Razones para el no al matrimonio homosexual y la adopción de niños

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El matrimonio es una figura única ligada a la complementariedad del genotipo y del fenotipo hombre–mujer y al potencial humano específico que se deriva. Y esto no lo podrán aportar nunca dos personas del mismo sexo. Éste es el signo de nuestra civilización…. Oponerse al matrimonio y homosexual y a la adopción (que se deriva) no significa discriminar a las personas homosexuales…. En la adopción, el único ser portador de derechos es el niño. Los argumentos fundamentados sobre pretendidos estudios a favor de la adopción homosexual no existen…. Si se legaliza la adopción por personas del mismo sexo, se vulnerarán dos principios básicos: el del derecho del niño y el de la justicia distributiva de dar a cada cual lo que le corresponde: un padre y una madre, que es de donde surgió. En aras de una futura legalidad, se cometerá una injusticia con el más débil… Una pareja homosexual no es igual a una heterosexual en el sentido de que no tiene ni la capacidad reproductiva ni la complementariedad educativa del heterosexual. Tratar igual lo que es diferente sí resulta injusto y discriminatorio. Para el niño en primer término, pero también para las parejas heterosexuales a las cuales se darían las mismas atribuciones, pese a que las otros parejas no poseen la capacidad de engendrar y educar en la complementariedad….

Josep Miró i Ardèvol
ForumLibertas

Oponerse al matrimonio y homosexual y a la adopción (que se deriva) no significa discriminar a las personas homosexuales. Lo razonaré:

Primero. Decimos «no» en aras de la legitimidad democrática de las leyes.

El Partido Socialista justificó la derogación de la LOCE y del PHN porque leyes de esta importancia, que regulan la educación o alteran aspectos básicos del medio ambiente, no podían ser aprobadas sólo por mayoría de la mitad más uno, sino que requerían un amplio consenso. Pero cuando llega la hora de la verdad, este Gobierno actúa igual o peor. Es del todo evidente que una ley como la del matrimonio homosexual, que altera la naturaleza de esta institución, fundamento de la sociedad, que significa cortar con nuestro entorno europeo y americano, y que hace más evidente el choque de civilizaciones, exige un amplio consenso político.

Estamos ante una ley conflictiva y controvertida, que ya ha dado lugar a una Iniciativa Legislativa Popular, dirigida a conseguir medio millón de firmas para garantizar la protección del matrimonio tal y como lo contempla la Constitución. Porque además, es una ley que es sospechosa de vulnerar la Constitución en su artículo 32.1, que señala claramente que el matrimonio es entre “hombre y mujer” («y», no «o» ) que rompe el pacto constitucional en un cuestión para muchos fundamental: si se modifica el Código Civil para hacer posible el matrimonio homosexual, por las mismas razones se tiene que modificar antes la Constitución que tiene un texto idéntico, cosa que no se hace.

Es obvio, por lo tanto, que una ley como ésta sólo puede salir adelante si es aprobada por una mayoría cualificada en el Congreso y el Senado. Pero el Gobierno de ZP no dialoga, no escucha ninguno de los motivos contrarios, ni siquiera lleva el proyecto al Consejo General del Poder Judicial, pese a que la inconstitucionalidad planea sobre él. Se tramita de espaldas a todo el mundo que no lo vea claro y significa una imposición de una parte sobre otra.

Si se aprueba en estos términos, será una ley, pero perfectamente ilegítima y, por lo tanto, tendrá que ser en su día derogada.

Segundo. Decimos «no» porque el matrimonio homosexual y la adopción de niños no tienen nada que ver con la discriminación de los homosexuales. Estamos ante un proyecto político y se puede estar en contra por las mismas razones. El proyecto de sociedad del homosexualismo político quiere condicionarnos a los demás y transformar las instituciones básicas de la sociedad. Ahora modificarán el matrimonio, acto seguido la escuela, después la fecundación asistida y, finalmente, el Código Penal.

Oponerse no es estar en contra de las personas homosexuales, sino contra un proyecto político concreto. Porque en realidad la no discriminación nace del hecho de ser persona y no de que uno se pueda casar. Esta circunstancia en sí no añadirá respetabilidad y lo que se puede producir, si la tramitación y aprobación es ilegítima, será acentuar los enfrentamientos. Kerry, Blair, Prodi y Schröeder también dicen «no». Ningún líder del centro y de la izquierda que gobierna o puede hacerlo defiende el matrimonio homosexual. Lionel Jospin, un político de referencia en Francia, publicó no hace demasiado un artículo -reproducido en La Vanguardia- en el que exponía sus razones para un “no” rotundo en aras de la naturaleza de la institución matrimonial.

