Los inocentes que mueren en el mundo por los «Herodes» de hoy

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Massacre_of_the_Innocents_-_Maestà_by_Duccio_-_Museo_dell'Opera_del_Duomo_-_Siena_2016

Cada 28 de diciembre recordamos a los niños que mandó matar Herodes. Pero hoy, como en el pasado, los Herodes siguen siendo muchos y muchas también las armas que utilizan para destruir la vida.

Cientos de miles de niños hambrientos, niños que apenas pueden superar los primeros años por falta de alimentos, porque viven en medio de guerras interminables como la de Sudán o Yemen, porque alguien se ha beneficiado de la especulación con los alimentos, con las tierras o con las semillas…

Niños que nacen en medio de dictaduras populistas. Dictaduras que entregan a los poderosos (multinacionales, países enriquecidos, grandes potencias) las riquezas que les deberían proporcionar una vida digna.

Niños que nacen en las cunetas de Guatemala y Honduras, en las carreteras de Méjico, o en los desiertos del Sahel… y posiblemente no lleguen a su destino nunca.

Niños que agarrados a sus madres se hunden en las aguas del Mediterráneo, en medio de la zozobra de una vieja patera, abarrotada de personas empobrecidas, condenados a muerte por este sistema injusto.

Niños que morirán en el seno de sus madres, niños que no verán la luz por la oscuridad de esta cultura de muerte. La misma cultura que apunta a los ancianos como seres inútiles y le sitúa en la rampa de salida de la eutanasia.

Una cultura que se sustenta en una economía que mata, un neocapitalismo salvaje, que esclaviza a 400 millones de niños.

Son los Santos Inocentes del mundo de hoy.

Papa Francisco

Una realidad inaceptable contra el que el propio Papa Francisco había alzado la voz en 2016, en una Carta a los Obispos publicada el 28 de diciembre de ese año. Invitando a los prelados a tener el valor de defender a los menores de todo lo que «devora» su inocencia, el Pontífice recordó que «miles de nuestros niños han caído en manos de bandidos, de mafias, de mercaderes de la muerte que lo único que hacen es explotar sus necesidades». Francisco citó los millones de niños que se quedan sin educación, los que son objeto de «tráfico sexual», los menores que se ven obligados a «vivir fuera de sus países por desplazamiento forzoso», los niños que mueren de desnutrición y los que son doblegados por el trabajo esclavo…