Otra vez instrumentalizando a la escuela para un “proyecto político” nacionalista

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La esfera pública en Cataluña, conformada en gran medida por la Escuela estatal,  ha sido ocupada y monopolizada por el nacionalismo

La historia del sistema educativo ha ido ligada a la historia del nacimiento y consolidación de los Estados- nación. La Escuela pertenece, por si alguien aún lo dudaba, a la esfera política. Lo que no quiere decir que trabaje sólo para ella. En la historia de España, instrumentalizar la Escuela como ámbito de lucha política no es nuevo. La impronta que le han dado tanto los regímenes políticos dominantes como los “gobiernos” ha sido dramática.

El episodio de la represión-depuración que sufrió la enseñanza tras la II República española y la posterior escuela nacionalcatólica es un ejemplo claro. Pero, tras la transición a la democracia formal, la sucesión de Leyes Orgánicas de Educación no ha acabado en absoluto con éste maridaje. La instrumentalización de la Escuela al servicio de determinados proyectos político-ideológicos es un hecho.  Sin olvidar que hoy, las directrices de cualquier reforma educativa ya no proceden de los Estados nación, sino de organismos supranacionales que tampoco son inicuos en cuanto a planteamientos político-ideológicos.

“La instrumentalización de la Escuela al servicio de determinados proyectos político-ideológicos es un hecho.  Sin olvidar que hoy, las directrices de cualquier reforma educativa ya no proceden de los Estados nación, sino de organismos supranacionales que tampoco son inicuos en cuanto a planteamientos político-ideológicos”

El sistema escolar catalán también ha sido instrumentalizado. Lo nuevo es que dentro de un Estado-nación democrático se haya puesto un subsistema educativo territorial al servicio de un proyecto alternativo y secesionista de una nación sin Estado. Hay que ser muy ciegos y muy ignorantes para pensar que en todo este proceso secesionista, planificado, no ha tenido nada que ver el papel de la Escuela en Cataluña, que es la que ahora nos ocupa.

Los hechos, llegados al “referéndum 1-O” no hacen más que corroborar una sucesión de intervenciones ante las que no cabe aducir inconsciencia. Durante años vimos senyeras sin rojigualdas y, cada vez más, esteladas en las escuelas; el 1-O vimos a la comunidad educativa ocuparlas por el procés, contra la ley y la justicia que, si has aceptado las reglas del Estado de Derecho vigente, no tienes derecho a romper unilateralmente. Después, movilizaciones contra la actuación gubernamental y acoso a hijos de servidores públicos, provocados por profesores. Sigue y seguirá habiendo un reguero de denuncias de manipulación ideológica.

Aquí van algunos de los componentes más significativos de esta instrumentalización:

La lengua materna.

El castellano es actualmente la lengua más hablada de Cataluña, aunque con importantes diferencias entre áreas rurales y urbanas e incluso entre barrios de la misma ciudad. Lo entiende el 99,0 % de la población de Cataluña, lo sabe hablar el 96,4 %, lo sabe leer el 91,4 % y lo sabe escribir el 88,8 %. El catalán lo entiende el 94,3%, lo sabe hablar el 80,4%, lo sabe leer el 82,4% y lo sabe escribir el 60,4%, según la “Encuesta de usos lingüísticos de la población” realizada por el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el Institut d’Estadística de Catalunya (Idescat).

Según este mismo informe, la lengua habitual de más de 3,2 millones de catalanes es el castellano, frente a 2,3 millones en que es el catalán. Además en un medio millón es ambas lenguas y en el resto (hasta los 7,4 millones que es la población actual de Cataluña) otros diversos idiomas (dado que la población de extranjeros es del 15 % del total).

Pero es más, en el área metropolitana de Barcelona (donde se concentra más de la mitad de la población de Cataluña) el porcentaje de uso habitual del catalán es del 27,8%. O sea, solo uno de cada cuatro habitantes en la zona más poblada de Cataluña lo utilizan como idioma habitual, diferente al 63% en Comarcas Centrales, 61,9% de Comarcas de Poniente, 61,3% del Alto Pirineo, 51,5% de Comarcas gerundenses o 35,5% del Penedés, por ejemplo.

Con este panorama pluricultural, plurilingüístico y propio de la diversidad, la Generalidad de Cataluña ha llevado a cabo una labor de fomento y potenciación del uso del catalán como lengua prioritaria en Cataluña desde hace décadas. Y desde hace décadas la Secretaría de Política Lingüística de la Generalidad cuenta con cientos de millones de euros anuales, haciendo de este punto uno de los ejes prioritarios del gobierno, relegando el castellano en la educación y administración hasta extremos insospechables. La escuela ha sido el instrumento fundamental para esta labor aunque ni mucho menos el único.

Entre las medidas adoptadas para potenciar el catalán está instar a los inmigrantes a aprender al menos el catalán para regularizarse, hacer que la única lengua vehicular en la educación en todos los niveles y modalidades sea el catalán (con solo dos horas de castellano a la semana), publicar todos los medios de comunicación públicos de Cataluña sólo en catalán, o no traducir al castellano las facturas (luz, teléfono, etc.) y webs de servicios públicos oficiales, tales como la página web de la policía autonómica catalana. Actualmente, el 26 % de los ayuntamientos de Cataluña tiene su web traducida al español y más del 74% la tiene en catalán y otros idiomas, pero no en castellano.

Actualmente, el 26 % de los ayuntamientos de Cataluña tiene su web traducida al español y más del 74% la tiene en catalán y otros idiomas, pero no en castellano.

