Myanmar, llamamiento de una religiosa: «Ayúdennos a construir la democracia»

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Desde Milán, una religiosa birmana perteneciente a las Hermanas de la Reparación, interviene esta tarde en el Centro PIME, en el encuentro «Myanmar, una crisis olvidada», inaugurando un viaje hacia el Festival de la Misión de 2022. «El Papa nos consoló como una madre consuela a sus hijos en el dolor. Ahora no nos abandonen», expresa la Hermana Beatrice.

La Hermana Beatrice es una de las más de 380 religiosas reparadoras birmanas que, dentro y fuera de su país, comparten el drama de un conflicto civil desencadenado por el golpe de Estado del pasado 1 de febrero. Desde 1895, están presentes sobre todo en las aldeas más remotas de Myanmar, donde los misioneros del PIME los introdujeron para emprender un camino de intercambio con las poblaciones locales, y en particular con las mujeres, que continúa hasta hoy.

En la actualidad, hay 13 religiosas en las 16 diócesis de Birmania, con 62 conventos. Como consecuencia de las represalias, se han suspendido algunas de sus numerosas actividades en escuelas, centros de salud y prisiones.

La hermana Beatrice Maw está en Italia desde 2007, primero por motivos de estudio, y luego le pidieron que se quedara en Milán como directora de una comunidad en la que también hay una guardería para niños.

Nuestra colega Antonella Palermo, entrevistó a la religiosa, quien ofrece algunos adelantos del testimonio que dará esta tarde, 10 de noviembre, en el Centro PIME de Milán, en el marco del encuentro «Myanmar, una crisis olvidada». En esta ocasión de solidaridad con el pueblo birmano, estará también la senadora Albertina Soliani, ex presidenta de la Asociación Parlamentaria Amigos de Birmania.

En las últimas semanas, ¿qué relatos le llegan de su país?

El 5 de noviembre un proyectil de un cañón entró en nuestra casa y afortunadamente no explotó.

Hoy mismo he tenido noticias de un amigo en la capital, donde han muerto ocho personas, incluidos soldados. Una amiga mía, que vive allí, me dijo que desde lo alto de su edificio de ocho plantas siempre ve gente espiando, contratada por los militares y pasando información al ejército. Me dijo que vio a un hombre que estaba sentado en un bar y que de repente empezó a disparar, y luego se fue como si no hubiera hecho nada. Es dramático matar a la gente. Los que están sobre el campo experimentan una tensión constante, día y noche.

¿Cómo sobreviven sus conventos?

En Birmania hay siete estados, en dos de los cuales tenemos muchos monasterios. Los que viven allí intentan escapar, pero no abandonan a las personas que se alojan con ellos. Hay ancianos, mujeres y niños que arriesgan su vida. A pesar de esta situación cada vez más grave, mientras podamos, mantenemos nuestras puertas abiertas a los enfermos, los niños, los ancianos. Siempre echamos una mano a los que lo piden. No se rechaza a nadie que llame a la puerta si necesita refugio.

¿Qué futuro ve para su país?

Tendremos un futuro pacífico y justo cuando tengamos democracia. A pesar de todo, nos alienta la firmeza del pueblo que se ha unido en sus diferentes grupos étnicos para la lucha. Pronto ganaremos y reconstruiremos.

¿Qué llamamiento le gustaría hacer en un momento en el que se habla poco o nada de la situación en Myanmar?

Quiero hacer un llamamiento a todos los gobiernos y a todas las asociaciones que, sobre todo, nos conocieron y nos invitaron a no callar, para que nos ayuden a salir de esta situación absurda. Esperamos reconstruir la democracia, la libertad y la paz. Sin la ayuda de otros países, no tendremos éxito solos.

Fuente: Vatican News