Los inmigrantes reclaman justicia en las calles de EEUU

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En estos días, hemos sido testigos directos del valor de miles de inmigrantes, muchos de ellos “sin-papeles”. Hemos visto algo muy distinto a lo que solemos ver en España. Una movilización sobre todo de familias, niños, abuelos, jóvenes… nada de pancartas de sindicatos o partidos, sino letreros “caseros” con frases espontáneas o motivos religiosos.

Los inmigrantes se hacen visibles en los EEUU. Miles de inmigrantes (muchos de ellos indocumentados) han roto el silencio y el anonimato del miedo para salir a las calles a mostrar que existen.

EEUU tiene hoy unos 35,3 millones de inmigrantes según el Centro para Estudios de Inmigración (CIS, por sus siglas en inglés), aunque el porcentaje era mayor a comienzos del siglo XX, cuando los extranjeros sumaban el 14,7% de la población del país en 1910, frente a 12,1% actual.

Cuando llaman “ilegales” a los indocumentados, nos inducen a pensar en criminales. Todos los inmigrantes son personas –mujeres, abuelos, niños, campesinos, trabajadores…- que contribuye con 10 mil millones de dólares a la economía estadounidense cada año. Cosechan, construyen las casas, cuidan a los niños, pagan impuestos, crean empleos, hacen los trabajos que los norteamericanos rechazan y pagan por el retiro de una población que envejece rápidamente.

La reforma legal propuesta por el presidente Bush es impensable: podría costar hasta 240 mil millones de dólares deportar a la mayoría de los indocumentados, después de convertirlos en criminales a los ojos de la sociedad, amedrentando también a los contratadores y a la opinión pública en general.

Por otra parte NO, no es una amnistía lo que se está discutiendo en el senado con la propuesta McCain-Kennedy. Esta propuesta, en apariencia más benévola, realmente envía a los indocumentados al final de la fila. Con ella les puede llevar 11 años, en promedio, convertirse en ciudadanos norteamericanos (después de pagar una multa, aprender inglés y demostrar que no deben impuestos y que no son criminales).

¿Qué decir de las propuestas de reforzar las fronteras? No va a funcionar. El hambre es más fuerte que el miedo. Un hombre o una mujer con hambre hacen hasta lo imposible por cruzar. No tienen nada más que perder porque ya lo perdieron todo. Lo que sí se conseguirá es aumentar las muertes en la frontera, que el último año ascienden a 460.

«No somos criminales, cocinamos para ti y limpiamos para ti, etc, etc… Tú me necesitas a mí más que Yo a tí»

Es evidente además, que los países enriquecidos queremos filtrar lo que nos interesa, es decir, robar a los pueblos empobrecidos sus mejores riquezas, incluidas sus personas y familias. Cada año vienen a países enriquecidos cerca de 70.000 africanos altamente cualificados, gran parte de ellos a EEUU, porque se les solicita, porque interesan a las grandes compañías y universidades. Eso por no hablar de las incontables mujeres y niñas que surten de esclavas “racialmente variadas” los prostíbulos occidentales.

En estos días, hemos sido testigos directos del valor de miles de inmigrantes, muchos de ellos “sin-papeles”. Hemos visto algo muy distinto a lo que solemos ver en España. Una movilización sobre todo de familias, niños, abuelos, jóvenes… nada de pancartas de sindicatos o partidos, sino letreros “caseros” con frases espontáneas o motivos religiosos. Hemos visto contra-manifestantes provocando con lemas como “esta no es vuestra casa”, “deportar a los ilegales”, mientras unos pocos ciudadanos norteamericanos apoyaban a los inmigrantes con sencillos carteles “Ningún ser humano es ilegal”, “Muy bienvenidos”… Hemos escuchado a párrocos católicos decir por el micrófono ante miles de inmigrantes que el rostro del inmigrante trabajador es el rostro de Cristo Sufriente esta Pascua, y los aplausos de los manifestantes subían en intensidad.

Echamos de menos una denuncia clara de los muertos en la frontera. También se silencian las razones de la emigración: un sistema económico internacional que nos beneficia a los ricos, exigiendo a los empobrecidos arriesgar hasta la vida por el alimento. Pero los inmigrantes estos días en los EEUU se hicieron visibles, recordándonos una vez más que, como dijo Juan Pablo II, “los pueblos del Sur juzgarán a los pueblos del Norte”.

Pilar Gómez-Ulla y Óscar Quintela.
Salt Lake City, Utah. USA