…

No podemos ignorar uno de los comercios más escandalosos y oscuros: el de órganos. Para describir este vergonzoso negocio, el lema acusador «Nuestro banquete es el hambre de los pobres» se ha quedado corto. No sólo su sudor, su trabajo, su comida, sus materias primas… el cerdo cebado (que somos los países del Norte) no se conforma. También quiere sus riñones, sus córneas… o su corazón. Sí, se trafica con niños para la adopción, pero también se trafica con niños para el «destace», para despiezarlos, o se trafica con sus órganos para satisfacer las necesidades de órganos de los ricos. Esta realidad abarca a los niños callejeros que donan sangre hasta la anemia a cambio de unas monedas, y también otros muchos casos de robo de niños para exportar sus órganos a otros países. Un informe de la OMS denunció en el año 90 redes médicas que pagaban a niños pobres de Iberoamérica e India par extraerles los órganos y venderlos a precios astronómicos en el Norte. El gobierno de México denunció lo mismo, de niños mexicanos para vender los órganos a clínicas de USA. Se ha acusado de traficar con córneas a la conocida clínica española Barragán. Organismos oficiales como la OMS y ONGs han denunciado la desaparición sistemática de niños callejeros y la complicidad de autoridades en Argentina, Honduras, Paraguay, Perú, Colombia, Guatemala y México. Incluso el presidente de Costa Rica Calderón Fournier en 1991 afirmó «le puedo asegurar que ha habido trasiego de Sur a Norte para asesinar niños y sacarles sus órganos».

A los judíos se les mataba cuando ya no valían para el trabajo, y se utilizaba hasta su pelo y su grasa para hacer jabón… En este enorme infierno de la infancia, también los seres humanos son aprovechados hasta sus órganos. Este holocausto de dimensiones desconocidas hasta ahora en la historia no ha sido aún llorado, recordado, restituido… y ya va siendo muy urgente hacerlo. ¿Hay derecho a que nuestros políticos no traten este tema en el Congreso, en el Parlamento Europeo, en los Plenos de mi Ayuntamiento? ¿Con qué justificación consentimos que los temas más importantes de la humanidad sean ignorados por aquellos a quienes pago, a quienes voto, a quienes sostengo? ¿No es un tema político que mi gobierno subvencione a multinacionales como Siemens o Shell, o Inditex, multinacionales españolas o europeas que esclavizan niños? ¿Es nuestro deber acabar con algunas dictaduras (aunque sea bombardeando) pero no es cosa nuestra el tráfico de niños y su esclavitud?

Prisión y condena. Hay niños en las cárceles de muchos países: en Birmania, Irak, Kuwait… En USA en 1999 había 29 menores en el corredor de la muerte a la espera de la ejecución. En Mississipi la edad mínima para la cámara de gas son 13 años. En Pensilvania no hay edad mínima. A esto le llaman progreso.

Los niños guerrilleros merecen también un capítulo aparte. En los últimos 50 años el mundo ha padecido más de 400 conflictos armados. Los países enriquecidos aportamos el 90% del armamento y defendemos nuestros intereses alimentando un conflicto u otro, apoyando un bando. Pero las guerras nos convienen sobre todo lejos de casa, entre los pobres. Además de ser víctimas de las guerras por muerte, mutilación, orfandad, horror en cualquier guerra, los niños a veces juegan papeles dramáticamente centrales. En ocasiones se usan como blanco prioritario. No hacen falta muchos conocimientos de psicología para adivinar las mejores formas de minar la moral del adversario o mermar sus fuerzas futuras. Se han inventado minas especiales para los niños. La técnica de los snipper, tiradores de élite: su misión es disparar a los niños para posteriormente abatir a los padres o adultos que se lanzan a socorrerlos. En Sarajevo 1995 el director de un diario publicaba sobre un niño de 7 años abatido por un snipper: «Su madre lo llevaba de la mano, y el disparo le alcanzó en pleno rostro. Mientras el niño agonizaba, el mismo tirador disparó con un fusil de mira telescópica sobre la madre, pero apuntó al vientre, para que no muriera inmediatamente y pudiera antes ver morir a su hijo.» En Ruando el lema de la emisora hutu era «para suprimir las ratas grandes hay que matar a las pequeñas». Las guerras provocan también desplazados y refugiados. Sólo por citar algún ejemplo, en África se cuentan por miles los niños que se ven obligados a correr escapando por selvas y campos, muriendo de hambre, frío o enfermedad, o siendo devorados por las fieras.

