Un ‘engaño’, la condonación de la deuda de 17 naciones empobrecidas

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Calificada como «histórica» por el presidente del Banco Mundial, la iniciativa anunciada para condonar deuda de 17 naciones pobres, cuatro de ellas iberoamericanas, es en realidad un «engaño», a decir de Eric Toussaint, presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo.

El plan acordado por el Banco Mundial «es inadmisible porque refuerza la dominación que los acreedores imponen al planeta por intermedio de la deuda», expresó Toussaint. Para ser elegibles, los 17 países debieron pasar por un severo proceso de ajuste, que incluyó reducción de los presupuestos nacionales, privatización masiva de activos públicos, apertura de mercados y liberalización económica y financiera. «Se asentaron golpes muy duros a las condiciones de vida de la población pobre».

La anulación de la deuda a 17 de los países más pobres del planeta fue anunciada en Washington por el Banco Mundial. La medida, según el organismo, condonará pasivos por 37 mil millones de dólares a ese grupo de naciones, en un plazo de 40 años contados a partir del primero de julio de 2006.

Los países considerados son: Benín, Bolivia, Burkina Faso, Etiopía, Ghana, Guyana, Honduras, Madagascar, Malí, Mozambique, Nicaragua, Níger, Uganda, Ruanda, Senegal, Tanzania y Zambia. La cancelación de la deuda de países pobres altamente endeudados (PPAE) forma parte de una iniciativa impulsada desde hace una década por los organismos financieros multilaterales y relanzada en julio de 2005, en la cumbre del Grupo de los 8 (G-8) países más avanzados, realizada en Gleneagles, Escocia.

«Al contrario de lo que proclama el Banco Mundial, no hay nada nuevo en el acuerdo anunciado el martes pasado», expresó Toussaint. La decisión se limita a concretar tardíamente la que tomó el G-8 el año pasado, abundó.

«Además, en el curso de los últimos 10 años -desde que fue lanzada la iniciativa PPAE- el Banco Mundial no ha gastado más que 2. 600 millones de dólares para reducir la deuda de estos 17 países, a pesar de que posee fondos propios por más de 38 mil millones de dólares», agregó. «El Banco Mundial está lejos de haber realizado un esfuerzo financiero significativo, lo que no le impide año tras año proclamar una generosidad infundada y usurpada».

Lanzada en 1996, la iniciativa PPAE no ha llevado a una reducción significativa de los pasivos de las naciones a que está dirigida, en especial de las africanas. De aquel año a la fecha, la deuda de ese conjunto de países pasó de 218 mil millones a 205 mil millones de dólares, una reducción de apenas 6 por ciento en una década, de acuerdo con indicadores del propio Banco Mundial.

A pesar de que la mayor parte de estos países han aplicado las recetas económicas draconianas exigidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, el peso de la deuda sigue siendo presente.

Insistió en que para el Banco Mundial la deuda constituye una herramienta de dominación muy valiosa. «En efecto, para obtener esta anulación, los 17 países involucrados han tenido que cumplir las etapas de la iniciativa PPAE y realizar una auténtica travesía sembrada de obstáculos: Reducción drástica del presupuesto social, privatizaciones masivas, apertura de los mercados, liberalización de la economía para mayor beneficio de las sociedades multinacionales y de los inversionistas internacionales», aseguró.

Toussaint consideró que el anuncio del Banco Mundial es «inadecuado e inadmisible». Inadecuada, aseguró, porque no concierne más que a un reducido número de países, 17, que representan menos de 5 por ciento de la población de 165 naciones llamadas en desarrollo; inadmisible porque refuerza la dominación que los acreedores imponen al planeta entero por intermedio de la deuda, aseveró.

«El doctor Banco Mundial finge recetar estrategias de reducción de la pobreza, que en los hechos son unas magras sumas espolvoreadas sobre algunos escasos proyectos sociales, mientras oculta los graves efectos secundarios: en países donde más de 40 por ciento del presupuesto público se dedica al pago de la deuda, prohíbe a los gobiernos reclutar y formar un número suficiente de maestros, de enfermeros, de médicos, en nombre de sacrosantos principios, tales como la reducción de la función pública y el equilibrio presupuestario».

Fuente: La Jornada en Internet