Migrantes venezolanos esperando asilo en Brasil en las tiendas de campaña

1206

Unas 100.000 personas que huyeron del hambre y la miseria en Venezuela viven actualmente en condiciones precarias en el estado brasileño de Roraima. Luchan por encontrar atención médica adecuada y diariamente deben enfrentarse a nuevos obstáculos, entre ellos, las precarias condiciones de vida y un sistema sanitario insuficiente.

Roraima es la principal puerta de entrada a Brasil para los venezolanos que huyen de la actual crisis económica, política y social en el país. La afluencia de migrantes y solicitantes de asilo que llegan a Brasil ha aumentado mucho desde 2017. Actualmente, alrededor de 600 personas entran cada día a territorio brasileño, cruzando la frontera y llegando a la ciudad de Pacaraima.

Según informa Médicos Sin Fronteras (MSF), alrededor de 40.000 migrantes y solicitantes de asilo viven ahora en la capital de Boa Vista. Estimaciones informales sitúan que alrededor de 100.000 venezolanos viven en Roraima, lo que representa aproximadamente una quinta parte de la población de Roraima.

Sistema de salud precario e insuficiente

El estado ostenta el título de economía menos desarrollada del país y cuenta con un sistema de salud ya de por sí precario, debido a la escasez de personal médico y suministros médicos. Es por ello, que su infraestructura lucha con dificultad para hacer frente a esta gran afluencia migratoria.

13 refugios oficiales para migrantes en Roraima

En este contexto, Roraima ha establecido 13 refugios oficiales que operan en su máxima capacidad. En ellos se albergan a unas 6.000 personas, la mitad de ellos niños, ya que la mayoría de los venezolanos que vinieron a Brasil trajeron a sus familias.

No obstante, un número mucho mayor de personas vive fuera de los refugios, en edificios pobres y abandonados. En Boa Vista, la capital de Roraima, alrededor de 23.000 ciudadanos de Venezuela viven actualmente en edificios muy rudimentarios y más de 3.000 se quedan en la calle.

Enfermedades

Las dificultades que enfrentan los migrantes y solicitantes de asilo que no están alojados en refugios tienen un impacto directo en su salud.

“Tratamos afecciones relacionadas con la falta de higiene y saneamiento, como la diarrea. También hay muchas personas con síntomas de gripe, casos de neumonía, sinusitis y otitis. Los parásitos intestinales y la sarna también son comunes”, explica la doctora Mariana Valente de MSF, quien trabaja en un centro de salud gestionado por el municipio de Boa Vista, ubicado en el distrito 13 de Setembro, un área donde actualmente viven muchos migrantes y solicitantes de asilo.

Una ciudad de tiendas de campañas

Las personas que viven en la calle generalmente encuentran refugio en un área ubicada detrás de la estación de autobuses de Boa Vista.

Todos los días, cuando se pone el sol, más de 1.000 migrantes establecen una pequeña «ciudad de tiendas de campaña», en un área abierta con techo. Una minoría posee tiendas de campaña: suelen ser pequeñas y para compartir entre dos o tres personas. No se proporcionan colchonetas y las personas que no tienen una se acuestan directamente en el suelo.

«Hay mucho polvo y agua sucia en este lugar, muchas cosas que nos hacen enfermar a nosotros y a nuestros hijos», explica Cezar Martínez, un venezolano que pasa las noches con su familia, esposa y tres hijos, cerca de la estación de autobuses, donde también reciben «cenas gratis en una cafetería al lado del campo».

Atrapados en un limbo

Hasta ahora, los lugares con agua en el refugio siguen siendo escasos. El agua utilizada para lavar ollas, sartenes y ropa se debe traer desde fuera en cubetas, y los inodoros se obstruyen con frecuencia. En la cocina colectiva, la gente cocina con leña todo lo que se les proporciona, generalmente carne de vacuno y arroz. Pero, incluso en la cocina, las condiciones sanitarias están lejos de ser óptimas.

La humedad siempre presente y la falta de higiene aumentan la propagación de mosquitos y cucarachas, lo que podría conducir rápidamente a un aumento de las enfermedades. Además de estas condiciones precarias de vida, las personas en este refugio también carecen de la perspectiva para mejorar su situación, ya que no están incluidas en el programa brasileño de «interiorización».

Un panorama que no parece mejorar puesto que la situación de incertidumbre continúa aumentando y angustiando a cientos de miles de venezolanos, «atrapados en una especie de limbo», donde poco o nada pueden hacer para cambiar su futuro, más que seguir resistiendo.

Prensa CEV
Nota de Vatican News
04 de septiembre de 2019