Promoción de la Lectura Social en las tabaquerías de Cuba (Siglo XIX)

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CAMPAÑA POR LA PROMOCIÓN DE LECTURA SOCIAL

PÁGINAS DE LA HISTORIA

Presentamos esta página de la historia para rememorar la importancia que tuvo la cultura  en los orígenes del movimiento obrero. Es muy necesario presentar a las generaciones jóvenes estos hechos, porque no han conocido las organizaciones obreras cuando realmente eran militantes. La falta de conciencia histórica nos introduce en la mentira de las falsas ideologías.

Hoy la izquierda actual ha llenado el vacío cultural con los valores de la cultura burguesa dominante  (a la que tanto se opuso), que hoy como ayer, afirman el poder, el lucro, el hiperindividualismo, el materialismo grosero y el utilitarismo  como valores dominantes para obtener el mayor beneficio posible, aunque sea a costa de que la mayoría de la población mundial viva en una situación de explotación y empobrecimiento.

La promoción de lectura colectiva en las tabaquerías de Cuba demuestra uno de los postulados más importantes del movimiento obrero:  la lucha por superar la miseria material va unido a una  apasionada lucha por superar la miseria moral y cultural. Mucho más importante porque este tipo de miseria les mantenía en una situación de indignidad como personas.

En Cuba, la industria cigarrera, al igual que la azucarera, debió su rápido crecimiento a la introducción de la máquina de vapor (1860), a la máquina de doblar cigarrillos (1868) capaz de hacer 1000 unidades por minuto. Comenzarán a surgir grandes fábricas que emplearán a un considerable número de obreros. Los hacendados de estas industrias contaban con una mano de obra esclava oponiéndose a la abolición de la esclavitud.

Esta realidad provocó en las personas que  padecían  la injusticia, rebeliones espontáneas, pero pronto se dieron cuenta que era necesario dar los primeros pasos para el camino de la asociación y crear sus propias organizaciones.

Un obrero español de origen asturiano, Saturnino Martínez, llegó a Cuba muy joven y trabajó en diversos oficios hasta que se hizo tabaquero. Por las noches trabajaba en la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, lo que le permitió conocer las publicaciones de carácter social que llegaban a España.

Viendo las necesidades y anhelos que tenían los trabajadores emprendió la lucha por organizar a los tabaqueros a fin de mejorar sus condiciones de trabajo y elevar su nivel cultural. Fundará el primer periódico obrero de Cuba, La Aurora, en octubre de 1865, y el primer gremio obrero: la Asociación de Tabaqueros de la Habana, a mediados de 1866. Fue uno de los principales inspiradores de la lectura en las tabaquerías, que comenzó a fines de 1865.

El periódico La Aurora hacía propaganda a favor de la fundación de bibliotecas, escuelas nocturnas donde los obreros pudieran aprender a leer y escribir, dominar las reglas de aritmética y obtener algunos conocimientos elementales de física y química. Defendía con vigor la lectura en las tabaquerías.

Los propósitos de organizar bibliotecas y escuelas nocturnas chocaban con grandes obstáculos, pues la existencia de éstas dependían del dinero de los obreros. Además  tenían que asistir a clase extenuados física y mentalmente después de jornadas agotadoras de 12 a 14 horas. Aún así, a través de la propaganda llevada a cabo por el periódico La Aurora se gestionó que la Biblioteca de la Real Sociedad Económica de Amigos del País cambiase el horario de sus salas de lectura para hacerlas más accesibles a los trabajadores.

La práctica de la lectura en las fábricas de tabaco consistía en que un tabaquero leía una obra escogida de antemano mientras los demás trabajaban. Mientras los obreros torcían los cigarros en un salón de atmósfera asfixiante, el cronista les leía durante cuatro horas diarias, a veces libros de propaganda social, a veces dramas, a veces novelas, a veces obras de filosofía y de divulgación, a veces periódicos. Corrió a cargo de La Aurora la propaganda para la implantación de la lectura colectiva en las tabaquerías, que se inició en el taller El Fígaro el 7 de enero de 1866. El periódico relata que puestos de acuerdo los trescientos torcedores que en dicha fábrica trabajaban, convinieron en que uno de ellos hiciera de lector, a cuyo efecto cada operario contribuiría con su correspondiente cuota con el fin de resarcir el jornal que aquél dejaba de percibir durante el tiempo que empleaba en leer en voz alta, de modo que todos oyesen las obras seleccionadas mientras los restantes compañeros realizaban su acostumbrada labor (La Aurora, núm. 12, 7 enero 1866). La lectura colectiva llegó casi como una necesidad laboral y vital.

Generalmente, los libros que se habían de leer eran elegidos por un Comité de lectura, porque los tabaqueros, no los patronos, pagaban directamente al lector lo que querían, unos, cinco centavos; otros, un peso, al cobrar sus jornales los miércoles y sábados. En ocasiones, mientras se leía  no se oía ni una tos, ni un crujido. Los cuatrocientos hombres que formaban el público se componía de negros, de mulatos, de criollos, de españoles; muchos no sabían ni leer siquiera.

Pronto las autoridades vieron que la práctica de la lectura era un peligro y desataron campañas contra ellas. La importancia de esa actividad era reconocida y temida por algunos empresarios que desencadenaron en su contra una feroz campaña, prohibiéndose en algunas fábricas, y por fin en toda la isla, a partir de un decreto de la Capitanía General del 14 de mayo de l866. Se aducía que, debido a esas lecturas públicas, las reuniones de artesanos se convertían en círculos políticos, y que de los periódicos se pasaba a libros sediciosos que alteraban la moral y el orden público.

Se dictaron las siguientes disposiciones:

1º. Se prohíbe distraer a los operarios de las tabaquerías, talleres y establecimientos de todas las clases con la lectura de libros y periódicos, ni con discusiones extrañas al trabajo que los mismos operarios desempeñan.

2º. Los empleados y dependientes del ramo de la policía ejercerán constante vigilancia para poner a disposición de mi autoridad a los dueños, representantes o encargados de los establecimientos que contravinieren el presente mandato a fin de que sean juzgados con arreglo a las leyes según la gravedad del caso.

La lectura colectiva se mantuvo como institución obrera de los tabaqueros, y contribuyó de manera eficaz a elevar la cultura  del proletariado cubano, estimulando la organización gremial.

¡Hagamos posible la promoción de la lectura social en común, para ser más libre de las ideologías que quieren imponernos a través de la manipulación de la conciencia!.

Únete a la campaña de promoción de lectura social

Por una cultura Solidaria

Mª Mar Araus Segura, militante e historiadora

Del libro Relaciones entre el movimiento obrero español y el iberoamericano. Voz de los sin Voz