Pero hay aún formas más crueles de protagonizar la guerra. Empuñando ellos mismos las armas que los matan, los torturan, los mutilan y los destrozan psíquica y moralmente. Este era un fenómeno marginal hasta finales de los 70, pero desde entonces su crecimiento es acelerado. Se calculan unos 450 mil niños en guerras: en países de África (Nairobi, Angola, Liberia, Etiopía, Eritrea, Sudán, Sierra Leona, Guinea, Mozambique, Tanzania, Zimbabwe, Uganda, Chad, Ruanda…), en Asia (Birmania, Laos, Camboya, Filipinas, Vietnam, Afganistán, Timor, Sri Lanka, Irak, Irán, Pakistán, Tayikistán, Chechenia…), en Iberoamérica (Colombia, Nicaragua, Perú, Honduras, El Salvador…). En los ejércitos gubernamentales y también en las guerrillas se reclutan niños y niñas. Ven morir a sus hermanos y familiares, en ocasiones son obligados a matar brutalmente a sus padres, y conviven con la muerte y el horror mucho antes de tener madurez física y afectiva. El pulso con la violencia desde los 6 años, las drogas, el lavado de cerebro y otros mecanismos consiguen hacer de ellos verdaderas máquinas de matar, sin miedo a la muerte ni piedad. Hasta que pierden la cordura, y acaban encadenados en manicomios como fieras salvajes, o hasta que pierden la vida.

¿Cómo puede permitir la comunidad internacional un holocausto semejante? ¿Es que no hay medios técnicos? ¿Es que habría que tocar a las grandes vacas sagradas de nuestro mundo? Algunos niños cuentan que tuvieron que golpear con bastones a un compañero que quiso huir… hasta matarlo. Se trata de endurecerlos hasta hacerlos enloquecer. Con 12 años se les nombra jefes y se les enseña a aliviar su enfado matando. Los que sobreviven no quieren pensar en el futuro, les da igual morir o vivir. Su sensibilidad y su inocencia están enterradas. En Sierra Leona los que consiguen salir, o son rescatados, cuentan con un psiquiatra para todo el país. En ocasiones son rechazados por sus propias familias. También se dan casos de otras familias pobres que les acogen, o un puñado de misioneros que se hace cargo de los que pueden.

Los nazis, para justificar la barbarie, necesitaron meter a los judíos en ghetos, hasta hacerlos aparecer como seres infrahumanos, diferentes a los demás. El gheto de los niños esclavos consiste en reducirlos a informativos de altas horas de la madrugada, sacarlos de la agenda política como si esto fuera un tema de buena voluntad, un tema no operativo, un tema para folleto marginal de ONG. Quitarles la categoría de humanos se hace hoy planificando nosotros su natalidad, ofreciendo imágenes de campos de refugiados donde se hacinan hambrientos y pelean por un plato de comida… Confieso con vergüenza que me he sorprendido en ocasiones al escuchar testimonios como el de una madre etíope que sufría tanto viendo a su segundo hijo morir de hambre, que decía que no sabía si lo soportaría, si podría seguir adelante… ¡Los empobrecidos sufren, no se acostumbra nadie al hambre!

4) LOS NIÑOS ESCLAVOS EN NUESTRO AMBIENTE

En todas partes hay huellas de su sufrimiento, pero los niños esclavos están ocultos, donde no puedan acusarnos. No forman parte de los temas importantes en la agenda política, ni en la educación. Transversalmente, con lo que no es importante. En los libros de nuestros niños rara vez aparecen, y si los vemos es contándonos la historia de un Iqbal Masih ñoño y despolitizado, robándole así la carga de militante revolucionario, capaz de remover nuestras conciencias y hacernos avergonzar del «no se puede hacer nada», capaz de movilizarnos para, como él, comenzar una lucha consciente y constante, hasta dar la vida.

Peor es buscar a los niños esclavos en las librerías. Es el genocidio más grande que se está realizando, son 400 millones de niños en la basura, pero no tienen nada sobre ellos en ninguna librería de mi ciudad. En dos librerías encuentro grandes libros de fotos, valen más de 8000 ptas. y traen fotos preciosas de niñas prostituidas. En una me remiten a la Editorial Voz de los Sin Voz. Y en los MCS. En abril de 2001 aparece una noticia con tintes de alarma: «Es encontrado un barco con 250 niños esclavos a bordo». ¡Escándalo, alarma! La sociedad occidental (encabezada por la UNICEF) se rasga las vestiduras. El día anterior de los actos en toda España contra las causas de la esclavitud infantil. Todos los medios dan cuenta del barco con 250 niños. Unos locos africanos, salvajes de tribus que trafican con niños… por supuesto nuestro papel es, como sociedad avanzada, impedir tal aberración. Y claro que lo es, y que hay que impedirla. Al día siguiente, ni ningún día ni una palabra de más de 30 actos contra las causas de la esclavitud infantil. Prohibido citar que son no 250 niños sino 400 millones de niños. Prohibido hablar de que nuestro papel es el de cómplices, beneficiarios. Prohibido citar a empresas como Inditex o Nike…Una sociedad enferma e hipócrita trata así a los niños esclavos. Al mes siguiente me sorprendo viendo en la portada de El Mundo El Calvario de los niños trabajadores de Bangladesh. Primera página, con foto de niños de 5 años picando piedra bajo un sol a plomo… Hasta una editorial le dedican, que termina informando de las causas: «los gobiernos corruptos y las inclemencias del tiempo han hecho de Bangladesh el paria del mundo». Para escribir eso es mejor llenar una página con insultos. Haría menos daño a los niños esclavos. Recientemente (marzo 2003) aparecen de nuevo, en la sección de deportes (comentar noticia de una feria de fútbol que tiene, junto al stand de Nike, un stand de solidaridad con los niños)

