LA SANTA SEDE PROPONE UN SISTEMA JUSTO ANTE LA 5ª CONFERENCIA DE LA ORGANIZACIÓN MUNDIAL DEL COMERCIO.

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«El ser humano debe ser siempre un fin y no un medio, un sujeto y no un objeto, no es una mercancía comerciable». “Libertad económica es sólo un elemento de la libertad humana y la economía es sólo una dimensión de toda la actividad humana. La vida económica no puede absolutizarse. Las actividades económicas deben desarrollarse en un contexto más amplio de desarrollo humano, de promoción de los derechos humanos, y en particular, de políticas y objetivos que busquen eliminar la pobreza”. –«Para establecer un sistema de comercio orientado al desarrollo humano», la OMC debe tener en cuenta las consecuencias de cada una de sus decisiones para los países más pobres…
CIUDAD DEL VATICANO, 11 septiembre 2003 (ZENIT.org).- El objetivo que debe plantearse el mercado internacional es el de promover un desarrollo auténticamente humano, capaz de superar «intereses nacionales» para promover el bien de la «familia de las naciones», considera la Santa Sede.

Así lo explica en una «Nota» publicada este miércoles por la edición italiana de «L`Osservatore Romano», en el contexto de la Quinta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que tiene lugar del 10 al 14 de septiembre en Cancún (México).

El documento, publicado en inglés, presenta un principio fundamental: «En el contexto del comercio internacional, un discernimiento ético debe basarse en el principio del valor inalienable de la persona humana, fuente de todos los derechos humanos y de todo orden social».

«El ser humano debe ser siempre un fin y no un medio, un sujeto y no un objeto, no es una mercancía comerciable», aclara el documento, que no está firmado por un organismo específico de la Curia romana.

«Libertad económica es sólo un elemento de la libertad humana y la economía es sólo una dimensión de toda la actividad humana. La vida económica no puede absolutizarse. Las actividades económicas deben desarrollarse en un contexto más amplio de desarrollo humano, de promoción de los derechos humanos, y en particular, de políticas y objetivos que busquen eliminar la pobreza», explica la Nota.

La Conferencia de Cancún busca hacer un balance de las negociaciones comerciales multilaterales comenzadas en la Conferencia de Doha (Qatar), en noviembre de 2001 (más conocida como el «Doha Development Round»).

El gran peligro que plantean este tipo de conferencias, señala el texto, es el de hacer que prevalezcan «los intereses nacionales en las negociaciones comerciales, a pesar de todas las declaraciones de respeto por las metas de desarrollo de los países pobres».

Esta actitud, denuncia, «no beneficia a la idea de una “familia de naciones”, que por su naturaleza es una comunidad basada en la confianza mutua, en el recíproco apoyo y en el sincero respeto».

«En una auténtica familia, el fuerte no domina; por el contrario, a los miembros más débiles, a causa de su debilidad, se les da una mejor bienvenida y un mejor servicio».

«El desafío» que presenta la Santa Sede a Cancún «consiste en crear un marco legal de comercio que dé a los países en vías de desarrollo tanto ventajas económicas como una autonomía política para alcanzar los objetivos de desarrollo humano, respetando sus legítimas preocupaciones en materia de estándares laborales, sociales y ambientales»

«Para la Santa Sede, sólo se alcanzará un sistema de comercio auténticamente multilateral cuando los países pobres sean capaces de integrarse plenamente en la comunidad internacional».

Para que la OMC alcance este objetivo, el Vaticano presenta seis propuestas:

–«Para establecer un sistema de comercio orientado al desarrollo humano», la OMC debe tener en cuenta las consecuencias de cada una de sus decisiones para los países más pobres.

–«El régimen de comercio mundial debería apoyar la agenda de desarrollo de los países pobres».

–«En todo sector económico, incluido el sistema de comercio internacional, se deben establecer reglas precisamente para proteger a los más débiles. Las reformas en el acceso a los mercados para los productos de los países más pobres (en el sector agrícola, textil, etc.) no pueden dejarse a un lado de manera indefinida».

–«Hoy día, las naciones involucradas en el sistema de comercio internacional están lejos de estar en una situación paritaria», explica. Por tanto, las exportaciones de los países en vías de desarrollo deben poder beneficiarse de una mayor «flexibilidad», en un contexto de mercado abierto.

–Esto implica que el sistema comercial internacional sea complementado con «reglas asimétricas». Estas reglas, adaptadas a las diferentes situaciones, se explican por el hecho de que, «a causa de la caída de los precios de las mercancías y de la especialización en los productos, los países pobres en estos momentos pueden menos del comercio que los países industrializados».

–«No hay modelo de crecimiento económico o de comercio internacional sostenible a largo plazo si descuida la justicia social o margina grupos humanos o el desarrollo humano, incluso desde el punto de vista estrictamente económico».

El documento concluye afirmando: «Las relaciones políticas y económicas entre las naciones y pueblos necesitan construirse sobre nuevas bases. El propio interés y los esfuerzos por fortalecer las propias posiciones o el propio dominio deben ser dejados a un lado. Las naciones en vías de desarrollo deberían ser asistidas, con condiciones especiales de comercio para convertirse en auténticos socios en un orden internacional más justo».