Misionera laica asesinada en Somalia, víctima de un grupo vinculado al terrorismo internacional

2314

La agencia misionera de la Santa Sede alerta de que la misionera laica italiana Annalena Tonelli, asesinada el 5 de octubre de 2003 en el pueblo somalí de Borama, fue víctima de un grupo integrista vinculado a la red internacional que ha entrado en la región africana en los últimos años.

MOGADISCIO, jueves, 14 julio 2005 (ZENIT.org).-
Al dar la noticia, «Fides» se hace eco de la afirmación contenida en un informe del «International Crisis Group» difundido el domingo pasado.

«Esta información está confirmada por la Agencia Fides por fuentes locales que no citamos por razones de seguridad», aclara el organismo de información del Vaticano.

«Annalena Tonelli y otros voluntarios occidentales asesinados en los últimos dos años en el norte de Somalia fueron víctimas de un grupo fundamentalista vinculado a la red internacional del terror», refieren estas fuentes recordando la alarma lanzada el año pasado acerca de que se había puesto «precio» a la cabeza de los occidentales en Somalia.

«Los terroristas extranjeros presentes en Somalia ofrecen 5 mil dólares por cada extranjero asesinado. La familia de un terrorista suicida recibe 25 mil dólares», añaden, si bien no pueden precisar si esta «oferta» aún se mantiene.

En cualquier caso recuerdan que «los grupos somalíes conectados con el terrorismo internacional de matriz fundamentalista islámica se han aliado con los señores de la guerra de Mogadiscio que quieren impedir el asentamiento del nuevo gobierno en la capital».

De acuerdo con el «International Crisis Group», el nuevo grupo «tiene base en Mogadiscio, está encabezado por un joven jefe que ha sido adiestrado en Afganistán, y mostró su presencia asesinando a cuatro trabajadores humanitarios en el territorio relativamente seguro de Somalilandia entre octubre de 2003 y abril de 2004».

Siguiendo el informe, «la amenaza de un terrorismo yihadista en Somalia es real»; el documenta alerta de una posible instrumentalización por parte de este grupo de la presencia de tropas extranjeras en Somalia con función de mantenimiento de la paz.

En este sentido, la llegada de tropas extranjeras a Somalia –en especial por parte de los países limítrofes- es vista por los componentes del grupo como ocasión «para transformar Somalia en un nuevo Irak».

Aún pequeño, el grupo busca introducirse en la vida política somalí aprovechando la rivalidad entre distintos señores de la guerra y la creciente hostilidad de una parte de la población al envío de tropas extranjeras en apoyo al nuevo gobierno somalí.

«Si el gobierno somalí no logra controlar la situación» -advierte el infirme-, «los yihadistas llevarán a cabo cada vez más reclutamientos entre la población desesperada y descontenta y la ejecución de un atentado espectacular contra los intereses extranjeros en Somalia o contra uno de sus vecinos no será más que cuestión de tiempo».

Siguiendo los pasos de Charles de Foucauld, más de tres décadas llevaba Annalena Tonelli trabajando en su hospital del remoto Borama, en Somalilandia -región autoproclamada independiente de Somalia en 1991-, a favor de los más necesitados cuando inopinadamente unos hombres le dispararon a la cabeza (Cf. Zenit, 6 octubre 2003).

Su muerte, a la edad de 63 años, tras una hora de agonía, conmocionó al país africano, a su nación de origen y al mundo misionero en general.