5) LOS NIÑOS ESCLAVOS SEGÚN LOS PARTIDOS Y LOS SINDICATOS

Algo hemos ido comentando de nuestros políticos. Para ellos el tema no es relevante. El PSOE, por ejemplo, en su programa, en la parte referente a «Cooperación Internacional», propone cambios verdaderamente revolucionarios: a saber, el 0,7% ¡para el 2010! De dejar de robar no dicen nada. También proponen destinar un 3% del beneficio del negocio de armas a programas de desarrollo, y paz. El otro 97%, para hacer la guerra. Ni PP, IU, ni los nacionalistas de nuestro país pretenden, ni de lejos, acabar con la esclavitud infantil. Nuestra experiencia en la calle, demuestra que todos defienden los intereses de los comerciantes, de las grandes multinacionales, impidiendo la denuncia pública de las causas de la esclavitud infantil.

Es fundamental aquí el papel de los sindicatos. ¿Alguien ha visto a algún sindicalista de hoy denunciando la esclavitud infantil? ¿En la TV, en la radio, en sus negociaciones? Ningún sindicato se ha unido el 16 de abril, por ahora al clamor ciudadano que se inició en 1996 contra las causas de la esclavitud infantil en toda España. Están demasiado ocupados en defender los privilegios de los pocos trabajadores privilegiados. Y en cobrar.

Los sindicatos elaboran material sobre E. I., perdón, ellos le llaman también trabajo infantil. Por supuesto en sus páginas web hay algo de esto. Utilizando el mismo lenguaje del opresor. Elaboran hasta unidades didácticas para trabajar el tema con los niños ricos. Para eso lo usan, es un tema transversal, como todo lo que no es importante, pero da un tono «pseudosolidario». Pero no se lleva a sus reuniones, no se lleva a la calle ni se denuncian sus causas.

Los niños esclavos de la revolución industrial se convirtieron después en militantes, revolucionarios, entregando sus vidas por la solidaridad y creando el movimiento obrero. Asociación o muerte, cultura para los pobres… También los niños yunteros de España, de Miguel Hernández, fueron después luchadores por la solidaridad. Con los valores despreciados por la cultura burguesa (trabajo, sacrificio, amistad, honestidad) crean una auténtica cultura diferente, solidaria. De esto no quieren ni oír hablar nuestros sindicalistas burócratas. Imposible encontrar en sus filas un rastro de esto.

Y sobre todo, los sindicalistas no hablan nunca de los niños esclavos que hoy también luchan. Porque ellos sí luchan. Hay sindicatos entre los empobrecidos que han formado militantes de la talla de Iqbal Masih, niño esclavo que dio la vida a los 12 años en la lucha solidaria. Hay niños esclavos en la India y Pakistán, que se manifiestan exigiendo justicia para Iqbal, exigiendo el fin de la esclavitud infantil. Los niños de la calle, de Río de Janeiro se manifiestan con pancarta gigante denunciando que han asesinado a sus compañeros, los escuadrones de la muerte. Son niños de 8 años, con la cara tapada por miedo, pero en la calle. Por solidaridad. Los niños mapuche han sido agredidos por las fuerzas de seguridad en Chile por denunciar mediante murales la explotación que lleva a cabo la Shell… De todo esto, no pueden hablar nuestros sindicalistas. Sería reconocer que han traicionado la lucha.

6) INTERROGANTES FINALES

¿Qué nos han dado a cambio de matar el ideal, a cambio de vivir pisando cabezas de niños esclavos? Debemos pensar cada uno, si aún nos queda sensibilidad, cómo es posible sostener este estado de bienestar a costa de 400 millones de niños, a costa de un planeta empobrecido, de hambre para el 83% de los seres humanos.

Para terminar, decir que los niños esclavos necesitan la solidaridad, exigen la solidaridad… Pero nosotros también. Para poder mirar de frente y explicarles a nuestros hijos que hemos hecho en nuestro pedazo de historia. Necesitamos las experiencias solidarias de los niños esclavos, de los empobrecidos de la Tierra… para unirnos a ellos y recuperar la vergüenza.