Y es que deliberadamente se confunde lo que se trata desigual con discriminación. Ésta existe cuando el trato desigual no está justificado. Es trato desigual, pero no discriminación, cuando por acceder a un puesto de trabajo hace falta cumplir determinadas prescripciones físicas como la altura, por ejemplo, y esto no significa ser menos persona por ser alto o bajo. El caso de la ley de protección integral de la mujer es un ejemplo evidente. El mismo delito es condenado con penas más duras si lo comete un hombre que si es una mujer. Según el Gobierno del PSOE, esto es trato desigual. Pues exactamente igual es el matrimonio. Es una institución concebida por la historia y la realidad como la unión de un hombre y una mujer que, por su complementariedad única, garantiza la continuidad.

Tercero. Decimos «no» porque el matrimonio es una institución singular, independiente y previa al Estado, con unas finalidades específicas que necesitan de la complementariedad entre el hombre y la mujer por su capacidad única de generar filiación y fraternidad, educando la sociedad por la vía de la maternidad y la paternidad.

Sin matrimonio, no hay sociedad humana. Ésta es su singularidad única, extraordinaria. “¿Y los matrimonios que no tienen o no quieren tener hijos? ¿Qué?”. Es la excepción que confirma la regla y, si aquélla se convirtiera en norma, entonces “kapput”, todo acabado. ¿O es que no constatamos ya los estragos de la baja natalidad aquí y en Europa, pese a que tener hijos continúe siendo la regla? El quererse, el mantener relaciones sexuales y el vivir juntos no justifican per se el matrimonio; no es esto lo que lo hace imprescindible y singular. Cuando se piensa así, quiere decir que no se entiende el papel de la paternidad y de la maternidad y su extraordinaria responsabilidad. Este no entender explica muy bien la crisis de la familia y los problemas de los adolescentes y de la escuela que produce.

Dos amigos se quieren y no se casan. Un tío y una sobrina viven juntos, unidos por vínculos de afecto y no son un matrimonio. Dos personas se sienten brutalmente atraídas por su sexualidad y no tienen por qué concluir con un contrato. El matrimonio es una figura única ligada a la complementariedad del genotipo y del fenotipo hombre–mujer y al potencial humano específico que se deriva. Y esto no lo podrán aportar nunca dos personas del mismo sexo. Éste es el signo de nuestra civilización.

RAZONES PARA EL NO AL MATRIMONIO HOMOSEXUAL Y LA ADOPCIÓN DE NIÑOS (II)

Los estudios sobre hijos biológicos de personas que posteriormente adoptan una vida de pareja homosexual no sirven para estudiar la adopción homosexual, un experimento con niños.

El pasado sábado 16 de octubre, el Pacto por la Vida y la Dignidad, que agrupa cerca de un centenar de entidades cristianas o aconfesionales, convocó unos cien matrimonios en la Rambla Catalunya de Barcelona para firmar públicamente una declaración de voluntades de forma que, en caso de necesidad, sus hijos sean sólo adoptados por una pareja formada por un hombre y una mujer. El lema del gesto era una obviedad: «Todo niño necesita un padre y una madre».

Al cabo de media hora se habían acabado las hojas de firmas previstas, porque mucha gente se acercaba curiosa y, al conocer la intención, también firmaban. En poco más de una hora, cerca de 600 firmaron. Algunos quedaban atónitos que hiciera falta promover una evidencia de estas proporciones, otros se sorprendían de que se reuniera tanta gente por este motivo. La propaganda que practican los medios de comunicación, el gobierno catalán y el español había llegado a hacerlos pensar que eran cuatro gatos quienes pensaban así.