La lengua materna, que para la mayoría era y es el castellano, ha dejado de ser vehicular y, en las comunicaciones, ha sido reducida a asistencial. ¿No del todo? No, claro, sólo todo lo posible y, mañana, más. La coartada: el catalán, en desventaja en la calle, necesita compensación, y la inmersión facilita la cohesión social. La realidad es que el castellanohablante se ve en desventaja, como cualquier grupo separado de su lengua materna; y se envía un mensaje: el castellano es tan ajeno como el inglés (sólo que este lo hablan los ricos y, aquel, los pobres).

Programas y textos.

Llevamos años con mapas de los Països, Ferrán I de Catalunya-Aragó, la guerra de Secesión, la guerra civil contra Cataluña, etcétera, en libros y muros (el franquismo no fue más grotesco). Lo corroboran ya algunos informes. El sindicato catalán de profesores Acció per a la Millora de l’Ensenyament Secundari (AMES) ha elaborado un informe en el que denuncia «planteamientos ideológicos partidistas y tendenciosos» en los libros de Ciencias Sociales de 5º y 6º de Primaria de las siete principales editoriales que se distribuyen en Cataluña. Tras revisar 19 libros de «Conocimiento del medio» de 5º y 6º de Primaria de los alumnos catalanes de 10 y 12 años, «en muchos de ellos se han detectado planteamientos ideológicos que sólo defienden determinados partidos políticos, que lo hacen aunque no sean planteamientos acordes con nuestra Constitución», afirma el informe, que señala hasta 71 enunciados como poco polémicos. Eso por no hablar de los mitos y mentiras que forman parte del relato “nacionalista” y que tantas veces se han encargado numerosos historiadores de desmontar siendo, cómo no, acusados de estar vendidos al nacionalismo español.

Lo grave es el tupido velo, la voluntad de ocultar en unos y de no saber en otros. Y no sólo en el ámbito de la historia. Lo peor es esa legitimación que envuelve la secesión en otras capas de manipulación: autodeterminación, referéndum, urnas, libertad de expresión, diálogo, no violencia…, son valores que se vuelven más ambiguos y difusos en cada nueva ronda en que se emplean.

Lo peor es esa legitimación que envuelve la secesión en otras capas de manipulación: autodeterminación, referéndum, urnas, libertad de expresión, diálogo, no violencia…, son valores que se vuelven más ambiguos y difusos en cada nueva ronda en que se emplean.

Cuando determinados contenidos transmitidos están sometidos, como poco, a diversas interpretaciones que además generan fuertes polémicas, lo honesto es, en la transmisión, señalarlas. Pero cuando se transmiten en la institución escolar con presunta objetividad, constituyen, sin duda alguna, una manipulación.

Y los profesores que transmiten también son cómplices.

¿Es congénito el nacionalismo en el profesorado? Incontables regímenes y Gobiernos lo han querido, pero el nacionalismo español fue dinamitado por el franquismo, que nos escarmentó para decenios, mientras que los periféricos salieron impolutos, absueltos de su oscuro pasado y beatificados.

Sondeos electorales y elecciones sindicales indican que el profesorado es más nacionalista que el común, o que lo es en mayor proporción. Tal vez todos los entregados a alguna causa tengan mayor inclinación a la docencia, que asegura un público cautivo y bien dispuesto; o puede que vaya en el sueldo, pues las comunidades han aliviado al profesorado de la movilidad geográfica y la inmersión ha dado al de Cataluña, aspirantes incluidos, ventajas competitivas en ella sin merma de oportunidades en el resto (su movilidad entrante es menos del 1% frente al 7% medio).

Quedan las familias.

Al igual que en otros ámbitos, determinadas asociaciones de padres se arrogan la representatividad de todas las familias. Es el caso de La Fapac, que escenificó con la comunidad educativa la entrega simbólica de las llaves a Puigdemont y aportó infantería para abrirlos (y para las fotos).

Más de la mitad de las familias sin embargo, como hemos comentado, tienen por lengua habitual (y por lo tanto, en su cultura esencial) el castellano. Tres cuartas partes de las familias prefieren un bilingüismo vehicular. Pero la Fapac sólo habla catalán y nunca se mostrado equidistante del procés, siempre favorable.

Por la inmigración interior (jóvenes) y exterior (hispanoamericana), el castellano es más frecuente entre las familias con hijos en la escuela (familias más pobres por cierto), y esta es la primera institución con que muchas entran en contacto. Esto sería una razón de más para el bilingüismo (o trilingüismo si se quiere) , es decir, para una inculturación no excluyente sino más solidaria.

En conclusión

Más allá de las buenas intenciones, los indudables esfuerzos y la innegable voluntad de compromiso de muchos profesores, lo cierto es que el sistema escolar en Cataluña está premeditadamente instrumentalizado al servicio de un proyecto ideológico- político. Probablemente tanto como lo pueda estar el resto del sistema educativo en el Estado español. Sin olvidar que muchas de las competencias en esta materia están transferidas a las Comunidades Autónomas.

Lo cierto es, también, que en este país no hemos conseguido aún el tan cacareado “pacto de estado” para la enseñanza. ¿Y no serán los “nacionalismos” excluyentes y demás de deseos, más o menos velados de cuotas de poder político- ideológicos de uno y otro signo, los que lo impiden? Queda mucho que recorrer para que la Escuela sea verdaderamente pública (no estatal, aunque pueda ser coordinada por el Estado), al servicio del bien común, solidaria, compensatoria de las desigualdades sociales y autogestionaria.

Manuel Alcocer

 

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