Ruanda: UE y EE.UU tienen como aliado a Paul Kagame, acusado de genocidio

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La candidata Victoree Ingabiri, pacifista y activista por la reconciliación de hutus y tutsis fue encarcelada por el presidente ruandés, Paul Kagame, el pasado mes de octubre acusada de terrorismo. Kagame implicado en la matanza de cientos de refugiados es uno de los mejores aliados de la UE y EE UU.

El régimen de Ruanda mantiene encarcelada a la opositora Victoree Ingabiri.

El día 14 de octubre, la candidata a las elecciones presidenciales Victoree Ingabiri, del partido Fuerzas Democráticas Unificadas de Ruanda, FDU-Inkingi, que sufría arresto domiciliario, fue encarcelada, torturada y acusada de colaboración con grupos terroristas. Una acusación habitualmente utilizada por el régimen ruandés de Paul Kagame para intimidar a cualquier opositor político.

Victoree Ingabiri, mujer pacifista y muy activa en la reconciliación entre hutus y tutsis, había llegado a Ruanda desde Holanda en enero pasado para participar en las elecciones de agosto de este año. Su primer gesto había sido la visita al memorial de Gisozi construido para recordar el genocidio contra los tutsis de 1994. Allí hizo un reconocimiento del mismo y habló de la necesidad de que se haga justicia contra los que lo perpetraron, pero también señaló que no sólo se debería juzgar este genocidio sino también el cometido contra los hutus, población mayoritaria en Ruanda.

Este comentario le llevó a un arresto domiciliario, pues afirmar que existió un genocidio contra los hutus está tipificado como delito de “denegación del genocidio contra los tutsis”. Es decir, se considera que afirmar la existencia del segundo rebaja de alguna forma la importancia del primero. A su partido, al igual que a otros dos partidos independientes: Partido Socialista-Imberakuri y el Partido Verde, le fue denegada la inscripción y, por lo tanto, no pudo participar en unas elecciones que lo mismo que las anteriores en Ruanda estuvieron marcadas por la intimidación y el fraude, según reconocieron los principales grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Right Watch.

Los otros candidatos independientes a las elecciones ruandesas, ya habían corrido parecida suerte, como Andre Kagwa vicepresidente del Partido Verde, quien fue asesinado, o el presidente del Partido Verde que también fue encarcelado y actualmente está hospitalizado tratando de salvar su vida. Los candidatos habían decidido meses antes arriesgar sus vidas y presentarse a las elecciones para dejar en evidencia la falta de democracia en Ruanda.

Su esperanza era que la comunidad internacional reaccionase y presionase al régimen ruandés, pues Ruanda, a pesar de la falta de democracia y de cualquier tipo de libertad, es el país africano más favorecido con créditos por la Unión Europea, Gran Bretaña o EE UU.

La UE en mayo de este año concedió Paul Kagame, presidente de Ruanda, préstamos por importe 73,8 millones de euros, a pesar de que otros países europeos, como Holanda o Suecia, ya hace un par de años le habían retirado sus ayudas, manifestando que su decisión se debía a las evidencias que indicaban que Ruanda financiaba a grupos terroristas que actuaban en el vecino Congo y que habían cometido masacres sobre población civil congoleña.

En este último mes, un informe de la ONU ha señalado la culpabilidad del régimen ruandés en el genocidio ocurrido contra los hutus en el Congo. Esto ya había sido juzgado por la Audiencia Nacional española que emitió en su momento 40 órdenes de arresto internacional contra altos cargos del actual régimen ruandés. La UE y otros países se debaten entre seguir ayudando a uno de los gobiernos más sanguinarios de la historia africana o bien criticarle y retirarle su ayuda. Esto último supondría la muerte de un régimen clave para garantizar el suministro de minerales estratégicos del subsuelo congoleño.

Actualmente, tanto el este del Congo, la zona de minerales, como la cúpula militar y administrativa congoleña dependen en gran medida del régimen ruandés y de los servicios secretos occidentales. La salida del informe de la ONU, se ha traducido en ciertas críticas hacia el Gobierno de Ruanda, Paul Kagame, por parte de países como Bélgica o EE UU que hasta ahora habían sido sus aliados más estrechos. Bélgica y Holanda, por ejemplo, han demandado la apertura del espacio político, mientras el Gobierno de Obama ha solicitado el cese en el saqueo de minerales congoleños.

La respuesta del presidente Kagame no se ha hecho esperar. En un discurso oficial dijo que “quienes me solicitan que cese en el saqueo son los mismos que han estado haciéndolo con nosotros durante todos estos años”. La caída de Paul Kagame, no será tan fácil como la ocurrida con otros dictadores africanos que fueron sustituidos cuando surgieron evidencias en los medios de comunicación de sus prácticas antidemocráticas. En este caso, el régimen ruandés durante 15 años se ha fortalecido considerablemente, y las riquezas acumuladas tras el expolio de los minerales del Congo le han servido para tejer una tupida red de relaciones internacionales con multinacionales mineras, periodistas de todos los espectros políticos, partidos políticos, e incluso, controlar desde medios de comunicación, hasta organizaciones de derechos humanos.