Y este es un punto esencial y peligroso de la deriva de la sociedad que nos están construyendo. La realidad manipulada y convertida en un dogma que no puede ser cuestionado. Es una actitud totalitaria, soft pero totalitaria. Un buen ejemplo lo encontramos en la cuestión de la adopción por parte de parejas del mismo sexo, como proyectan Zapatero y Maragall. Porque, digámoslo claro, es falsa la afirmación de los gobiernos que dicen que multitud de estudios lo avalan, que aseguran que no hay diferencias entre los niños adoptados criados por parejas homosexuales y heterosexuales. Esto es falso con una rotundidad estratosférica porque, sencillamente, estos estudios no existen. Por lo tanto, sigamos con los argumentos que empezamos a listar en el anterior artículo:

Cuarto argumento. Los argumentos fundamentados sobre pretendidos estudios a favor de la adopción homosexual no existen. «¡Cómo! ¿Pero qué dice?». ¿Y el famoso informe La Adopción por parte de coprogenitores o por progenitores del mismo sexo, de la Academia de Pediatría de Estados Unidos y, en el caso de España, el del Colegio de Psicólogos de Madrid, por citar dos de los más comentados?

Pues que resulta que ninguno de ellos estudia la adopción. Tratan de un caso muy particular que no tiene nada a ver. Estudian el problema que se plantea a los hijos biológicos de padres o madres homosexuales y que ahora viven en el ámbito de un emparejamiento del mismo sexo. Se está hablando de niños que tienen una relación natural de filiación, de hijos, no de adoptados. Extrapolar este caso (singular y muy minoritario pero que merece una consideración especial) con la adopción a todos los efectos es abusivo y engañoso.

Quinto. En la adopción, el único ser portador de derechos es el niño. No existe el derecho a adoptar. Es el niño quien tiene el derecho a ser educado dentro la sociedad por una familia, que tiene que tender a reproducir las condiciones naturales de las cuales procede. El Estado ha de otorgar la custodia bajo este principio. El matrimonio tiene la capacidad educativa como consecuencia de la complementariedad fenotípica de la dualidad hombre-mujer que reduce las limitaciones de cada sexo y potencia los factores positivos para la socialización. En este y otros aspectos, un dato no menor es el que se refiere a la identidad sexual. Un niño de dos años ignora si es hombre o mujer. Esta identidad sexual, necesaria para el linaje humano y para su equilibrio personal, lo aprende de quien lo rodea.

Las parejas homosexuales no transmiten este linaje en iguales condiciones que el padre y la madre que lo concibieron, y dado que la adopción es una acción legal por la cual se busca reconstruir el estadio inicial paterno y materno, el resultado será terriblemente injusto con el niño que, nacido de padre y madre, tiene el derecho de vivir y formarse en este entorno humano y no en otro provocado por el poder del Estado.

Si se legaliza la adopción por personas del mismo sexo, se vulnerarán dos principios básicos: el del derecho del niño y el de la justicia distributiva de dar a cada cual lo que le corresponde: un padre y una madre, que es de donde surgió. En aras de una futura legalidad, se cometerá una injusticia con el más débil.

Sexto. La argumentación en el sentido de que todos somos iguales hace referencia a nuestra condición integral como seres humanos, pero no nos dice nada de condiciones específicas del ser y del poseer, la altura, la belleza o la herencia, por citar tres aspectos, y esto determina situaciones que dan lugar a un trato desigual, circunstancia que como recordé en el artículo anterior, no constituyen ninguna discriminación. Una pareja homosexual no es igual a una heterosexual en el sentido de que no tiene ni la capacidad reproductiva ni la complementariedad educativa del heterosexual. Tratar igual lo que es diferente sí resulta injusto y discriminatorio. Para el niño en primer término, pero también para las parejas heterosexuales a las cuales se darían las mismas atribuciones, pese a que las otros parejas no poseen la capacidad de engendrar y educar en la complementariedad.

Séptimo. Es absolutamente exacto que el padre tiene el hijo a título de haberse casado o conocido una mujer, no a título individual. Bajo este fundamento que la homosexualidad no aporta, se construye la sociedad. La adopción paternofilial (o la maternofilial) es una simulación legal paliativa. Por esta razón, de siempre el legislador ha restringido a casos muy particulares la adopción individual, y todavía más cuando no existía un vínculo familiar. Querer construir sobre esta excepción un precedente para generalizar la adopción homosexual, como lo justifica Rodríguez Zapatero, es una monstruosidad jurídica y humana. La adopción ha estado básicamente encomendada a matrimonios. Esta es la regla; el resto podan ser excepciones, en caso alguno norma.

Seguiremos.