Los niños de la calle en Ecuador: levantemos la voz de los sin voz

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Más de 270.000 niños se ven obligados a trabajar en Ecuador

El 7,1% de los menores de entre cinco y 14 años de edad trabaja (en condiciones de esclavitud, en las calles, economía informal…) y no va a la escuela. La pobreza los empuja a dejar sus estudios para salir a ganarse la vida.

Hay muchos ejemplos, caras concretas, vidas rasgadas por violencia y el hambre.

Cada mañana, desde hace cuatro años, Andrés P. recorre las calles del Centro Histórico de Quito vendiendo todo tipo de productos. Desde caramelos y cigarrillos hasta mascarillas e insumos de limpieza. Este niño de siete años de edad no tuvo otra opción que trabajar, luego de que su padre abandonó hace tres años a la familia, compuesta también por su madre y su hermana. La familia es el sostén básico de una sociedad, más si cabe en una economía que descarta y aplasta a los más pequeños…

Hay evidencias dolorosas como las que tienen que ver con la visión de niños trabajando en las calles, en las plazas, en los mercados. Algunos son vendedores de frutas o caramelos, otros lustran zapatos y hasta se ofrecen de porteadores de cargas tan pesadas como su cuerpo. El denominador común son sus caras cargadas de tristeza y de desesperación, las ropas deterioradas, los zapatos rotos…

Según datos de Unicef y de World Vision, el número de niños y adolescentes en las calles se ha incrementado en esta época en la Sierra y en la Amazonía, con los consiguientes riesgos que esto conlleva, siendo tal vez el más evidente, el que muchos de estos niños probablemente no retornarán a clase y se quedarán sin el beneficio de la educación.

Hay otros riesgos implícitos que van aparejados con temas de prostitución, abuso de menores, incursión en el mundo de las drogas y en el microtráfico, hambre y alimentación inadecuada, todo derivado de la presencia de niños y adolescentes en las calles y la falta de seguridades que están acosando a nuestra sociedad.

Un país que no cuida de sus hijos, que se deja caer en situaciones límites (de esclavitud) a grupos importantes y numerosos de su población, es un país que no está cumpliendo con los elementales deberes que tiene una sociedad organizada, además está hipotecando el futuro no solamente de quienes están en situación de calle, sino de la sociedad en su conjunto, dejando en la vía muerta a toda una comunidad. Es un país que degenera su tejido social y democrático.

Como ciudadanos del mundo no nos es ajeno las causas de esta esclavitud. Y no debemos eludir nuestra responsabilidad. Por eso me parece importante apoyar campañas como la del Movimiento Cultural Cristiano «Esta Economía mata», ahora que comienza un nuevo curso.

Carta a Solidaridad.net

Juancho Fernandez