«Por el borde del precipicio» Testimonio contra el nazismo. Lectura social.

399

POR EL BORDE DEL PRECIPICIO

HERMAN SCHEIPERS (último sacerdote superviviente del campo de concentración de Dachau)

CAMPAÑA POR LA PROMOCIÓN DE LECTURA SOCIAL

La fotografía que se muestra es del padre Hermann Scheipers, un sacerdote católico alemán, prisionero durante el nazismo en el campo de concentración de Dachau, entre 1941 y 1945. Para no olvidar nunca su paso por el campo de concentración, llevaba cosido a su chaqueta el nº 24255, con la tela «a rayas» de la vestimenta de los presos. Además del triángulo rojo distintivo de preso peligroso y político.

Mi condena se formuló en los siguientes términos. ‘Scheipers es un defensor fanático de la Iglesia católica. Es propenso a generar intranquilidad a la población por lo que ordenamos su internamiento en el campo de concentración de Dachau’ y así me convertí en enemigo del estado y pasé de 1941 a 1945 internado en el campo de concentración. Fue el primer campo de concentración que se abrió en Alemania en 1933 para presos políticos. «Según ellos ponía en peligro la seguridad del pueblo y del Estado por no considerar a las personas condenadas a trabajos forzados como infra-personas, como lo hacía la propaganda nazi, sino como hijos e hijas de Dios, a los que me dedicaba con el mismo cuidado y amor que a los alemanes.»

El padre Scheipers pasó de sufrir el horror nazi a vivir bajo la persecución del totalitarismo comunista en la parte oriental de Alemania. Hasta su muerte continuó defendiendo a los débiles :

Sin fe, mi vida hubiera estado llena de amargura y resentimiento. Mi compromiso cristiano se ha tenido que curtir en los diferentes totalitarismos. El totalitarismo capitalista ha conseguido vaciar las iglesias. Se mete en el pensamiento como una serpiente invisible. Ridiculiza la religión a través de la propaganda. Un sistema que produce tanta hambre en el mundo para el beneficio de unos pocos, no puede tolerar que los valores cristianos tengan fuerza en la sociedad.

Los totalitarismos se van haciendo más brutales, si no existe una sociedad organizada para evitarlo. Cuando la vida humana deja de ser sagrada, todo es posible. En el capitalismo, el poder se va haciendo señor sobre la vida y la muerte de los hombres. Se va aceptando la eutanasia, el aborto, el hambre en el mundo. Unos pocos se enriquecen a costa de la vida de otros. Los cristianos seguimos siendo hoy un estorbo por la defensa de la dignidad de todo ser humano.

Murió el 2 de junio del 2016, a la edad de 102 años. Podemos leer en castellano sus memorias, en las Ediciones Voz de los sin voz (Por el borde del precipicio. 671; DVD: Nº 189). Su lectura no deja indiferente a nadie. Más bien, es un revulsivo para luchar contra toda ley injusta.

Su obispo le obligó dejar por escrito su testimonio. El cual, lo trasmite con una gran alegría. Nunca perdió su sonrisa ni en los momentos más duros. «El haber sobrevivido corporal y espiritualmente al infierno de Dachau se lo debo exclusivamente a mi fe cristiana».

«Un viejo prisionero me decía: aquí sólo puedes blasfemar o rezar. Los que verdaderamente rezaban, también luchaban, eran santos. Tengo especialmente presente al Dr. Bernhard Wensch de Dressden. Cuando me llevaron al barracón de los inválidos no sólo me llevó la eucaristía a escondidas en una cajetilla sino que cuando se enteró que me iban a llevar a la cámara de gas vino, protegido por la oscuridad de la noche, al barrancón y me regaló lo más valioso que tenía, su ración de pan. La que tenía para todo el día. Eran cuatro rodajas. En realidad yo no debía haber aceptado ese trozo de pan porque él sufría una terrible diarrea y era lo único que el aún podía comer. Su acción fue de hecho irracional. Me regaló, muriendo, su pan. Y me hablaba de los jóvenes de Emaús que reconocieron al Señor al partir el pan. Él me regaló su pan igual que Jesucristo en la última cena cuando partió el pan como señal de ofrenda. Pocos días después murió.»

«Yo digo que la injusticia y la maldad en Dachau eran patentes, en gran formato. Aquello no se podía comprender humanamente. Digamos que la maldad era irracional pero el bien también. Muchos entregan sus vidas como ofrenda para aliviar el sufrimiento de otros o salvarnos de la muerte.»

«En 1943 se comenzó a construir en Dachau una cámara de gas propia. En esa edificación trabajaba de albañil un compañero mío. Por medio de él me enteré de que los curas polacos decidieron bajar el rendimiento retrasando su construcción y de esta manera sabotearon conscientemente el trabajo. Gracias a esto no se terminó la cámara de gas hasta finalizar la guerra por lo que nunca llegó a funcionar.»

¡¡¡LEER NOS HACE LIBRES!!!