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La soledad abarca todas las edades

En España, este fenómeno afecta aproximadamente al 13% de la población de forma continuada

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La soledad es un problema político y social de primera magnitud y no se resuelve creando ministerios de la soledad o con parches para maquillar este profundo problema. La soledad está relacionada con la ruptura inducida de los vínculos solidarios entre las personas y las generaciones.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte, en su informe ‘From Loneliness to Social Connection: charting a path to healthier societies’ (De la soledad a la conexión social: trazando el camino hacia sociedades más saludables), que el aislamiento social y la soledad —que afectan a una de cada seis personas en el mundo— se han convertido en un problema de salud pública. Aumentan considerablemente las posibilidades de que una persona desarrolle enfermedades cardiovasculares, demencia, depresión, ansiedad o ideaciones suicidas, así como el riesgo de que mueran de forma prematura. De hecho, se relacionan con cerca de 900.000 muertes al año.

La soledad nunca es deseada, salvo determinados momentos de «retiro» y aislamiento que buscan determinados objetivos. Es decir, las personas somos seres sociales por naturaleza, podemos vivir solos en un piso o en una casa, pero necesitamos mantener fuertes vínculos comunitarios con vecinos, grupos sociales, familiares…

En España, este fenómeno afecta aproximadamente al 13% de la población de forma continuada. De ahí que, apuntan los expertos, sea necesario que se considere como un «problema social». Especialmente porque los colectivos de riesgo son los más vulnerables —personas mayores de 65 años y/o discapacitadas— así como los adolescentes —de entre 16 y 24 años—. Tradicionalmente, la soledad no deseada se ha asociado fundamentalmente a la vejez. Pero en la actualidad abarca a un espectro de edades mucho más amplio.

Colectivos con mayor incidencia

A los más jóvenes les afecta por la dificultad que han desarrollado para crear vínculos profundos. Pueden tener muchos contactos a lo largo de un día, más ahora con las redes sociales, y sin embargo sentirse solos. «Sus relaciones no les satisfacen». Y en esta situación se encuentra un 25% de los adolescentes.

En el caso de los más mayores hay una pérdida real, tanto de las relaciones que tenían como de los espacios en los que se daban sus interacciones sociales —entre ellos, los relacionados con su vida laboral—, a medida que se adentran en la ancianidad. «La jubilación es para muchos un factor de aislamiento», indica el experto. La cifra de las personas que se sienten solas entre los mayores de 65 años ronda el 20%, aunque sube un 5% más si nos centramos en el intervalo de entre 75 y 85 años.

El tercer grupo de riesgo, al que le afecta sobremanera, es el de las personas que tienen algún tipo de discapacidad o enfermedad mental. El nivel de incidencia alcanza el 50%. Estas personas se ven más «aisladas» y sus relaciones están «más limitadas».

¿Cómo impacta la soledad en la salud mental?

Existe evidencia contundente que vincula el aislamiento social y la soledad con un deterioro cognitivo acelerado, aumentando en un 50% el riesgo de desarrollo de demencia en adultos mayores (Donovan y Blazer, 2020; Office of the U.S. Surgeon General, 2023). También se ha encontrado que las personas solas obtienen puntuaciones más bajas en las pruebas de funciones ejecutivas en comparación a personas no solitarias (Donovan y Blazer, 2020).

El sentimiento de soledad predice un mayor riesgo de desarrollo de depresión y ansiedad y puede agravar estas condiciones en el tiempo. Estos resultados son consistentes en grupos de adultos mayores, adultos, adolescentes y niños (Luo et al., 2024; Office of the U.S. Surgeon General, 2023). A su vez, la evidencia ha demostrado vínculos significativos entre la falta de conexión social y la muerte por suicidio, también que la soledad y el bajo apoyo social se asocian con un mayor riesgo de autolesiones (Office of the U.S. Surgeon General, 2023).

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