Las esterilizaciones forzadas en Perú todavía pendiente de juicio

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Entre 1995 y 2000 más de 300.000 personas fueron condenadas a la infertilidad.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos pidió a las autoridades peruanas que garanticen una investigación sin demora, efectiva, exhaustiva, independiente e imparcial sobre las esterilizaciones forzadas de mujeres y hombres.

“En julio de 2002, el informe final del Ministro de Salud reveló que, entre 1995 y el 2000, 331.600 mujeres fueron esterilizadas, mientras que 25.590 hombres sufrieron una vasectomía.

El plan, que tenía como objetivo disminuir el número de nacimientos en  sectores de la sociedad peruana, apuntaba esencialmente a los indígenas de las zonas más abandonadas y pobres.

Se trataba de la esterilización como método para reducir la procreación de un segmento de la sociedad, empobrecidos fundamentalmente, ¿a qué nos recuerda?.

Batalla política y justicia

Irrita el desprecio que los políticos dispensan a las víctimas, la burla de unos políticos leoninos hacia unas víctimas inocentes -en todos los sentidos-. No se habla de indemnizaciones, no se habla de perdón, no se habla de restitución. Apenas algunos hablan de castigar a los políticos responsables de aquella aberración y olvidan el resarcimiento de las víctimas denotando así que es la batalla política la que prima por encima de la justicia.

La Conferencia de Pekín sobre la mujer

Estas esterilizaciones forzosas respondieron al compromiso que Fujimori adquirió en la Conferencia de Pekín sobre la mujer, en la que se impuso el término “salud reproductiva” para catalogar el embarazo como enfermedad de la que había que “librar” a las mujeres pobres.

Según el principio racista de eliminar a los seres “inferiores”. Por tanto eliminar la pobreza eliminando a los pobres

Consecuencias para las víctimas

Una consecuencia gravísima sobre todo para las mujeres fue el repudio de su familia y de su comunidad, la fertilidad entre los pueblos indígenas peruanos es muy valorada. La tierra y los vientres fértiles son la vida y la alegría. Los nacimientos son fuente de riqueza para la comunidad.

El abandono de la familia ha hundido más a estas mujeres en la miseria y en el aislamiento social. Son estigmatizadas y perduran los enormes daños psicológicos, depresiones y trastornos obsesivos. Tras 20 años, muchas siguen soñando con la vuelta a la fertilidad y para ello se someten a todo tipo de ritos mágicos, prácticas de brujería, etc.

Las mujeres de Anta

Las asociaciones de mujeres afectadas han luchado durante años, han tenido que superar la vergüenza y la burla de las autoridades locales y nacionales y han presionado hasta que la Fiscalía peruana ha reabierto el caso en noviembre de  2011.

Giulia Tamayo, investigadora, se tuvo que esconder y confirma “las mujeres estaban indefensas, no se las informaba de la operación a las que se las iba a someter, muchas eran analfabetas, hablaban quechua, no sabían hablar castellano… “

Hay testimonios de mujeres a las que se encerró durante días. Se atendía a las pacientes como a animales, incluso con instrumentos a veces de veterinaria. Era una cacería, llevadas a rastras, tiradas en el piso, escenas dignas de una novela de terror, con la connivencia de policías y militares.

A finales de los años 80, la cúpula del ejército esbozaba un proyecto para conducir a Perú al desarrollo, se llamaba Plan Verde y en él propugnan frenar el desarrollo demográfico, aplicando en todos los centros de salud la ligadura de trompas.

El defensor del pueblo que actualmente lleva la investigación, afirma que hay pruebas suficientes, el personal de las clínicas eran contratados y tenían que cubrir una cuota, si no la cubrían eran despedidos. Existen contabilidades oficiales que apuntan las metas a alcanzar anualmente, estos informes se mandaban a Fujimori, presidente del país.

En el caso de las mujeres de Anta no habrá sentencia firme hasta dentro de cinco años.