Revista Autogestión 153 “Arraigados en lo humano, desafíos de la inteligencia artificial”

515

Inteligencia Artificial: una ola tecnológica contra los pobres

Asistimos a un desarrollo tecnológico con gran impacto en las sociedades donde una de las tecnologías fundamentales es la inteligencia artificial y todo el ecosistema tecnológico que la rodea.

Editorial

La aparición de las distintas plataformas ha mostrado a millones de usuarios la capacidad de la IA para ejecutar tareas cada vez más complejas. Su implantación, se ha estimado, afectará al 60 % de los empleos en los países más ricos. También se prevé que en tres años, el 90% de los contenidos de internet serán generados por IA. Datos significativos a tener en cuenta.

Descarga el extracto de la revista aquí

En el pasado número de la revista Autogestión señalamos el gran peligro que supone la asunción acrítica de estas tecnologías, y las corrientes que las acompañan, que pretenden minusvalorar, despreciar, someter y colonizar lo humano, para acrecentar el negocio y el poder de unos pocos. La implantación de estas tecnologías tienen algunas características con consecuencias políticas y sociales inmediatas e importantes: Son de uso general, evolucionan a velocidad de vértigo, tienen impacto desigual (asimétrico), no son neutras y cada vez más autónomas.

En primer lugar, son de uso general (universal), facilitando así el control social. Este uso va desde la biología (biométrica) más precisa de cada persona hasta la predicción de comportamientos por parte de los estados y los grandes emporios empresariales digitales. Negocio y control.

En segundo lugar evolucionan a una velocidad tan grande que las regulaciones políticas, con ritmos lentos, son incapaces de tomar la delantera o la iniciativa a una práctica imposición universal de estas tecnologías.

En tercer lugar su implantación es asimétrica, y deja a millones de descartados en las cunetas de la historia.

Usan a los empobrecidos para alimentar sus bases de datos y probar algoritmos con esclavos, se ensayan en zonas de guerra y violencia, a la par que fomentan la extensión de la cultura del ocio con las nuevas cadenas (juego, porno, plataformas on line..). Y sin embargo, como decimos, favorecen exponencialmente a unos pocos que se encuentran en la pirámide de los beneficios.

Tampoco son neutras en origen. Son financiadas por el capitalismo de la IA ”o capitalismo de vigilancia”. Algunos señalan que este nuevo orden mundial es similar al feudalismo, con siervos y señores. Y los señores se- rían, en este caso, media docena de grandes corporaciones norteamericanas y el Partido Comunista Chino (con su entramado empresarial).

Y gozan de cierta autonomía, los algoritmos evolucionan con las interacciones humanas, se alimentan de las distintas experiencias y generan su propia evolución y dinámicas. Pero, ¿Quién controla la caja negra de estas herramientas y evoluciones?

Ante esta situación no se pueden dar respuestas falsas. No es válido el largoplacismo, que consiste en poner el foco del debate en temas poco probados científicamente, que pertenecen más al terreno de la creencia (nueva fe tecnológica), mientras los temas importantes que ya suceden son obviados de la agenda política. Tampoco son válidas aquellas que reclaman sus derechos parciales de grupo o identidad. Nos referimos a las que hacen un énfasis posmoderno en las identidades fluidas, de grupo (poder) y altamente individualistas, y son fuertemente compatibles con la ideología neoliberal. Esta táctica es usada por muchas organizaciones que dicen poner en solfa a la IA y su entramado institucional, pero no quieren ver “el elefante en la habitación”.

Como denunció el Papa en el mensaje sobre la IA el pasado 1 de enero: “El ser humano, mortal por definición, pensando en sobrepasar todo límite gracias a la técnica, corre el riesgo, en la obsesión de querer controlarlo todo, de perder el control de sí mismo, y en la búsqueda de una libertad absoluta, de caer en la espiral de una dictadura tecnológica”

Hemos de decir que toda esta riqueza tecnológica ha sido y es, fruto del esfuerzo humano, donde los más pobres son los que más han puesto en las bases de este conocimiento. Es deber de justicia restituir lo robado, lo apropiado para unos pocos a costa de este esfuerzo y sacrificio de los más pobres. Y también es necesario que la gestión política de esta revolución sea puesta en las manos de aquellos que siguen siendo pisoteados por las distintas “olas tecnológicas”.

Apelamos también a la responsabilidad de las personas y asociaciones para hacer frente a esta situación. Y cómo no, a la responsabilidad de los técnicos, a su vocación profesional ligada a la vocación a la justicia, y su percepción y respuesta al entramado institucional que les rodea.