La radicalidad de León Bloy. La sangre del pobre. Campaña de promoción de la lectura social.

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La radicalidad de León Bloy asusta. Es muy probable que el término «políticamente incorrecto» fuera una frase acuñada en referencia a él.

Fue uno de los escritores más vigorosos que ha dado la literatura francesa. Por su radicalidad de converso fue un hombre odiado por los grandes nombres de la literatura de la época como Emile Zola, Guy Maupassant, Renant Ernest, Anatole Fraces… Pero, también, su radicalidad inspiró una ola de conversiones en Francia durante el siglo XX que incluye a personalidades como Georges Rouault, Maxence Van der Meersch, y los filósofos Jacques y Raissa Maritain.

La mediocridad nunca fue con él, ni las medias tintas. ¿Cómo se le definiría hoy? ¿Exaltado, loco, intolerante…o quizás santo? Antes de su conversión al catolicismo, Bloy profesó un ateísmo rabioso: “Hubo un momento en el cual el odio por Jesús y por su Iglesia fue el único pensamiento de mi intelecto, el único sentimiento de mi corazón”. El encuentro en 1867 con Barbey d’Aurevilly fue determinante: reemplazará sus convicciones ateas por un firme catolicismo. Barbey d’Aurevilly le alejó de ese catolicismo blando y sentimental que siempre le inspiró desconfianza. De ahí, una célebre frase suya: «No existe más que una tristeza, no ser santo».

Realmente fue una persona «incómoda», que eligió vivir en la pobreza consciente, porque era incapaz de concertar con el consumo, la «buena vida» y, mucho menos, con el burdo materialismo-lucro del capitalismo que condena a la mayoría de la humanidad a vivir en la miseria absoluta. Distinguía muy claramente entre lo que es la pobreza y la miseria. La pobreza es la privación de lo superfluo y la miseria es la privación de lo necesario.

León Bloy tenía una verdadera obsesión por la justicia. Sentía una gran debilidad por los más indefensos. Llega a exclamar: «He aquí el horror de los horrores: ¡El trabajo de los niños!, ¡La miseria de los pequeñuelos explotada por la industria productora de la riqueza!… Los ricos dicen: «Enviadlos a las fábricas, al taller, a los lugares más sombríos y más mortíferos de nuestros infiernos. Los esfuerzos de sus débiles brazos añadirá algo a nuestra opulencia».

La sangre del pobre es uno de los títulos más deslumbrantes de Léon Bloy. En los años setenta fue publicado por la editorial ZYX; y las ediciones «Voz de los sin Voz» lo vuelve a editar en los años 90 para que las jóvenes generaciones lo conozcan.

En este libro se muestra que la dicha del rico “tiene como sustancia el Dolor del pobre”. La muchedumbre infinita de los desesperados pide techo y pan, pero el rico tiene el corazón duro y no se apiada.

LA LECTURA DE ESTE LIBRO NOS AYUDA A CONSTRUIR UNA SOCIEDAD Y CULTURA SOLIDARIA.