Yo fui un niño soldado

2055

«Nos adiestraban para disparar apuntando al corazón. Yo no veía a nuestros enemigos como a hombres, sino como si fueran perros. Sólo quería matarles.»
Se estima que hay cerca de 300.000 niños soldado en todo el mundo, aunque no hay registro ni estadísticas. Un 40% de ellos serían niñas, destinadas en su mayoría a la esclavitud sexual

Miguel, nos explica la génesis que, dos años más tarde, le llevaría a empuñar su arma y vestir el uniforme de camuflaje de los Grupos de Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Perseveró para ser admitido, hasta que el «comandante» le dio la oportunidad de hacer el entrenamiento y quedarse con ellos si lo superaba. Cada año, catorce mil menores son reclutados en su país –unos, embaucados; otros, raptados y algunos, empujados por sus familias– para las distintas actividades de los mercenarios, bandas emergentes o grupos de narcos.

Al final, acaban haciendo misiones de inteligencia, colocan minas antipersona, se convierten en francotiradores, combatientes, informantes, porteadores, esclavos sexuales, mano de obra para la siembra de cultivos del narcotráfico… Las cifras son desoladoras: una mortalidad infantil que asciende a 20.000 niños por año.

Máquinas de matar

«Nos adiestraban para disparar apuntando al corazón. Yo no veía a nuestros enemigos como a hombres, sino como si fueran perros. Sólo quería matarles», cuenta Manuel, colombiano y ex niño soldado. Reclutar a estos pequeños tiene sentido: resultan ser los soldados perfectos. «Van de frente, luchan con denuedo, son fácilmente aleccionables, aprenden rápido, no discuten órdenes, no cuestionan nada y son infatigables.

Son verdaderas máquinas de matar». Según datos de un informe del Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza del Comité de Derechos Humanos, en Colombia el 25% de los niños combatientes ha visto un secuestro, el 13% ha participado en uno, casi el 18% reconoce que ha matado, el 60% ha visto matar, el 40 % ha disparado contra alguien…

No pocos afectados han sido obligados a beber sangre humana, en algunos casos mezclada con pólvora, para «conquistar el miedo». Desde hace cuatro años, el conflicto en ese país latinoamericano ha mutado y ahora se puede encontrar a esos niños en estructuras intermedias, haciendo labores de inteligencia para el narcotráfico.

«Mi primera misión –prosigue Miguel– fue una emboscada donde vi morir a uno de los compañeros de entrenamiento. Después llegaron muchos combates, a cual más duro. Una de las experiencias más espantosas fue contra las FARC. Tuvimos que rajar y extraer las vísceras de ocho cadáveres, para dejar los restos esparcidos por el camino y que todo el mundo pudiese verlas como mensaje intimidatorio». Se estima que hay cerca de 300.000 niños soldado en todo el mundo, aunque no hay registro ni estadísticas. Un 40% de ellos serían niñas, destinadas en su mayoría a la esclavitud sexual. En Uganda hay testimonios de menores que son asignadas como «novias» para distintos mandos. Las violan, las obligan a abortar, a prostituirse e incluso las mutilan sexualmente.

Fuente:La Razón